miércoles, 22 de octubre de 2014

Érase una vez... Supergalleta gigante.


Érase una vez una galleta súper gigante que buscaba un dueño…

Era un dulce muy exigente y necesitaba a alguien especial. Desde siempre había pensado que no servía cualquier persona, por lo que durante mucho tiempo buscó y buscó y nada encontró.

Hasta que un buen día, a finales de octubre, se encontró con una galleta de JackSkellinton. Por lo visto, a principios de noviembre muchas personas celebran una fiesta que se llama Halloween y en las casas se preparan galletas terroríficas, por lo que Jack había salido de paseo.

Hablando con esa terrorífica galleta… se enteró de que existe un Reino de cuentos en el que vive una Cuentista que, aunque no celebra Halloween, conoce muchos seres y personajes mágicos. Por lo visto vive en un reino repleto de hadas, ogros y elfos. La galleta Skellington le dijo:

-          ¿Por qué no te acercas a hablar con la Cuentista? Seguramente ella conozca algún personaje que sea adecuado para tu tamaño…

Ni corta ni perezosa y pensando que era una idea estupenda, se puso en contacto con ella. La Cuentista no tuvo que perder tiempo pensando en la persona adecuada, sabía quién era la dueña perfecta para esa galleta súper gigante. María.

María cumplía los requisitos necesarios porque era Súper y Gigante. Exactamente igual que la galleta.

SÚPER amiga del hijo de la Cuentista y GIGANTE de corazón.

Hoy cumple siete maravillosos años, de los cuales cuatro nos ha permitido disfrutar de su anarquía. María es una personita divertida, con una ideología muy personal y una forma de ver la vida fuera de lo habitual, lleva el mundo por montera.

Felicidades María… ¡¡Gracias por acordarte y darme tu invitación para ir a jugar al Divertipark con vosotros!!


De la despensa:


250 gr. de galletas tipo digestive.
175 gr. de mantequilla derretida.
2 cucharadas de cacao en polvo (opcional).
2 ó 3 cucharadas de arándanos deshidratados. 
100 gr. de chocolate negro, yo lo uso en perlas.
Leche condensada. (cantidad al gusto)
Mermelada de limón. (cantidad al gusto)

Manos a la obra:
1. Meter las galletas en una bolsa con autocierre y pasar un rodillo o una botella de cristal por encima para desmenuzarlas. (También se puede hacer a mano).
2. Echar las dos cucharadas de cacao en la mantequilla derretida, mezclar y añadir las galletas molidas integrando bien todo.
3. Forrar la base de un molde redondo (lo ideal es que sea de base desmontable) con papel de horno. Echar la mezcla de galletas y mantequilla. Aplastar bien para compactar la masa con una cuchara o con las manos humedecidas.
4. Trocear el chocolate “groseramente”. Echar los arándanos y los trocitos de chocolate repartidos por la galleta.
5. Con una cuchara coger leche condensada y dibujar líneas, zig zag... sobre la galleta (desaparecen con el horneado)
6. Colocar “pegotitos” del tamaño de una alubia con la mermelada de limón repartidos por la galleta.
7. Meter en el horno precalentado a 160º durante 20-25  minutos.

Dejar enfriar y a disfrutar de una deliciosa galleta gigante que busca personas que sepan ser súper amig@s y tengan un corazón gigante. ¿Eres tú uno de ellos?

Moraleja: Es una receta tan sencilla que la pueden hacer los peques de la casa. La mezcla de la dulce leche condensada, la ácidez del limón y el arándano, el amargor del chocolate… Os encantará.
Podéis trocear algún fruto seco y añadirlo antes de hornear y queda deliciosa, las almendras quedan increíblemente buenas.

También podéis romper la galleta en trozos grandes y desiguales… colocáis unas cucharadas de yogur griego (o helado) y os sirve como un postre fácil y resultón.


viernes, 17 de octubre de 2014

Érase una vez... un cucurucho de castañas.


Érase una vez una Cuentista que no sabía qué hacer.

Un día como hoy, otro 17 de octubre de hace unos cuantos años, nació una niña morena de grandes ojos negros. 

Es viernes, no toca receta... pero no es un día cualquiera en mi mundo de cuentos. 

Hoy es el cumpleaños de la madre Cuentacuentos y llevo días pensando en poner una receta (aunque no toque), una de sus películas favoritas, o una entrada normal de viernes sobre cocina, la posibilidad que más fuerza tenía ayer era la de no poner nada. 

Y al final ha ganado un sentimiento.

Voy a compartir con todos vosotros unas castañas asadas, mejor dicho... el sentimiento que provocan en la Cuentista el olor de las castañas asadas.

Érase una vez una Cuentista que vivía en un mundo de cuentos. Un buen día, con el otoño, llegó a su reino un pequeño precioso, de sonrisa gamberra y ojos expresivos.
El otoño siempre fue su estación del año favorita, cuando llega el viento soplando fuerte, agitando las hojas de los árboles hasta hacerlas caer.

…Y pisarlas... pisar esa hoja seca y hacerla crujir es uno de sus placeres secretos. Aunque os contaré algo: si la hoja no cruje se enrabieta un poco...

Con el otoño llegan las castañas. Con las castañas, llegan los puestos ambulantes en los que puedes comprar un cucurucho de periódico con una docena de ellas que te calientan las manos. Un pequeño cucurucho de papel consigue que las penas pesen menos... o las alegrías más... 

Y ahí va el sentimiento que quiero enviar hoy a esa morena de grandes ojos negros: La primera vez que salí a la calle, tras nacer el pequeño de la casa, acababa de entrar el otoño. Recorrí mi calle orgullosa del regalo que llevaba conmigo y al llegar a la plaza olí las primeras castañas asadas del año. 

Desde ese día... cada otoño... la primera vez que huelo las castañas asadas un pequeño latido me recuerda que su nieto trajo ese olor con él.

Felicidades mamá.


martes, 14 de octubre de 2014

Érase una vez...Almejas en su jugo


Érase una vez un pequeño pastor que vivía y cuidaba de las ovejas en un pueblo de los Montes de Toledo.

Su familia era muy humilde y la vida en un pueblo tan escondido no daba para tener una dieta variada, muchos alimentos no llegaban a un rincón tan recóndito.

Con el tiempo la familia quiso mejorar su calidad de vida y escaparon al mejor pueblo de la provincia: Talavera de la Reina. Años más tarde el pastor conocería allí a la reina de Talavera, la que ocupó su corazón y su vida, una tal “madre Cuentacuentos”.

… Pero esa es otra historia…

De momento nos quedaremos con su llegada a Talavera y con todas las cosas que conoció en esa nueva vida, algunas tan básicas como los alimentos del mar, algo que nunca había probado. Entre ellos el marisco.

Acostumbrado a comer pocas carnes, algunos huevos y los cereales y legumbres del campo, se enamoró del marisco al primer bocado y ese amor (al igual que el que siente por la reina de Talavera de la Reina) también perdura… le encanta rechupetear, sorber y el sabor a mar.

Las almejas en su jugo es una receta sencilla que la madre Cuentacuentos prepara como aperitivo cuando su hija, la Cuentista, se lo pide. Y como el pastor lo sabe… hay veces que llama en secreto a su hija y dice:

-          Hija… ¿Por qué no le pides a tu madre que haga hoy unas almejas? Ya sabes que si se lo pides tú, las prepara inmediatamente.

Y así entre el pastor y la Cuentista se camelan a la cocinera y ambos disfrutan de este delicioso plato.

Para degustarlo como es debido es obligatorio llevar a cabo un ritual, este consiste en utilizar una de las conchas vacías a modo de cuchara para tomarse el caldo… 

Pero recordad: Es un secreto entre un Pastor y una Cuentista... si algún día os cruzáis con la madre Cuentacuentos... actuad con disimulo...

De la despensa:


3 cucharadas de aceite.
500 gr. de almejas.
2 dientes de ajo.
Media cucharada de perejil fresco picado.
Sal.

 Manos a la obra:

 1. Meter las almejas en agua fría con un puñado de sal. Dejarlas una hora en remojo, de esta manera soltarán toda la arena. Meter el envase en el frigorífico si en la cocina la temperatura es alta. Escurrir las almejas pasado el tiempo, yo suelo echar agua del grifo en el envase y dejar que rebose bastante antes de escurrirlas.
2. En una sartén echar las cucharadas de aceite y añadir los ajitos picados.
3. Echar las almejas y tapar inmediatamente, yo uso una tapadera de cristal.
4. Cuando se empiecen a abrir (lo hacen enseguida) se quita la tapa, se echa el perejil, se vuelve a tapar y se retira del fuego.
5. Dejar reposar un par de minutos, servir y a disfrutar. (No olvidéis el ritual)

Moraleja:
Cuando Sonia llegó a nuestras vidas el pequeño pastor (que ya no era pequeño) vio el cielo abierto... ambos coinciden en su gran amor a los alimentos que tienen sabor a mar. Las pipas (percebes) están dentro de sus favoritos, yo reconozco que no he probado uno en mi vida....

viernes, 10 de octubre de 2014

Érase una vez... el curry


Hoy es viernes y ya sabéis que no toca cuento, vuelvo a los viernes de "de todo un poco" y me he decidido por una de "escuela de cocina".

Dentro de unas semanas prepararé la receta de un curry indio y antes de hacerlo necesitaba compartir con todos vosotros lo que es.

Normalmente todos pensamos que el curry es ese condimento de color ocre que compramos en bote, o al peso, en algunas tiendas y que llegó a Europa en el siglo XIX de mano de los ingleses.

Cierto es, que esa mezcla de especias se comercializó fuera de la India con el nombre de curry, pero allí el curry es algo completamente diferente.

En la India, la mezcla de especias secas y molidas se llama Garam Masala y aunque la base suele contener algunas especias comunes... cada casa tiene la suya propia que pasa de madres a hijas sucesivamente.

Curry en realidad significa "salsa" y es un término que sirve para nombrar numerosos platos más o menos caldosos de carne, de pescado y de verduras que se complementan con arroz o pan. Se podría comparar con nuestros estofados o guisos.
Los curries deben su delicioso aroma a las mezclas de especias minuciosamente calculadas y a la consistencia precisa que se consigue con leche de coco, puré de cebolla, yogur... Al igual que ocurre con los Garam Masala, varían dependiendo de las regiones y las casas. Muchos tienes recetas ancestrales que han ido pasando de generación en generación.

Ya os podéis imaginar lo muchísimo que me gusta todo esto para nuestro particular mundo de cuentos.

Me encanta imaginar que podemos preparar un curry y saborear con él un trocito de otro mundo, una receta maravillosamente mimada, preparada con infinito amor por madres, abuelas y bisabuelas mientras se las enseñan a las hijas para que no se pierdan.

Pues bien... como en mi mundo de cuentos cocinan más los chicos que las chicas... voy a romper un poquito la tradición y dentro de poco voy a dedicar a "mis chicos" un curry.

Voy a intentar ser esa persona para vosotros, dejadme ser la madre que enseña a sus hijos su mezcla de especias, nuestra propia receta familiar de curry...

Los ingredientes ya están pensados y las especias huelen en mi despensa.


martes, 7 de octubre de 2014

Érase una vez... Cochinita pibil.


Érase una vez una Cuentista que estaba en deuda con un hada.

Cuando nuestro Reino fue creado, la Cuentista recibió un buen día la visita de un personaje que vivía en un Reino vecino en el que se manejaban la Ciencia y los experimentos, su nombre era Seoane y con su magia se transformó en hada.

En una de las visitas, la Cuentista le pidió una receta para poder escribir un cuento para ella. El hada contestó que no sabía si iba a poder ofrecer una, por lo visto no era una gran amante de la cocina y reconocía que muchas veces preparaba cualquier cosa para cenar o tiraba de “burritos mejicanos”.

Así empezó todo...

Nuestra pequeña cuentista decidió aprender a preparar auténticos “burritos” para poder escribir un cuento a Seoane y, como es más terca que una mula de tiro, se metió de lleno en el maravilloso mundo de la comida mexicana.

Ni corta ni perezosa, quiso aprender a hacer las tortillas (dentro de poco os las prepararé) y buscó las verdaderas recetas que se comen allí. Y así encontró la receta de “La cochinita pibil”.
Por estas casualidades que siempre se dan en nuestro Reino… se enteró de que justo "esa" era la receta que solía pedir Seoane.

Lo primero que aprendió fue a llamarlos por su nombre: “tacos” y aunque no sabe si habrá conseguido algo merecedor de ese nombre… por lo menos lo ha intentado y ha estudiado mucho. Ha sido capaz de encontrar ingredientes de los que nunca había oído hablar y que no sabía el sabor que tenían.


Seoane… esto va por ti. 

Aunque desde hace un tiempo visitamos nuestros Reinos mutuamente, jamás nos hemos visto las caras. Espero que te guste, he preparado esta receta con muchísimo cariño y he dedicado horas a intentar conseguir algo que te acerque un poco a México, tierra en la que sé que tienes familia. 

Pide que sean benévolos conmigo y me critiquen con cariño... 


De la despensa:

1 kilo de aguja de cerdo. (en la receta original "cabeza de lomo de puerco")
500 ml. de zumo de naranja natural.
175 ml. de vinagre de vino.
50 gr. de achiote.
Una cabeza de ajos.
Dos cayenas (en la receta original ponía unos impensables, para el paladar europeo, 100 gr. de chiles guajillos)
Dos cucharadas de aceite vegetal.
Sal y pimienta al gusto.

La cochinita que he encontrado se acompaña de una salsa hecha con zumo de limón, cebolla morada y chiles habaneros.

Manos a la obra:
1. Cortar la carne en tacos de unos dos centímetros. Salpimentar al gusto.
2. Poner a fuego fuerte una olla, echar las dos cucharadas de aceite y cuando esté caliente sellar la carne y dejarla a fuego medio unos 15 minutos, removiendo para que se caramelice bien.
3. En un vaso de batidora echar el zumo de naranja, el vinagre, los dientes de ajo pelados, el achiote, la cayena (o los chiles guajillos) y sal. Batir todo y verter sobre la carne sellada.
4. Tapar la olla y cuando suba la válvula bajar a fuego medio. Cocinar 45 minutos. Apagar la olla una vez transcurrido el tiempo y dejar que se enfríe.
5. Deshebrar la carne y colocarla en una fuente, si ha quedado jugo echarlo por encima y prepararos para disfrutar de un plato delicioso.

Moraleja:
Comprendo que alguno de los ingredientes son difíciles de encontrar y por ese motivo sustituyo el chile guajillo por cayena (que me perdonen los mexicanos que lean el blog). 
El achiote es imprescindible e insustituible, tiene un maravilloso y característico sabor. En verano compré varias cajas y ya he repartido para mi hermano, para nuestro cocinero novato y para Silvia que me pilló en la primera prueba. Si alguien más se decide a prepararla... me comprometo a enviaros una cajita si me decís dónde debo enviarla... 
Me encanta esta receta, la preparo muchas veces desde que cayó en mis manos, me gusta tanto que me encantaría que probarais a hacerla.