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Érase una vez... Flores

Érase una vez un reino en el que las flores eran especiales, mágicas y dulces… El reino creado por la Cuentista tiene una base toledana, de allí somos todos y de la tradición de esa cocina vienen gran parte de nuestros platos. Hace muchos años, en todas las casas de pueblo se hacían los dulces caseros con las recetas tradicionales de la familia, rosquillas, buñuelos, pestiños… dulces que normalmente preparaban abuelas, madres e hijas por las tardes en familia. Hoy os traigo una de ellas, la madre Cuentacuentos sigue haciéndola de vez en cuando y salen tal cantidad de flores que hay que compartirlas sí o sí… y como compartir es un gesto de amor... no podemos pedir mucho más para nuestro Reino.  Para hacerlas se necesita una herramienta especial que podemos encontrar fácilmente en cualquier ferretería (o en Amazon, pincha aquí  para comprarla). Normalmente se utilizaban dos moldes para que el proceso fuera más rápido ya que suelen salir bastantes...

Érase una vez... vuestros bizcochos de zanahoria.

Érase una vez una Cuentista que un día decidió preparar para los habitantes del Reino un bizcocho de zanahoria. La base de la receta se la tomó prestada a Ana Q. Sé que las comparaciones son odiosas... pero lo justo es que podáis ver cómo la hace Ana, os prometo que la base está sacada de una obra de arte. He querido robar la foto y no he podido... Ana... sé buena y envíamela para poder poner aquí tus mariposas y las rosas sobre la crema de mascarpone. Antes de prepararlo en el Reino hizo varias pruebas y con la primera se ganó el corazón de Ana (otra más)... bueno realmente se ganó dos, porque dentro llevaba otro corazoncito latiendo... África dio su beneplácito a la receta y mientras viajaba en la barriga de su mamá se lo pidió varias veces. Del primero no me llegó foto porque desapareció antes de aparecer la cámara, creo que este fue el segundo ¡¡o el tercero!! El tiempo pasó y un buen día Silvia decidió marcarse un "total food" Cuentista... Me...

Érase una vez... Grissini

Érase una vez una Cuentista que hizo una promesa... Un buen día preparó un delicioso paté de mar y prometió unos grissini para poder picotear ambas cosas juntas. Y aquí están... vienen sin cuento porque hay veces que las palabras se atascan y no quieren salir. Hay veces que la cabeza anda llena de ogros, brujas, pócimas malignas y no me apetece dejar que entren en nuestro mundo...  Por eso sólo os traigo los palitos, prometo utilizarlos para ahuyentar a los malos y ponerlos contra la pared por portarse tan requetemal.  Echadme una mano, preparadlos vosotros y así me daréis las armas para conseguir alejarlos de nuestro Reino. De la despensa: (Unos 30 palitos) 410 gr. de harina de fuerza. 1 sobre de levadura de panadero. 50 gr. de aceite de oliva virgen. 120 ml. de agua tibia. 90 ml. de leche. 12 gr. de azúcar. 8 gr. de sal. Sal Maldón /pimienta molida / tomillo / pimentón picante... Manos a la obra: Colocar en la bandeja ...

Érase una vez... La harina.

Nada… ni caso debéis hacerme algunos días. Por algún motivo que no termino de comprender me ha dado por meteros los viernes unos rollos insufribles sobre ingredientes… y hoy os toca la harina. Érase una vez una Cuentista cabezota y terca, un buen día fue a comprar harina y al ver cómo se han ido llenando las estanterías de los supermercados con todo tipo de harinas y mezclas pensó en intentar explicar las diferencias entre unas y otras. La harina es el polvo que se obtiene al moler las semillas de algunas gramíneas como el trigo, el arroz, el maíz… o de algunos tubérculos y legumbres. No me planteo hablar de todas ellas y me voy a centrar en la que más usamos en todas las casas, la de trigo. La harina de trigo está compuesta en su mayor parte por almidón (70%), proteínas (entre un 9% y un 12%), grasas, agua y minerales. La cantidad de proteína es la que hace que una harina se considere de fuerza o no. Palabras mayores, lo sé, me consta. He pronunciado las pa...

Érase una vez....Paté del mar.

Érase una vez un espejo… En un lado estaba la Cuentista y en el otro… Un óptico que conoció a una sagitario en su lugar de trabajo y que un buen día decidieron coger sus vidas y llevarlas a Cantabria. Allí se casaron y tuvieron un hijo revoltoso y pizpireta. Diego, Rocío y Rubén… el óptico, la sagitario y el pequeño. Hay días difíciles cuando te alejas de los tuyos y dejas el reino de tu niñez a muchísimos kilómetros de distancia… hay días que necesitas a alguien que te cuide, que sepa mimarte y pueda sujetar tu caída. Hay días que te sientes desamparado. Ya sabéis que nuestra Cuentista cree a pies juntillas que cocinar es una muestra de amor, requiere pensar qué preparar, buscar los ingredientes, preparar la receta y esperar con ilusión que guste… Pues bien, hoy trae una receta que prepara muchísimas veces y que en una ocasión preparó para Rocío. Desde entonces cada vez que hace este paté se acuerda de ella. Rocío se puso malita, descubrieron que tenía una ...

Érase una vez... Carcamusas.

Érase una vez... una despensa llena de curiosos ingredientes. Un pequeño Minichef decidió entrar un día dentro de la despensa mágica. En el estante de la derecha encontró un bote de cerámica talaverana... como su mami. Dentro había guisantes, a su padre le encantaban los guisantes. En el estante de arriba a la izquierda vio una pieza de magro de cerdo que había comprado su abuela Paula, la mamá de su papi. Y justo en un cajón de madera antiguo situado enfrente de la puerta había un cuenco de barro y un delantal de su talla. Estaba claro. Todos los ingredientes parecían querer decir: Prepara un plato para tu papá. Debía cocinar él y debía ser algo realmente delicioso porque era el cumpleaños de su papi y quería darle una sorpresa cocinando él todo por primera vez en su vida. Nada de ayudar en un paso de la receta, debía hacer todo, todo, todo. Se puso a pensar y de pronto lo tuvo claro, utilizando todos los ingredientes de la despensa mágica iba a preparar ...

Érase una vez... Patatas Hasselback.

Érase una vez… un zagal que la vida convirtió en abuelo. Cuando se jubiló quiso recuperar parte de su niñez perdida y decidió volver a vivir en el campo, pero ésta vez iba a hacerlo para él mismo, sin ovejas ni señorito. La época de “Los Santos Inocentes” y  la “Milana bonita” habían terminado hacía mucho tiempo. Decidió hacerse con un terreno, disfrutar del aire de la montaña y vivir tranquilo en una casita en el campo. En el terreno “echó unas gallinas”, como ya sabréis muchos por la receta del pollo a la zorra y sembrar para tener su propia huerta. Entre otras hortalizas… el primer año sembró unas patatas. Mimoseó las plantas, probó con distintos trucos para evitar el escarabajo que echa la flor y tras todos sus trasiegos llegó la temporada de recogerlas. Qué felices caminaban por la carretera que lleva a la huerta los dos abuelos y su nieto Ismael… con su bolsita de plástico en la mano para guardar todas las patatas recolectadas. Con las primeras que c...