viernes, 10 de julio de 2015

Érase una vez... vuestros bizcochos de zanahoria.


Érase una vez una Cuentista que un día decidió preparar para los habitantes del Reino un bizcocho de zanahoria.

La base de la receta se la tomó prestada a Ana Q. Sé que las comparaciones son odiosas... pero lo justo es que podáis ver cómo la hace Ana, os prometo que la base está sacada de una obra de arte.

He querido robar la foto y no he podido... Ana... sé buena y envíamela para poder poner aquí tus mariposas y las rosas sobre la crema de mascarpone.

Antes de prepararlo en el Reino hizo varias pruebas y con la primera se ganó el corazón de Ana (otra más)... bueno realmente se ganó dos, porque dentro llevaba otro corazoncito latiendo... África dio su beneplácito a la receta y mientras viajaba en la barriga de su mamá se lo pidió varias veces.

Del primero no me llegó foto porque desapareció antes de aparecer la cámara, creo que este fue el segundo ¡¡o el tercero!!


El tiempo pasó y un buen día Silvia decidió marcarse un "total food" Cuentista... Me consta que en el Reino real se dice "total look" pero yo vivo mucho más entre cocinas que entre pasarelas. 

De primero hizo la ensaladilla de mi madre y de postre la tarta de zanahoria sin frosting, se dio prisa en sacar la foto de la tarta porque vio que la ensaladilla había "casi desaparecido" antes de hacer la foto y no se la quiso jugar...

La ensaladilla la veréis dentro de poco... ¡Lo poco que quedó!


Aquí llega la de mi chivilla... Sonia probó la mía definitiva y sin dudarlo le gustó más con el frosting, de manera que pasamos el fin de semana gocheando y echándolo en nuestra tarta para acompañar al café.

Mucho me temo que el suyo ha quedado un pelín líquido y necesitaba frío... Pero la zampona no pudo esperar más, debía tener ganas de clavar el diente y no dejó que se enfriara.

Chiviiiii... Tengo un frosting nuevo que podrás probar el domingo y una tarta que te va a quitar el sentío. ¿La hacemos el lunes?


Y ahora voy a reconocer que me desborda el orgullo y sé que a él también... 

¿No es así Nando? 

Supongo que si hace un año alguien te hubiera dicho que una tarta de zanahoria hecha por ti iba a salir en un blog de cocina... Te habrías carcajeado. 

Pues aquí está. Preciosamente dorada y redondita.

Nuestro reino es mágico, todo es posible en él y ahora sabemos que todo se puede conseguir... 


Y aquí llega... La estrella.

Perdón, quería decir la estrellada. Un claro ejemplo de los pasos que hay que seguir para lograr un bizcocho (este no es de zanahoria) original.

No dejará a nadie indiferente, un horneado perfecto, una textura inmejorable y un desmoldado impecable. 

El autor de tanto despilfarro de gracia culinaria no es otro que mi hermano Pablo... Hizo varias fotos del bizcocho de chocolate y poco a poco las podréis ver todos porque merecen un lugar de honor en nuestro Reino. Junto a las tortitas estrelladas.


Y colorín, colorado... Vuestras tartas hasta aquí han llegado. 

martes, 7 de julio de 2015

Érase una vez... Grissini


Érase una vez una Cuentista que hizo una promesa...

Un buen día preparó un delicioso paté de mar y prometió unos grissini para poder picotear ambas cosas juntas.

Y aquí están... vienen sin cuento porque hay veces que las palabras se atascan y no quieren salir.

Hay veces que la cabeza anda llena de ogros, brujas, pócimas malignas y no me apetece dejar que entren en nuestro mundo... 

Por eso sólo os traigo los palitos, prometo utilizarlos para ahuyentar a los malos y ponerlos contra la pared por portarse tan requetemal. 

Echadme una mano, preparadlos vosotros y así me daréis las armas para conseguir alejarlos de nuestro Reino.

De la despensa:


(Unos 30 palitos)
410 gr. de harina de fuerza.
1 sobre de levadura de panadero.
50 gr. de aceite de oliva virgen.
120 ml. de agua tibia.
90 ml. de leche.
12 gr. de azúcar.
8 gr. de sal.
Sal Maldón /pimienta molida / tomillo / pimentón picante...

Manos a la obra:
Colocar en la bandeja del horno una hoja de papel sulfurizado (de horno).

1. En un recipiente grande echar la harina, la sal, y el azúcar, mezclar todo bien.

2. Diluir la levadura en el agua tibia.

3. Hacer un huequecito en el centro y echar los líquidos (salvo el aceite). Mezclar todo muy bien con la mano.

4. Colocar la mezcla en la encimera e ir amasando hasta que tengamos una masa integrada, añadir el aceite y seguir amasando hasta que no se pegue en la mano limpia.

5. Dividir la masa en dos para hacerla manejable de tamaño y estirarla con el rodillo dando una forma rectangular con un grosor de medio centímetro más o menos.

6. Yo utilizo una espátula larga metálica (de las que se usan para estirar el chocolate o preparar tartas) para cortar tiras de 1 cm. de anchura. Echar por encima la sal Maldón y la pimienta espolvoreada. Con las manos arrastrar el palito ligeramente redondeando para formar un cilindro. Ir colocando cada palito en la bandeja del horno con el papel.

7. Meter la bandeja en el horno precalentado y hornear 15 minutos a 200º, tendréis que preparar varias bandejas.

Moraleja: En lugar de sal y pimienta podéis echar tomillo, pimentón picante (a través de un colador para que no queden grumos) o lo que se os antoje. Yo suelo hacer unos poquitos de cada. No os preocupéis si quedan dobleces en el cilindro o desiguales, esa es la gracia de hacerlos en casa.

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.

viernes, 3 de julio de 2015

Érase una vez... La harina.


Nada… ni caso debéis hacerme algunos días.

Por algún motivo que no termino de comprender me ha dado por meteros los viernes unos rollos insufribles sobre ingredientes… y hoy os toca la harina.

Érase una vez una Cuentista cabezota y terca, un buen día fue a comprar harina y al ver cómo se han ido llenando las estanterías de los supermercados con todo tipo de harinas y mezclas pensó en intentar explicar las diferencias entre unas y otras.

La harina es el polvo que se obtiene al moler las semillas de algunas gramíneas como el trigo, el arroz, el maíz… o de algunos tubérculos y legumbres.

No me planteo hablar de todas ellas y me voy a centrar en la que más usamos en todas las casas, la de trigo.

La harina de trigo está compuesta en su mayor parte por almidón (70%), proteínas (entre un 9% y un 12%), grasas, agua y minerales. La cantidad de proteína es la que hace que una harina se considere de fuerza o no.

Palabras mayores, lo sé, me consta. He pronunciado las palabras mágicas… harina de fuerza.

¿Qué es una harina de fuerza? ¿Para qué se usa? ¿Cómo decidir si usar harina floja o de fuerza?

Pues aquí tenéis a una alocada Cuentista que pretende dar respuesta a una de las grandes incógnitas de la humanidad.

Para no mataros de aburrimiento… voy a empezar contando una curiosidad de las mías…

La harina de fuerza proviene de granos de trigo duro, también se puede llamar harina de primavera porque se obtiene de trigos sembrados en esa época o harina de flor porque se utiliza un sistema especial de molienda en la que sólo se aprovecha el centro del grano… “la flor”.

La harina floja o harina de invierno procede de los granos de trigo sembrados en invierno… obviamente.

La diferencia fundamental entre las dos harinas y sus usos está en la cantidad de proteína que tienen en su composición, esa proteína principalmente es el gluten.

A mayor cantidad de gluten mayor fuerza.

A mayor fuerza, mayor capacidad para absorber agua y como bien dice su nombre… mayor resistencia a ser estirada.

Cómo base fundamental para que empecemos a aclararnos os voy a dar unas normas muy sencillas:

1. Para las masas (saladas o dulces) que llevan levadura natural (de panadería o fresca) se utiliza harina de fuerza, las levaduras son unas devoradoras de azúcar y producen gases (cómo los humanos con las legumbres). Esa gasificación hace que si utilizamos una harina sin fuerza la masa pierda consistencia y se caiga.

2. En masas que llevan mucha grasa se utiliza harina de fuerza ya que la grasa contrarresta el efecto de la proteína… si en una harina de poca fuerza metemos grasa… la masa se nos quedará blandita, sin consistencia y espachurrada.

3. No debemos confundir jamás masa gasificada por fermentación de las levaduras naturales, con una gasificada por impulsores químicos (levadura Royal).

Dicho esto... La harina de fuerza es la que debemos utilizar para masas resistentes que llevan grasa o azúcar y que requieren el uso de levaduras naturales, fermentación y amasados.

La harina floja se estira con más facilidad, por eso es la que se usa con levadura química o con batidos prolongados que meten aire en la masa y hacen innecesario el gasificante, como ocurre con el bizcocho básico de tartas, los crêpes, magdalenas… La harina floja se usa para masas que no deban ser elásticas ni encoger…

¿Queremos que unos churros queden elásticos? Nooooo… pues harina floja.

Queremos hacer una masa de hojaldre que lleva varios millones de kilos de mantequilla y levadura fresca… ¿Qué harina usaremos? Pues la de fuerza, porque con la floja se nos quedaría un potito de harina.


Os he preparado un minicuadro para simplificar todo esto más:


Churros
Crêpes
Gofres
Masa quebrada
 Harina flojaBizcochos con levadura química.
Magdalenas
Sobaos
Buñuelos

  
Masas para pizzas
Masas de hojaldre
Croissants
Harina fuerza/media fuerza      Roscones de Reyes
Bollería con levadura natural
Panes
Donuts y donettes

Moraleja: Ya hemos hablado un poco de las levaduras, otro tanto de las harinas... dentro de poco nos toca hablar de las masas que es el punto al que una servidora quería llegar, pero antes me gustaría haceros una pregunta...