martes, 25 de marzo de 2014

Érase una vez... Orejuelas de Oji


Un dolor de rodilla me llevó a la consulta de Yolanda y Marta, un par de fisioterapeutas maravillosas, de las vocacionales, de las que intentan ayudar y solucionar el problema con todos los medios a su alcance y si no están a su alcance se estiran mucho para alcanzarlos. La fisioterapia y su consulta me llevaron a ésta receta.

Todas las mañanas mientras Yolanda nos arreglaba los desperfectos (los que están dentro de su ámbito profesional, hay algunos imposibles de apañar…) los pacientes nos dedicamos a charlar sobre cualquier tema y ¡¡cómo no!! salió el tema del blog con Rosario. Por ella me lancé a abrir el blog, llevaba mucho tiempo preparando recetas, borradores y fotos, pero nunca terminaba de decidirme. Rosi se convirtió en el cuarto miembro de “Cuentos de sal y pimienta” y para que ella pudiera entrar puse en marcha el “¿Quieres ser cuentista?” Una vez puesto eso no me quedó más remedio que colgar la primera receta.

Una mañana de la última semana de febrero me pidió una receta típica de carnaval en Palencia, por lo visto su marido se la pedía y nunca la había preparado. Ese Carnaval quería hacerla y al saber que tenía el blog me preguntó por ella. Busqué en Internet varias recetas y conseguí una bastante apetecible, la imprimí y se la llevé al día siguiente.

Y lo que son las cosas de la vida. Hablando con mi amiga Pepito (Mariajo para el resto del mundo) sobre la rodilla, la fisio y las mañanas en la consulta, surgió el tema de las orejuelas. “¡Andaaaaa! Esa receta es de Palencia, mi padre la prepara una vez al año, no sé para qué fecha típica. Es el único plato que sabe hacer y lo único que cocina en casa, las orejuelas en mi casa SIEMPRE  las prepara él.”

De manera que pedí a Rosario que no hiciera las de la receta que había sacado de Internet. 

Primero iba a probar la receta de Oji (Eulogio para el resto del mundo). Lo de Oji no sé si es un diminutivo del nombre o si lo llaman así por sus ojitos simpáticos y pizpiretas, los ojitos que enamoraron a Toñi (María Antonia para nadie del resto del mundo). El caso... le dije a Rosi que las quería hacer yo primero, si me quedaban buenas ya teníamos la receta que debía ir en “Cuentos de sal y pimienta”. Una receta “no buscada en Internet”, una receta familiar y en este caso muy cercana a mí.

No os hacéis una idea de la ilusión que me hizo, no me gustaba tener que escribir un cuento con una receta buscada en Internet, que no me hubiera llegado con una historia familiar. Pepito lleva años queriendo pedir la receta a su padre y nunca encontraba el momento. Ahora entiendo por qué. El momento tenía que ser éste, el que hiciera que todo fuera especial.

Antes de escribir la receta haré una pequeña anotación:
El día que escribí el cuento y viendo que había juego con el tema de los nombres y los diminutivos, buscando un chiste gracioso para su madre a la que todos llamamos Toñi, llamé a Pepito (Mariajo para el resto del mundo) y le pregunté:
Pepito, ¿Cómo puedo llamar a tu madre?
Y me contestó: Por teléfono, aunque ahora es posible que no esté en casa.
Todavía me duele la tripa de la panzada de reír que me pegué.


De la despensa:



2 huevos.
½ vaso de anís.
2 cucharadas de azúcar.
Harina, la que pida la masa (rondará los 400gr).
Aceite de oliva .

Manos a la obra:
1. Se baten los huevos.
2. Echamos el azúcar y volvemos a batir.
3. Añadimos el anís y removemos todo.
4. Vamos añadiendo y mezclando la harina hasta que quede una masa que se pueda moldear. Dejar reposar 2 horas.
5. Echar un poco de aceite en la encimera y untar el rodillo.
6. Estirar la masa hasta dejarla muy fina, de unos 2mm de grosor.
7. Cortar en rectángulos y freír en abundante aceite de oliva muy caliente.
8. Espolvorear azúcar según las vayamos sacando de la sartén (o miel, según los gustos).

Moraleja: Durante muchos años Oji no usó rodillo porque no tenía, utilizaba una botella de cristal a la que quitó la etiqueta (un detalle para no comer trocitos de papel con la orejuela) ¡¡¡Os daré un último consejo… evitad la botella de anís!!!. (la del mono está llena de agujeritos y no hace falta describir la que podéis liar).
Y una anotación más, Oji no echa casi azúcar en la masa. Yo las he hecho de las dos maneras y me gustan más con una cucharada de azúcar por huevo. ¡¡A gusto del consumidor!!

Y colorín, colorado, ésta receta se ha acabado

sábado, 22 de marzo de 2014

Érase una vez... Vuestras tortitas

Me gusta que os animéis a preparar las recetas del blog y me encanta que enviéis fotos de ellas para que todos podamos ver el resultado de vuestras peripecias en la cocina.

En los comentarios las fotos no cargan, hay que poner un enlace y luego copiar/pegar en google, para ello hay que subir la foto a un programa de imágenes y así sale el enlace que.... un rollo, lo mío no es la informática y me pierdo hasta para escribirlo.

Por todo eso y porque supongo que os puede pasar a alguno más, he decidido hacer yo los corta/pega y una vez descargada la foto prepararé una entrada como ésta con los resultados. También podéis enviar las fotos por correo electrónico a cuentosdesalypimienta@gmail.com, whatsapp o lo que os resulte más cómodo y yo iré actualizando las entradas con ellas.

Os diré que para mí es absolutamente maravilloso que escribáis comentarios (hacedlo), saber que hacéis las recetas hace que se me hinche el pecho como el de un palomo y si encima hacéis fotos y me las enviáis... entonces os van a llegar las plumas... 

Mi intención siempre fue haceros partícipes a todos, por eso escribo los cuentos, para que no sea solo poner una receta más o menos rica, para eso ya hay muchísimos blogs de cocina hechos por cocineros infinitamente mejores que yo y con recetas deliciosas. Mi intención con "Cuentos de sal y pimienta" es la de recordar trocitos de mi vida y de las personas que hacen que mi vida sea mi vida.

Y ya está bien de cuentos, ahí van las fotos....

Gelete preparó con su retoño muchas tortitas y el coulis... dice que de sabor estaban maravillosas y que el coulis es espectacular, creo que al día siguiente lo preparó CON UN KILO DE FRESAS, así lo puede echar en los yogures (si son griegos... queda maravilloso), en las tostadas, en los espaguetis. Sus peripecias en la cocina están dando sus primeros frutos.



Sara las hizo ayer para merendar, he aquí mi artista y repostera a seguir. Unas tortitas de libro.

Hugo, su hijo mayor dijo que estaban MARAVILLOSAS, un ejemplo de lo fácil que es preparlas, es que solo tenía dos huevos en casa y pasó de echar el tercero y salieron así. Coincido con Hugo en el adjetivo MARAVILLOSARA



















Y ahora van las últimas fotos que tengo de las tortitas.

Las he dejado para el último lugar para que podáis deleitaros con ellas, para que no tengáis la presión de verlas rápido y poder pasar a las siguientes.

Vaya por delante que mi hermano cocina muy bien y que Sonia... Sonia es una cocinera absolutamente excepcional. Dentro de muy poco podréis leer un cuento con una de sus recetas y no será la primera.

Un día os contaré el método que tiene mi hermano para preparar un sandwich y os recordaré ésta entrada, así comprenderéis mi sorpresa al saber qué sartén utilizó para preparar las tortitas. Una sartén de estrella. 
QUEDA TERMINANTEMENTE PROHIBIDO EL USO DE ESA SARTÉN PARA HACER TORTITAS. 
Aquí os pongo los resultados de ello. 





Sorprendentes... ¿EH?

Gracias a todos, me lo estoy pasando genial. 

Y colorín, colorado, de momento las fotos se han acabado.

No se habían acabado... tengo claro que todas las fotos deben estar aquí, para que podamos verlas y no se pierdan, entre todos vamos a ir escribiendo "Cuentos de sal y pimienta".
Sara me dijo que a su hijo Hugo le había encantado verse en el blog y que le había hecho mucha ilusión ver las tortitas que habían preparado.

Hoy las ha preparado Silvia, y lo que son las cosas del mundo bloguero... Silvia y yo trabajamos juntas muchos años, hace otros muchísmos más. Ahora tiene dos hijos y me siento muy orgullosa de haber puesto el primer granito de arena para que eso sea posible.

Sus peques han quedado encantados y ella pone como nota sabor "excepcional" ... eso sí... ha puesto todas las cantidades correctas :))

¡¡Y el coulis!! Aunque reconoce que ella se lo ha bebido (igualito que una servidora)




Y las tortitas siguen llegando, ésta vez han viajado desde muy lejos...desde Marbella.
Las ha preparado Mayo y aunque hasta ahora las preparaba con la Thermomix... ha decidido pasarse a ésta receta, ¡¡¡¡¡porque no se ensucia nada y están muy ricas!!!!!! 

Vamos a convertirnos en adictos a estas tortitas.

Quiero que conste en acta que Mayo colecciona erizos... a ver quién es el primero en encontrarlo en su foto, una pista: Se está comiendo la tortita.



¡¡¡¡¡ PERO BUENO....!!!! Esa es Inés, el erizo está en la foto de arriba, sí, sí... ya sé que ambos tienen una cara preciosa y simpática, pero Inés tiene el pelo muuuuuy lisito y el erizo está despeinado, no debéis confundirlos....


Y colorín, colorado, de momento las fotos se han acabado.

martes, 18 de marzo de 2014

Érase una vez... Arroz al horno




El arroz en mi casa siempre se sirve con el mismo acompañamiento, un comentario de mi madre: “No sé qué tal me habrá salido, porque ya sabéis que no tengo mano para el arroz”.

Y eso es mentira, mentira cochina, mi madre SIEMPRE prepara un arroz riquísimo, eso sí… no tiene un nombre específico en plan “paella mixta” “paella” “arroz a banda” “arroz con costra”… Es arroz a “su estilo libre” una veces con marisco, otras con pollo, con conejo, con costilla, con mezcla de dos, es un arroz “a lo que tengo en el frigorífico”. Y ese es el arroz de mi vida, con el que he crecido.

Hace unos años, ya estaba yo por encima de los treinta,  fui con un grupo de amigos a una arrocería estupenda y probé por primera vez “arroz al horno”. Sinceramente, yo no sabía ni que existía eso y me quedé “pasmá”  con lo delicioso que estaba. Servido con un recipiente de all i oli casero para el que quisiera poner un poco.
Y allí estaba yo, buscando sabores y anotando ingredientes de cabeza para poder hacerlo en casa.

Ya sabéis que lo mío son los cuentos, no sólo las recetas y por eso os contaré que una vez me fui a pasar un fin de semana a Portugal a comer bacalao (que no me gusta). De camino, hicimos noche en Zamora y pasé un día en Pereruela, viendo el barro con arcilla refractaria natural, los hornos, las cazuelas… y me enamoré de esa maravilla.

También os diré que tengo una cabaña pasiega en medio de la nada, pegada al río y me empeñé en instalar fuera de la cabaña un horno de leña de Pereruela, me lo tuvieron que traer cruzando media España en un remolque, tuvimos que bajarlo “a peso (500 kilitos)” por el camino de cabras embarrado y en pendiente que va desde la carretera a la zona en la quería instalarlo y por supuesto QUISE ESTRENARLO A LO GRANDE. Invité a unos amigos a pasar un fin de semana y me dispuse a jugármela con el arroz al horno, AL HORNO DE LEÑA.

Y después de esa primera vez…. Lo he repetido con cada visita nueva que no lo ha comido, la mayoría cuando vuelve me pide que lo haga de nuevo, debe ser que está bueno!!!

Que me perdonen los puristas de los arroces, lo hago a mi manera con los ingredientes que identifiqué en la arrocería y como me sale bueno…repito siempre la misma receta.

De la despensa:



Arroz bomba (entre 80 y 100gr por persona)
Caldo de carne/pollo (Es un arroz seco por lo que la cantidad de caldo que debemos usar es exactamente el doble que la de arroz).
1 Pimiento rojo hermoso
1 Pimiento verde italiano.
1 cebolla.
1 cabeza de ajos.
Panceta o 2 filetes de lomo de cerdo (adobados o frescos).
Dos chorizos para cocinar.
Media morcilla de arroz.
1 puñado de garbanzos cocidos (yo uso de bote bien enjuagados).
Sal.
Aceite de oliva virgen.

Manos a la obra:
El caldo hay que echarlo hirviendo, por lo que habrá que ponerlo a calentar mientras llevamos a cabo el resto de los pasos.

El horno debe estar caliente a 200º calor arriba y abajo. Sin ventilador.

1. Cubrir la base de la paella con aceite.

2. Echar las verduras picadas en trozos no demasiado grandes y sofreír con un poquito de sal para que suelten sus jugos a fuego medio.

3.  Añadir el chorizo cortado en rodajas de 1 cm. de grosor y dejar que se haga con las verduras, soltará su grasita e impregnará con su sabor las verduras. Cuando empiece a soltar su aceite, echar la panceta (o los filetes de lomo) cortada en tiras.

4. Echar el arroz sobre todo lo que tenemos cocinándose y dar unas vueltas con la cuchara de madera hasta que pierda la opacidad y se quede un poco translucido.

5. Echar el caldo hirviendo en la paella con todos los ingredientes. Con la cuchara de madera mover un poco para que se organicen los ingrediente

6. Es muy importante que el caldo no pierda mucha temperatura antes de meterlo en el horno, por lo que conviene no entretenerse media vida en éste paso. Tenemos que colocar la cabeza de ajos cortada por la mitad en el centro de la paella, 4 ó 5 rodajas de morcilla en forma circular (como si fueran los números de un reloj) y echar los garbanzos repartidos por encima. Meter todo en el horno 20 minutos.

Ésta es la pinta que tendrá cuando saquéis la paella del horno...



Y colorín, colorado, ésta receta se ha acabado...


jueves, 13 de marzo de 2014

Érase una vez... Las tortitas perfectas



Lo prometido es deuda, la receta de hoy es la compañera del coulis de fresa que hicimos el lunes.

Hija de Cuentacuetos… Cuentista.
De tal palo… tal astilla.
Fill de pato… patet.
Dime con quién andas… y te diré quién eres.
Perro ladrador… poco mordedor. ¡¡Ay no, ese no tiene nada que ver!!

Ya podéis imaginar que paso muchas horas en la cocina, cuando salgo de ella suelo leer libros y revistas de cocina, en la tele veo Canal Cocina y cuando voy por la calle… lo habéis adivinado, no me veréis parar en un escaparate de bolsos.

De hija Cuentista… hijo minichef.

A mi pequeño le encanta cacerolear conmigo, he tenido que oír salir de su boca (de 6 años) perlas tipo “mami, hoy voy a crear un plato” esa creación fue poner salsa en un plato para mojar patatas fritas, pero su vocabulario indica que debe dejar de ver programas tipo Masterchef.

Cerca de casa tenemos una ludetoca estupenda llamada "El río de la Pila", en la que los niños disfrutan muchísimo y muchas tardes se realizan talleres infantiles de los más divertido. Hace poco prepararon uno de cocina con el nombre de “Merienda de muffins de chocolate y tortitas”.

Si mi padre me ve usar la palabra “muffins” me deshereda ya que en mi casa solemos utilizar una palabra que muchos han olvidado MAGDALENA, el tema de los anglicismos es de los picajosos en casa, mi padre no logra comprender el motivo por el que un nombre como “Sean Connery” se puede pronunciar “SHIN” “SHON” o “SHAN” dependiendo del presentador o locutor que esté hablando. Mi madre por su lado no ha superado el trauma al enterarse de que uno de los considerados mejores escritores de la historia, un tal "Chespi”  fuera en realidad “Shakespeare” de quien había leído varias obras. Por lo que al final en casa las palabras se leen como se escriben, es decir Hollywood es ollibood

Y allá que nos plantamos una tarde Patri, Soraya, Marino y yo, con nuestros minichefs. Los muffins estaban ricos. Pero las tortitas merecen el título de ESPECTACULARES, una receta increíblemente fácil y con la que no fallará nadie. Lo habitual es preparar las tortitas con leche y azúcar, la receta que os traigo está hecha con leche condensada y agua.

Por favor, hacedlas. No será la última vez que merendaréis estas tortitas, si tenéis peques en casa van a disfrutar de lo lindo con ellas, os las pedirán muchos días.

De la despensa:




200 ml. de leche condensada.
200 ml. de agua.
200 gr. de harina.
3 huevos.
3 cucharaditas de levadura en polvo tipo Royal.
1 cucharada sopera de aceite.
Mantequilla para manchar la sartén y cocinarlas.

Manos a la obra:
1. Diluir la leche condensada en el agua. Reservar.
2. Batir los huevos y añadirlos a la mezcla de la leche condensada junto con la cucharada de aceite.
3. Añadir la harina y la levadura.
4. Mezclar bien y dejar reposar 30 minutos.
5. Calentar la sartén con un poquito de mantequilla y echar un cacito de la mezcla. Dorar por ambos lados.

Moraleja: Es tan difícil confundirse con estas tortitas que las he preparado ésta semana, como sale mucha cantidad decidí hacer la mitad de los ingredientes. 
Lo primero que hice fue mezclar la leche con el agua. Sonó el teléfono. Cuando colgué ya no recordaba que estaba haciendo la mitad de la mezcla y puse TODA LA CANTIDAD DE HARINA, LEVADURA Y HUEVO. Tuve la sensación de que me habían quedado un poco más densas y menos dulces de lo habitual, pero como había mucho... preparé unas pocas en un "tupper" (recipiente con tapa para mis padres) y se lo llevé a Pablo y Silvia (mis amigos de patio) para que las repartieran con sus peques y me dijeron que estaban muuuuy ricas. 
Por lo que ya veis, hacedlas sin miedo a equivocaros, ¡¡OS VAN A QUEDAR BIEN!!

Y colorín, colorado, ésta receta se ha acabado



martes, 11 de marzo de 2014

Érase una vez... De marzo



Con la receta de ayer tuve que lanzarme al mercado a comprar las fresas por la mañana y pensando en ello he caído en un detalle: La fresa es una fruta de temporada.

Mi madre es doña ahorrillos e intentó inculcarnos (sin verdadero éxito en todo) su manera de pensar, comprar bien es pagar lo mínimo posible por los mejores sabores. Para ello el mejor truco es elegir los alimentos de temporada, es en ese momento cuando todo tiene el sabor que debe tener porque están en su apogeo y además pagamos menos porque HAY EN EL MERCADO.

Me encantan las cerezas, en diciembre es mi cumpleaños y en una tiendecita "gourmet-pija-de mi barrio" vi unas cerezas gordas, oscurísimas, brillantes, preciosas y SOLO me pedían 24 € por la tarrina.

¡Mi sueldo del mes por una tarrina de cerezas!

Por supuesto no las compré, es muy probable que esas cerezas hayan venido en barco de vetetúasaberdonde, guardadas y mantenidas a temperaturas controladas para que no se pongan feas, lo mismo las han pintado en una escuela de Bellas Artes para que tengan buen color... yo que sé. El caso es que las cerezas del Jerte no son en diciembre.

Tenemos que aprovechar su momento de maduración perfecto. Lo mismo podemos aplicar a verduras, hortalizas y pescados.

Hoy os he preparado una lista de la huerta, otro día os prepararé los pescados. Lo prometo.

De la frutería:
Fresas y fresones                                        
Limones                                                    
Kiwis
Naranjas
Peras de agua
Plátanos
Pomelos

De la verdulería:
Acelgas
Alcachofas
Apio
Calabaza
Calabacín
Cebolla
Cebolletas
Coles de bruselas
Coliflor
Endivias
Espárragos trigueros
Guisantes
Habas
Judías verdes
Lechugas
Lombarda
Pimientos verdes
Puerros
Remolacha
Repollo
Tomates
Zanahoria


lunes, 10 de marzo de 2014

Érase una vez... Coulis de fresa


El cuento de hoy no es sobre la receta, es sobre el ingrediente de la receta: Una fresa.

Hace años, cuando me vine a vivir a Cantabria, quise hacer un huerto en un trocito de prado que tengo en mi cabaña, en el valle del Pas. De hortelana se podría decir que no ejercí mucho en Madrid, mi experiencia con las tareas sobre preparar la tierra, plantar, abonar y recolectar eran más bien escasas.

Mi madre siempre dice que soy una ilusa y haciendo gala de ello y para no quitarle razón… decidí ponerme manos a la obra.
Como gran profesional del sector, compré plantas de fresa en un vivero, muy amablemente me explicaron (al ver con quien estaban tratando), que convenía poner un plástico negro sobre el terreno y hacer un agujero para cada plantita.

“Como ya sabrá usted… se hace para aislar, evitar el crecimiento y salida de malas hierbas y como hay muchas babosas se evita en parte que se coman las plantas”.

Y allí me planté, con mis guantes de florecitas, mi cesta con ribete verde, mi plástico negro y mis plantitas de fresas. Creo que los pasiegos que pasaron por allí todavía deben estar a carcajadas.
Pasé una tarde estupenda saboreando mentalmente mis fresas, orgullosísima de poder comer unas fresas con sabor a fresas, sin tratar, sin nevera….

Ni una, no pude comer ni una.

Supongo que conseguí evitar a la temida babosa, pero la hortelana del cuento vive en Santander, va a la cabaña los fines de semana que puede y no pensó en los pájaros, topos, ardillas, cabras, vacas y demás bichos que pasean a sus anchas por allí de lunes a sábado, para los que un plástico negro extendido en el terreno tiene el mismo significado que los límites de propiedad que constan en las escrituras.

Fresas no conseguí, pero me llevé una lección importante: El huerto se queda para cuando me jubile.

Tengo la sensación de que hay una vaca que sonríe cuando me ve, seguro que fue ella.

De manera que utilizaremos fresas compradas para preparar ésta receta que luego nos servirá en muchísimos postres, aderezar un plato de frutas para una cena ligera o aliñar una ensalada. El coulis es una especie de sirope que se puede preparar con otras frutas.

De la despensa:



250 gr. de fresas compradas en el súper.
70 gr. de azúcar.
Zumo de medio limón.


Manos a la obra:
1. Lavar y quitar el rabito verde a las fresas.
2. Echar todos los ingredientes en el vaso de la batirdora y batir.
3. Pasar por un colador o un chino si queréis quitar las pepitas.

Guardar en un bote de cristal y al frigorífico, lo usaremos en un par de días con el siguiente cuento.

Y colorín, colorado, ésta receta se ha acabado...



viernes, 7 de marzo de 2014

Érase una vez....Patatas en "to" crudo


Creo que lo justo es que la primera receta sea ésta. Es mi madre. De mi madre. Para mi madre.
Toledanos todos en la familia, el final de la palabra nos lo comemos porque somos así. TODO se convierte en TO. Aunque puede parecer una receta para estómagos resistentes por los ingredientes picantes... no lo es, al cocer todo en crudo se suaviza muchísimo.

Es una receta de la posguerra, nada que ver con la cocina moderna actual, se trataba de calentar el cuerpo y consigue perfectamente su misión. Mi madre las prepara para ella y solo para ella, nadie más las come en casa. La primera vez que las cociné fue para poder ponerla en el blog y las seguiré preparando a partir de ahora, debe ser que con la edad me voy pareciendo cada día más a ella.... 

Como bien dice el nombre de la receta, todo va en crudo y todo va junto. He oído decir a mi madre unas 1500 millones de veces que comería esto todos los días de su vida y así lo hizo durante un tiempo. Con 8 años tenía una cacerolita (su cacerolita, con su tapita y to) y cocinaba todos los días sus patatas.

Receta sencilla y fácil... ya haremos cosas "más modernas". Julia, ésta te la debo. Va por ti.


De la despensa:





3 ó 4 patatas.
1 pimiento verde.
1 cebolla.
1 tomate.
Guindilla en vinagre "vasca" ó 1 cayena.
1 cucharadita de pimentón de la Vera
4 ó 5 "bolitas" de pimienta negra.
2 dientes de ajo (no muy grandes)
Perejil.
Sal.
Aceite de oliva virgen extra


Manos a la obra:

1. Pelar y lavar todos los ingredientes.

2. En un plato grande o fuente se cortan las patatas en trozos, es muy importante que no se arranque el último trozo como suele ser habitual a la hora de cortar patatas para cocer.

3. Cortar la cebolla en juliana gruesa y añadir a la fuente.

4. Cortar el pimiento en tiras y añadir a la cebolla y la patata.

5. Repetir la operación con el tomate, cortarlo en trozos "tipo ensalada".

6. Si vamos a utilizar guindilla "vasca" cortarla en trocitos y echar junto a todo lo anterior, en caso de utilizar cayena todavía tendremos que esperar al siguiente paso.

7. Machacar los dientes de ajo con el perejil, la pimienta negra y la cayena (si no hemos utilizado guindilla "vasca") y echarlo todo por encima de las verduras cortadas.

8. Añadir la sal al gusto, echar un buen chorretón de aceite, la cucharadita de pimentón y agua para cubrir todos los ingredientes de sobra, ese será nuestro caldito.

9. Echar todo en una cazuela, poner a fuego fuerte y cuando empiece a hervir bajamos el fuego para que cueza lentamente.

Mi abuela se desesperaba con mi madre porque decía que no comía proteínas con esas patatas y para solucionarlo metía 1 huevo muy bien lavado a cocer con todos los ingredientes. Lo sacaba una vez cocido, lo pelaba y lo añadía picado al guisote. Para la ración de cuatro podemos echar un par.

Y colorín, colorado, ésta receta se ha acabado...


jueves, 6 de marzo de 2014

Erase una vez... ¿Quién es "La cuentista"?



La cuentista soy yo, la hija de la mamá Cuentacuentos. Una de los dos hijitos que se acostaban a escuchar los cuentos de su madre por la noche.

La cocina y los cuentos acompañan los pasos de mi vida desde hace muchos años y ahora ha llegado el momento de compartirlo, me apetece hacerlo.

Los cuentos que escribo son reales, son las historias que me han contado las personas que rodean mi vida, son las historias de quienes me han prestado sus recetas y los secretillos de sus familias. Esos cuentos también son aventuras, las aventuras que me han llevado a una idea para poder crear o apañar una receta.

Hace meses comenzó mi búsqueda de recetas, que dieron pie a escribir los cuentos que acompañan a cada una de ellas. Las recetas me llevaron a la fotografía, la fotografía al revelado digital… y así podría seguir con una larga lista.

Después de mucho esfuerzo y de volver locos a los que me rodean… creo que por fin he conseguido que todo ese trabajo e ilusión se refleje aquí y así poder compartirlo con vosotros.


Os voy a contar muchos cuentos; voy a tratar todos los temas que se me ocurran sobre la cocina y su mundo.

Me encantará saber vuestra opinión, que charlemos... y por supuesto, si alguien quiere compartir una receta y contarme su historia, prometo prepararla y convertirla en un “Cuento de sal y pimienta”.