domingo, 9 de diciembre de 2018

Érase una vez.... Tarta de fresas y nata.


Érase una vez… Una receta que une personas. Un cuento que escribí hace la friolera de tres años para Ana Q. con una receta que siempre tengo unida al hada rubia Sonia con quien he preparado siempre esta preciosa tarta. 

¿Qué hace que las personas conecten?

¿Qué hace que surjan corrientes de afinidad sin haber hablado nunca?

Pues eso es lo que ocurre en este Reino, Sonia no conoce a Ana, Ana no conoce a la Cuentista y la Cuentista no conoce a Ana. Pero la magia del Reino y de este cuento unió a las tres hace más de dos años y hoy traigo ese recuerdo.

Todos sabéis que una vez nuestra Cuentista se pinchó y una gran pena llenó su cocina, también sabéis que una parte de la cura llegó a través de un reino lleno de masas y panes, un lugar en el que trataron la dolencia de nuestra pequeña Cuentista a base de harinas… Pues hoy os quiero hablar de una de las personas que utilizó la harina sanadora, Ana Qasimi.

Ana entró sin quererlo (y sin saberlo) a formar parte de la cura con un reto, desconocía la dolencia que padecía nuestra Cuentista, conectaron sus vidas a base de amasar con las manos y hornear con el corazón.

En ese reino vecino de masas y panes se decidió un buen día jugar a los retos. Uno de ellos era preparar una empanada. El reto hizo que la Cuentista encendiera el horno y metiera las manos en la masa de nuevo, con ilusión y alegría… El ganador o ganadora elegía el siguiente reto y ahí entró Ana.

Tras ganar, Ana decidió que lo siguiente que había que presentar debía ser un bizcocho decorado utilizando solo dos colores.

En ésta ocasión ganó el reto nuestra Cuentista con la receta que os trae hoy. Una receta que hizo para el día del padre con el hada Sonia. Voy a contaros un secreto: Se merecía ganar Ana Qasimi de nuevo y creo que no ganó porque ganaba todos los retos y yo les di penita 
                                                                                                           

El bizcocho que hizo Ana era una obra de arte y con su permiso os traeré la receta otro día aunque la decoración es inigualable… Ella es una ARTISTA, así… con mayúsculas. Os dejo la foto de la obra de arte, para que veáis que no exagero nada: 



Hicimos este bizcocho, lo "hidraté" con coulis de fresa y rellené con mermelada del mismo sabor. Os escribo cada una de las partes de la tarta, pero se puede rellenar con mermelada, nata, con una crema de chocolate….

Y colorín colorado, esta receta se ha acabado.

De la despensa:
Para el bizcocho genovés:
120 grs. de harina tamizada.
120 grs. de azúcar.
4 huevos M.
Una pizca de sal.
Una cucharadita de azúcar vainillado o esencia de vainilla (Opcional). 

Manos a la obra:
1. Precalentamos el horno a 170º.

2. Batimos los huevos con el azúcar y la vainilla, hay que batir los huevos mucho, hasta que cambien de color y la mezcla se ponga de color blanquecina. Además notaremos que el volumen se triplicará. La mezcla adquiere la consistencia necesaria para soportar el peso del resto de ingredientes.

3. Añadimos la sal (también la podemos juntar con la harina), y vamos añadiendo la harina poco a poco, yo la tamizo según la voy echando. Con una espátula vamos integrándola, muy lentamente y con movimientos envolventes, si no se hace de esta manera el volumen del bizcocho baja.


4. Engrasamos un molde de 20 cm de diámetro con mantequilla, echamos la mezcla... notaremos que suena el crujido de una mousse, lo metemos en el horno precalentado y horneamos unos 25 minutos.

Moraleja: La idea de ésta tarta se la debemos a Sonia... era una cuenta pendiente que teníamos entre las dos.

La receta del coulis la tenéis aquí.

Para la nata montada:
De la despensa:
500 ml. de nata líquida para montar muy fría.
5 cucharadas soperas de azúcar. (la cantidad de azúcar dependerá del gusto de cada casa).

Manos a la obra:
1. En un vaso de batidora echar la nata, añadir el azúcar y batir con varilla hasta que monte. Yo suelo mover la batidora en dirección contraria al sentido de las varillas.

MONTAJE DE LA TARTA:
1. Preparar el bizcocho y dejar templar un poco.

2. Cortar por la mitad y echar el coulis para empapar la parte inferior del bizcocho. (no os paséis emborrachando o se desmoronará al comerla.

3. Echar una capa de la mermelada casera de fresas.

4. Colocar la tapa de la tarta.(Yo echo un poco de coulis también en la tapa).

5. Con una espátula ir echando la nata hasta cubrir todo el bizcocho.

6. Decorar con manga pastelera y fresas frescas la parte superior.






lunes, 3 de diciembre de 2018

Érase una vez... Galletas de limón y semillas de amapola


Esta receta no tiene cuento propio, la he robado sutilmente de otro Reino, pero desde que la hice se convirtió en una de mis favoritas y como hoy es mi cumpleaños pues me voy a dar un caprichito...

Ya sabéis que a nuestra Cuentista no le gusta mucho el dulce, es más de salados y de dulces poco dulces... pero estas galletas son uno de sus vicios. Son resfrescantes y chisposas (si una galleta puede ser así), también es cierto que la receta original se hace con dos cucharadas de zumo de limón y la Cuentista echa siempre el zumo de un limón bien gordo... lo que vienen siendo 8 cucharadas soperas.

La receta original la encontró en el reino de "El invitado de invierno", un blog que nuestra Cuentista sigue con ojos peluseros desde hace mucho tiempo,  que a su vez lo encontró en otro, que a su vez... en definitiva que después de todo la receta original es de Martha Stewart.

Me encantan estas galletas. Y no conozco a nadie que las haya probado y no opine lo mismo.

Las semillas de amapola pueden no utilizarse, pero da una textura ligeramente triscona (palabra que en Cantabria se usa mucho y que yo he robado para mi vida) a las galletas porque "crujen con mucha gracia" cuando las masticas y aportan un ligero sabor a nuez que hace mucho más perfecto su disfrute.

El toque anuezado más la acidez del limón...

De la despensa:
(para unas 25 galletas)
325gr. harina de repostería.
1 cucharadita de levadura química (impulsor)
1/2 cucharadita de sal.
120 gr. de mantequilla ablandada.
125 gr. de azúcar.
1 huevo mediano.
2 cucharaditas de ralladura de limón.
2 cucharadas de zumo de limón (ó más :-))
2 cucharadas de semillas de amapola (opcionales, pero no muy opcionales 😋).

Manos a la obra:

1. Tamizar la harina con la levadura y la sal. Reservar.

2. Batir con las varillas eléctricas la mantequilla con el azúcar hasta que la preparación quede de color pálido.

4. Añadir el huevo y el zumo de limón. Batir hasta que se mezcle bien todo, el aspecto es grumoso y como si se hubiera cortado la preparación. Vamos bien.

5. Echar la ralladura de limón y las semillas de amapola en la harina que teníamos tamizada y reservada. Echar todo a la mezcla de la mantequilla y mezclar hasta que todo quede unido y forme una bola compacta.

6. Dividir la masa y utilizar el truco que os enseñé de los rollos de papel para que os queden redonditas de manera fácil. Si no tenéis rollos de papel, simplemente dividir la masa en dos tandas, dar forma de cilindro, envolver en film y colocar en el frigorífico 4/6 horas o toda la noche (mejor).


7. Cortar la masa en láminas de unos 6/8mm de grosor y hornear a 180º calor arriba y abajo en una bandeja forrada con papel 15 minutos (hasta que los bordes se vean tostaditos).


domingo, 25 de noviembre de 2018

Érase una vez... Flores






Érase una vez un reino en el que las flores eran especiales, mágicas y dulces…

El reino creado por la Cuentista tiene una base toledana, de allí somos todos y de la tradición de esa cocina vienen gran parte de nuestros platos.

Hace muchos años, en todas las casas de pueblo se hacían los dulces caseros con las recetas tradicionales de la familia, rosquillas, buñuelos, pestiños… dulces que normalmente preparaban abuelas, madres e hijas por las tardes en familia.

Hoy os traigo una de ellas, la madre Cuentacuentos sigue haciéndola de vez en cuando y salen tal cantidad de flores que hay que compartirlas sí o sí… y como compartir es un gesto de amor... no podemos pedir mucho más para nuestro Reino. 

Para hacerlas se necesita una herramienta especial que podemos encontrar fácilmente en cualquier ferretería (o en Amazon, pincha aquí para comprarla). Normalmente se utilizaban dos moldes para que el proceso fuera más rápido ya que suelen salir bastantes flores.

Quiero compartir con vosotros que para la entrada del blog hemos querido mantener la tradición de hacerlas en familia, madre e hija, y que el mérito de estas flores es de la madre Cuentacuentos, nos hemos juntado una tarde y las hemos hecho para todos vosotros. 

Y además os quiero enseñar la hoja con la receta original que guarda mi madre desde hace años para recordar siempre la receta de mi abuela... de ahí os saco yo las medidas en gramos.  La unidad de medida "un cascarón de aceite" no tiene desperdicio.





Al final de la entrada os he preparado una foto con los orejones... que no son otra cosa que el sobrante de masa cuando ya no queda lo suficiente para meter el molde de flores. Se va cogiendo masa con una cuchara sopera y quedan esas lindas orejas.

De la despensa:

(para unas 30 flores)
6 huevos
Aceite de oliva virgen
250gr. de leche
180 gr. de harina (en la actualidad uso de repostería)
Aceite de girasol para freírlas 
(para el toque final)
100 gr. miel
Zumo de un limón.
Azúcar.

Manos a la obra:
Preparar el almíbar, para ello calienta el zumo del limón y mezclar la miel removiendo hasta que se disuelva.

1. En un recipiente (tipo vaso medidor de los que vienen con las batidoras) echar los huevos, el azúcar, la harina y la leche. Batir hasta conseguir una masa homogénea.

2. En una sartén o cazuela que sea honda echamos bastante cantidad de aceite de girasol (unos 4 dedos) y poner a calentar. Introducir el molde en el aceite para que se caliente, cuanto más caliente esté el aceite y el molde mejor salen las flores.

3. Sacar el molde del aceite, sacudir para que caiga el exceso de aceite y meterlo en el bol de la masa sin llegar a cubrir la flor completa.
Rápidamente meter el molde impregnado con la masa en el aceite caliente, la flor se soltará sola al inflarse la masa. Cuando la flor se suelte, dejar el molde en el aceite para que se caliente de nuevo.

4. Dar vuelta a las flores para que se cocinen por los dos lados y repetir la operación hasta terminar con la masa.

5. Una vez hechas las flores las colocamos en una fuente y damos el toque final. A mí me gusta espolvorear azúcar por encima, a la madre Cuentacuentos y a mi padre el zagal les gusta echar el almíbar… ¡prueba las dos y elige!

Moraleja:
Cada casa tiene su receta y sus trucos, hay casas en las que no se pone aceite en la masa, hay otras más golosas en las que se añade azúcar a la masa (para esta cantidad de masa dos cucharadas sopera de azúcar, puede ser avainillado)...

Y aquí os dejo los orejones