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Mostrando las entradas etiquetadas como carnes

Érase una vez....Rabo de toro

Nunca recuerdo (jamás de los jamases) que a mi padre que disfruta lo indecible comiendo casquería, cabezas al horno de cualquier animal, oreja de cerdo y todo lo gelatinoso, mi padre que es un enamorado de comer carne con hueso, que es un gran amante de la comida manual, es decir, enganchar el “cachocarne” con las manos y mancharse de grasa hasta las orejas, ensuciarse la camisa SIEMPRE y demás finuras gastronómicas, pues a mi padre el rabo le parece que ni fú ni fá. Y ahí estoy  yo, de vez en cuando me paso una tarde cocinando rabo de toro a fuego lento, paso cuatro o cinco horitas de mi vida sellando, estofando y observando con ojos amorosos un rabo de toro para mi padre y al oír su “ya sabes hija, que a mi el rabo de toro es una cosa que ni fú ni fá….”  siempre recuerdo que he vuelto a olvidarlo. Creo que con ésta entrada he encontrado el sistema infalible para no olvidarlo nunca más. SÓLO TENDRÉ QUE MIRAR EL BLOG. El rabo de toro es una de esas comidas ...

Érase una vez... Asado ibérico con patatas

Érase una vez una pequeña cuentista toledana y terca. Me gusta mantener la firmeza de mis convicciones. Pero… Las app. Las redes sociales. Instagram. Hola al enorme mundo que se ha abierto ante mí y ante todos. Adiós a mis cuentos. Vivía enamorada de la idea inicial de dedicar cada receta publicada a la persona que me la enseñaba con un cuento, pero es imposible mantenerla. Hay muchas recetas que encuentro en las publicaciones de desconocidos que ajusto a nuestros gustos personales y por escribir historias para el blog al final no puedo publicar recetas tan maravillosas como la que traigo hoy. De manera que he decidido cambiar. Cachis en la mar. No me queda otro remedio… o echo el cierre definitivo o dejo de contar cuentos. Pues dejo de contar cuentos. Esta receta es una delicia absoluta, cuando la preparé por primera vez pensé: Esto es un platazo para una cena familiar o con amigos, levanté la vista y me estaban mirando mis dos hombrecitos, uno me ...

Érase una vez... Chuletas con tomate al curry.

No sé por donde empezar...bueno sí... por una dedicatoria. A mi carnicero. Reconozco que compro la carne en varios sitios. El pollo en un puesto del mercado, la ternera en otro, el cerdo...el cerdo... el día que quise hacer este plato me di cuenta de que no comemos casi cerdo, casi nunca compro y por tanto no soy fiel a nadie. Hasta hoy. Pasé por delante de la carnicería y vi que tenían unas preciosas chuletas de cerdo ibérico ya cortadas y recordé que tenía esta receta en "pendientes". Me acerqué y pedí que me pusiera las 6 más bonitas que viera porque eran para el blog y en lugar de darme las cortadas se fue a la cámara frigorífica y eligió la pieza más bonita. Hizo los precortes... y se fue a la sierra a cortar los huesos... y su dedo casi hasta el tendón. Salió corriendo diciendo:                                                "No te preocupes, no es nada"...

Érase una vez.... Lomo adobado.

Érase una vez un pequeño pastor que vivía en una aldea muy pequeña, su familia era muy pobre y apenas tenían para comer. Muchas veces se ha contado en casa que antes de trabajar para el señorito tuvieron una Nochebuena en la que apenas tuvieron un mendrugo de pan para cenar. En aquellos años y con los fríos del invierno era habitual que las familias hicieran “la matanza del guarro”, de ahí salían gran parte de los alimentos del año. El guarro no era otro que un cerdo ibérico que se había ido cuidando durante todo el año. Ahora el cerdo ibérico es un alimento muy valorado por su grasa, pero en aquellos años nadie quería esa raza de cerdo, se despreciaba. Todos preferían el cerdo blanco inglés porque su carne era mucho más magra. Hay que ver las vueltas que da la vida. La matanza del guarro formó parte de la infancia y juventud de nuestro pastor, tanto es así que cuando tuvo a su primera hija… conocida por todos como “ La Cuentista ”  la llevaba con él. Hoy d...

Érase una vez... Carcamusas.

Érase una vez... una despensa llena de curiosos ingredientes. Un pequeño Minichef decidió entrar un día dentro de la despensa mágica. En el estante de la derecha encontró un bote de cerámica talaverana... como su mami. Dentro había guisantes, a su padre le encantaban los guisantes. En el estante de arriba a la izquierda vio una pieza de magro de cerdo que había comprado su abuela Paula, la mamá de su papi. Y justo en un cajón de madera antiguo situado enfrente de la puerta había un cuenco de barro y un delantal de su talla. Estaba claro. Todos los ingredientes parecían querer decir: Prepara un plato para tu papá. Debía cocinar él y debía ser algo realmente delicioso porque era el cumpleaños de su papi y quería darle una sorpresa cocinando él todo por primera vez en su vida. Nada de ayudar en un paso de la receta, debía hacer todo, todo, todo. Se puso a pensar y de pronto lo tuvo claro, utilizando todos los ingredientes de la despensa mágica iba a preparar ...

Érase una vez... Muslos de pollo con pimienta.

Érase una vez… una voz al teléfono. Nuestra Cuentista no conoce al protagonista del cuento en persona… Sabe que trabaja en Madrid, que trabaja entre audífonos y que le gustan las comidas sencillas, el pollo, la pasta… Pero sobre todo sabe que es una persona extraordinaria y quiere agradecer con este plato la enorme ayuda que ha recibido de él. Muchos de los habitantes del Reino sabéis que nuestra Cuentista trabaja con personas que tienen problemas de audición, el protagonista del cuento de la semana pasada os hablaba de Mario Caracciolo … uno de mis pacientes favoritos… mi guapo italiano que trae sus recetas para que las pueda compartir con todos vosotros. Pues bien, hace tres años, al mismo tiempo que Mario… Manuel entró en mi vida. Siempre acompañado de Sofía, su dulce y pausada esposa, tenía problemas con sus audífonos y juntos conseguimos solucionar su problema y traer el mundo a su vida. El verano pasado vino, tenía problemas de nuevo y durante semanas ...

Érase una vez... Pollo a la zorra.

A priori pueden parecer dos ingredientes difíciles de mezclar… salvo en nuestro Reino… Érase una vez un zagal... hablamos, claro está, del padre de nuestra Cuentista. Para todos aquellos que no lo sepan... un zagal es un joven pastor de ovejas. El zagal creció y cuando se hizo mayor, por los avatares de la vida, terminó viviendo en un pueblo de la montaña cántabra. Un buen día decidió “echar unas gallinas”. Lo primero que hizo fue fabricar un gallinero. Su pequeño nieto Minichef quiso una casita igual en cuanto vio lo que había construido… Una zona con cemento, otra de tierra para que pudieran picotear bichillos y tierra, una casita de madera con dos entradas, nido cerrado para poner huevos y palo para que pudieran dormir en alto. Todo un lujo gallineril. ¡¡Qué contentas y felices estaban las gallinas!! Tanto, tanto, tanto, que decidieron no poner huevos, se dedicaron a pasear, comer y darse la gran vida durante los primeros cinco meses. El zagal y la madr...

Érase una vez... Cochinita pibil.

Érase una vez una Cuentista que estaba en deuda con un hada. Cuando nuestro Reino fue creado, la Cuentista recibió un buen día la visita de un personaje que vivía en un Reino vecino en el que se manejaban la Ciencia y los experimentos, su nombre era Seoane y con su magia se transformó en  hada. En una de las visitas, la Cuentista le pidió una receta para poder escribir un cuento para ella. El hada contestó que no sabía si iba a poder ofrecer una, por lo visto no era una gran amante de la cocina y reconocía que muchas veces preparaba cualquier cosa para cenar o tiraba de “burritos mejicanos”. Así empezó todo... Nuestra pequeña cuentista decidió aprender a preparar auténticos “burritos” para poder escribir un cuento a Seoane y, como es más terca que una mula de tiro, se metió de lleno en el maravilloso mundo de la comida mexicana. Ni corta ni perezosa, quiso aprender a hacer las tortillas (dentro de poco os las prepararé) y buscó las verdader...

Érase una vez... Secreto ibérico con salsa de naranja y dátiles.

La receta de hoy tiene dos ingredientes principales: El secreto ibérico y los dátiles. Y dos personajes también. En un lejano pueblo cordobés vive un chico llamado Pedro, un óptico que lleva media vida en nuestras vidas. Pedro debe ser el nombre más repetido en la agenda de la Cuentista, por lo que el Pedro de este cuento es conocido como Pedrote. En otro pueblo muy lejano alicantino vive un chico llamado Ángel, un óptico que lleva medio día en mi vida, pero parece que lleva toda la vida. Ángel debe ser el nombre menos repetido en la agenda de la Cuentista . Él se empeña en llamarse Gelete y me niego a que sea conocido así. Pedrote viene de una familia de carniceros extremeña. La morcilla más deliciosa que he probado en mi vida ha salido de su casa y del jamón no pienso hacer comentarios porque me duele la vida saber que ya no lo hacen. Ángel viene de una familia materna de panaderos granadina. Nunca he probado su pan porque hace años dejaron el maravilloso mundo ...