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Mostrando las entradas etiquetadas como salsas

Érase una vez... Chuletas con tomate al curry.

No sé por donde empezar...bueno sí... por una dedicatoria. A mi carnicero. Reconozco que compro la carne en varios sitios. El pollo en un puesto del mercado, la ternera en otro, el cerdo...el cerdo... el día que quise hacer este plato me di cuenta de que no comemos casi cerdo, casi nunca compro y por tanto no soy fiel a nadie. Hasta hoy. Pasé por delante de la carnicería y vi que tenían unas preciosas chuletas de cerdo ibérico ya cortadas y recordé que tenía esta receta en "pendientes". Me acerqué y pedí que me pusiera las 6 más bonitas que viera porque eran para el blog y en lugar de darme las cortadas se fue a la cámara frigorífica y eligió la pieza más bonita. Hizo los precortes... y se fue a la sierra a cortar los huesos... y su dedo casi hasta el tendón. Salió corriendo diciendo:                                                "No te preocupes, no es nada"...

Érase una vez... Txaka.

Érase una vez una Cuentista que se fue a vivir al norte de España… En lugar de cuento hoy traigo una dedicatoria… a “ la Pepa ”, cuando escribí esta entrada hacía unas semanas de su  cumpleaños, ahora hace varios años, varios meses y unas semanas. No tengo verguenza... tengo la trastienda del Reino lleno de recetas, cuentas y fotos que llevan años esperando ver la luz. La última vez que quedamos todos juntos, “ la Pepa ” regaló a la Cuentista el precioso recipiente con forma de muñeco de la foto. Cuando Marijose vio el cuenco se acordó de nuestra Cuentista y de su reino de cuentos y decidió comprarlo para poder regalárselo cuando volvieran a verse. Gracias Marijose… Por comprarlo y sobre todo por acordarte de mí. He decidido estrenarlo con una de las recetas favoritas de tu amigo... lo he rellenado con su picoteo favorito y así y por el poder que me he otorgado en el Reino de “Cuentos de sal y pimienta” os uno el resto de vuestras vidas en este mundo mági...

Érase una vez... El aceite

Érase una vez un Reino sin aceitunas… La falta de sol y la tierra arcillosa no permitían que los olivos fueran felices en esa tierra, las aceitunas no querían vivir allí. Pero nuestra Cuentista no siempre vivió en tierras arcillosas… hace muchos, muchísimos años, vivió en tierras áridas y soleadas, llenas de olivos. Mientras paseaba imaginaba sus vidas, unas vidas paralelas a las humanas… Algunos viejos olivos estaban tan retorcidos que claramente eran los abuelos de los pequeños gemelos que estaban detrás, el orgulloso padre los protegía con su sombra… oía los susurros del viento entre sus ramas y sabía que era la madre aconsejando a sus pequeños que dejaran de jugar con sus ramas o se partirían. Si las ramitas no se partían podrían crecer preciosas aceitunas y de ahí el tesoro más valioso que un olivo puede darnos: El aceite. Y de aceites os quiero hablar hoy. Los italianos tienen un dicho: para que un aceite sea bueno los olivos necesitan las tres “S” sec...

Érase una vez... Crema de queso.

Hoy quiero dedicar el cuento a una persona que llegó a mi vida a través de otra persona que llegó a mi vida a través de otra… Va por ti Juan. Érase una vez una Cuentista con unas piernas de infarto, de infarto de corazón por los muchos problemas de circulación y varices que tenía. Le aconsejaron que fuera a una masajista que trabajaba muy bien y que además de lo físico también trabajaba con las energías de las piedras y con las energías del cariño. Hace años que Mari Ángeles salió de mi vida y por supuesto no sabrá que hay un cuento que habla de ella y del hueco que todavía ocupa. Durante los masajes Ángeles me hablaba muchas veces de Pepa, decía que llevábamos una vida muy parecida. Pepa es una ginecóloga de Madrid que se vino a vivir y a casarse a Santander, que vivía en una casa de piedra pegada a un río, exactamente igual que había hecho yo. Ángeles siempre me decía que quería presentarnos y ese día no llegaba nunca. Hasta que llegó. La Cuentista  tuvo...

Érase una vez... Coulis de fresa

El cuento de hoy no es sobre la receta, es sobre el ingrediente de la receta: Una fresa. Hace años, cuando me vine a vivir a Cantabria, quise hacer un huerto en un trocito de prado que tengo en mi cabaña, en el valle del Pas. De hortelana se podría decir que no ejercí mucho en Madrid, mi experiencia con las tareas sobre preparar la tierra, plantar, abonar y recolectar eran más bien escasas. Mi madre siempre dice que soy una ilusa y haciendo gala de ello y para no quitarle razón… decidí ponerme manos a la obra. Como gran profesional del sector, compré plantas de fresa en un vivero, muy amablemente me explicaron (al ver con quien estaban tratando), que convenía poner un plástico negro sobre el terreno y hacer un agujero para cada plantita. “Como ya sabrá usted… se hace para aislar, evitar el crecimiento y salida de malas hierbas y como hay muchas babosas se evita en parte que se coman las plantas”. Y allí me planté, con mis guantes de florecitas, mi cesta con ri...