jueves, 28 de mayo de 2015

Érase una vez... Pizza.



Hoy no es martes, ni viernes... hoy no tocaba cuento, pero es un día muy importante para nuestra Cuentista, tan importante que sólo va a escribir un cuento en toda la semana. Para una personita muy especial.

Érase una vez una princesa heredera…

Cuando la princesa era una pequeña de 7 años se metió en la cocina del Reino y junto a la Cuentista decidió preparar una pizza. Desde entonces no ha parado de cacharrear entre los fogones.

Suele cocinar junto a su padre las recetas del reino de “Cuentos de sal y pimienta” y prepara esponjosos bizcochos junto a su mamá, bizcochos que jamás se come porque también ha heredado de su tía Cuentista el gusto por las recetas saladas.

Cuentista y Minicuentista preparan dulces para que disfruten los demás, ellas se quedan con los quesos, la ratatouille, los platos de pasta y el tomate…

Hoy es su cumpleaños, su primera decena, para un día tan importante en la vida he decidido hacerle tres regalos:

El primero es la receta del primer plato que hicimos juntas: La pizza.

El segundo y por seguir la tradición que empezó el año pasado... un recuerdo: Laura, cuando a lo largo de tu vida tengas un mal día o la tristeza te ronde... intenta recordar las carcajadas que hemos compartido con la saga de los cuentos en los que decidí convertiros a ti y a Ismael en el pirata Ismael Marrano y la mayordoma Laura Caga.

Y el último de los regalos... te nombro princesa heredera...

Te dejo la mitad de mi reino “Cuentos de sal y pimienta”. Me gustaría que con el tiempo te encargaras de cuidar, escribir y cocinar para mantenerlo vivo.

Deberás cuidar el reino junto al otro heredero al trono… Espero que en lugar de piratas seáis reyes y que cocinéis con el mismo cariño que ahora.

Tendréis que mantener firmes y a raya a los ogros, brujas y trolls, pero contaréis con la ayuda de muchos duendecillos y hadas que os ayudarán a conseguirlo.

Sabes que te quiero mucho Laura, felicidades pequeña por esa primera decena de años. 

¡¡¡Si pincháis el enlace de "año pasado" que os he puesto arriba podréis ver a Laura con la pizza que hicimos juntas!!!

Moraleja: Las de la foto son minipizzas... yo hice varias para elegir los sabores que más me gustaran. y os traigo las dos ganadoras. 
1. Queso, mozzarella,  tomates cherry, pavo, cebolla pochada y aceite aromatizado con ajo, perejil y orégano.
2. Arándanos frescos, dátiles, cebolla caramelizada y quesitos mini babybel.

De la despensa:
(para dos pizzas, porque con una no hay ni para empezar... mientras nos comemos la primera... horneamos la segunda).

Para la masa:  

                           

500 gr. de harina de fuerza.
200 gr. de agua.
50 gr. de aceite.
1 sobre de levadura seca de panadería. (ó 20 gr. de levadura fresca.)
1 cucharadita de sal.

Para la pizza salada:




4-5 cucharadas de salsa de tomate por pizza. (o en su defecto tomate frito).
100 gr. queso rallado.
1 bola de queso mozzarella.
4 lonchas de fiambre de pavo.
6-8 tomates cherry.
1/2 cebolla.
1/2 diente de ajo.
1/2 cucharadita de perejil picado.
1/2 cucharadita de orégano.
2 cucharada de aceite.

Para la pizza saladulce: 



Ésta opción queda estupenda como segunda pizza porque la mezcla del dulce, con el queso y la acidez de los arándanos queda casi como postre.

1 puñado de arándanos.
1 puñado de dátiles, se pueden sustituir por orejones o pasas.
100 gr. de queso rallado.
2 cucharadas de cebolla caramelizada.
3 quesos mini babybel.

Manos a la obra para la masa de pizza:

1. Templar el agua con el aceite. (si hemos optado por la levadura fresca hay que diluirla en ésta mezcla).

2. En un recipiente echar la harina, la levadura (si hemos elegido la seca) y la sal.

3. Hacer un agujerito en el centro de la harina y echar la mezcla del agua y aceite.

4. Con la mano ir mezclando bien todos los ingredientes y cuando estén mezclados pasar a la encimera y amasar.

5. Meter en una bolsa de plástico (yo uso las grandes con autocierre de Mercadona) y dejar reposar hasta que doble el tamaño, suele tardar alrededor de una hora.

6. Pasar la masa a la encimera y desgasificar amasando de nuevo, cortar la masa por la mitad y formar dos bolas. Dejar un rato para que se relaje la masa.


Manos a la obra para la pizza salada:

Precalentar el horno a 250º

1. Machacar en un mortero el medio diente de ajo, añadir el perejil, el orégano y el aceite y dejarlo macerar.

2. Colocar una de las bolas de masa en la encimera e ir extendiéndola desde el centro a los bordes.

Los napolitanos no usan rodillo, usan los dedos y van empujando la masa hasta dar la forma y el grosor buscado. Una pizza italiana debe tener la masa muy fina... Yo cuando veo que ya va quedando del tamaño que busco coloco un papel en la encimera y la estiro sobre el papel para no deformarla al cogerla para meter en el horno.

3. Con una cuchara echar la salsa de tomate en el centro de la masa y dibujar círculos con ella para ir extendiendo el tomate hasta llegar a un centímetro del borde.

4. Repartir el queso rallado por encima del tomate.

5. Con un cuchillo picar el fiambre de pavo en tiras y repartirlo por encima del queso.

6. Lavar los tomates, cortarlos por la mitad y ponerlos en un recipiente.

7. Cortar la mozzarella en trozos tamaño bocado y añadirlos al bol de los tomates. Echar por encima el aceite con las especias que teníamos reservados y mezclar todo bien para que se impregnen con el aceite aromatizado.

8. Echar por la pizza los tomates, la mozzarella y la cebolla que previamente habremos cortado y pochado hasta dejar transparente, sin llegar a terminar la cocción.

9. Bajar la temperatura del horno a 220º, meter la pizza y hornear 25 minutos. Comprobar que los bordes estén dorados y crujientes golpeando con el mango de un tenedor... si ya están crujientes... disfrutar de esta pizza tan sencilla y deliciosa.

Manos a la obra para la pizza saladulce:
Precalentar el horno a 250º y estirar la masa como hicimos en la opción salada.

1. Repartir el queso rallado por la base de la masa.

2. Cortar los arándanos por la mitad y los dátiles en tiras.

3. Repartirlas por encima del queso.

4. Cortar los quesitos mini babybel en cuatro y repartirlos por encima de todo lo anterior.

5. Echar tiras de cebolla caramelizada por encima con el jugo de la caramelización.

6. Bajar la temperatura del horno a 220º, meter la pizza y hornear 25 minutos. Comprobar que los bordes estén dorados y crujientes golpeando con el mango de un tenedor... si ya están crujientes... disfrutar de esta pizza tan sencilla y deliciosa.

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.

viernes, 22 de mayo de 2015

Érase una vez... Tomates y tomata.


Había una vez un pueblo soleado y apacible… escondido en los montes de Toledo, rodeado de huertas, viñedos y olivos.

Las casitas blancas estaban hechas de piedra encalada para que el calor del verano no entrara en el interior.

Al caer la tarde, la mujer de la casa salía con un cubo a refrescar el suelo del umbral de la puerta, una vez mojado el suelo sacaba una silla y su cesto de labor para hacer los deshilados que más tarde bordaría para hacer sábanas, manteles y servilletas de “Lagartera”, todo ello para preparar el ajuar que entregaría a su hija el día que se casara.

El pueblo del que hablo es por supuesto el de nuestro zagal y padre de la Cuentista. En su momento os hablé de ambos el día que preparé las deliciosas almejas en su jugo.

Los veranos de mi niñez están repletos de recuerdos en ese pueblo, sentada en esas sillas a la puerta de casa viendo bordar a las mujeres mientras esperaba la hora para irme a pasear con mis amigas. Comer un fresco tomate con sal allí sentada plácidamente es uno de los recuerdos que guardo…un tomate que sabía a tomate.

¿A qué otra cosa puede saber un tomate si es un tomate? Respuesta actual… A NADA.

Preciosamente redondos, rojos, todos del mismo tamaño para no afear la caja que los contiene y absurdamente insípidos, una decepción para mis preciosos recuerdos.

Hoy día se pueden conseguir buenos tomates. Para semejante misión debemos buscar o pedir a Daniel nuestro recién nombrado “Caballero de la Real Orden de la Hortaliza” que nos traiga unos poquitos de la huerta de la Dama Ana. Adoro esa huerta y las manos de su padre.

Pues bien, hoy he querido traer una entrada en la que os hablo de los distintos tipos de tomates que podemos encontrar en las tiendas y de cómo aprovechar sus características dependiendo de las cualidades de su carne.

Los tomates necesitan muchas horas de luz solar y muchos mimitos por parte del agricultor. Los frutos que permanecen más tiempo en la mata acumulan más azúcar, ácido y aroma. De ahí que los que crecen en huerta soleada y sin prisas resultan mucho más sabrosos y aromáticos.

Vamos con las pistas para saber qué tomates compramos y los usos que mejor resultado dan dependiendo de la especie…

Tomates tradicionales: Suelen ser bastante grandes, a menudo deformes, con colores variables que pueden ir del rosa al rojo y en ocasiones tienen surcos imposibles. Son los sabrosos tomates de mis recuerdos, los que me consigue el Caballero Daniel. No es fácil encontrarlos porque solo se dan en pleno verano y conviene comerlos con rapidez desde que se recolectan.

… son ideales para comer a bocados, en fresco.

Tomate de etiqueta: Se reconocen comercialmente por su nombre, por eso se denominan “de etiqueta”. Estos tomates deben cumplir una serie de condiciones especiales de cultivo para conseguir unos frutos de gran calidad. Perfectos para ensaladas o solos. A ésta variedad pertenece el tomate Raf o el Kumato.

Tomates cherry: De pequeño tamaño y muchísimos colores, formas y sabores. Deben ser duritos y consistentes al tacto, bien coloreados. El sabor es dulzón, cuanto más pequeños mejor sabor tienen. Son estupendos para aperitivos y ensaladas.

Tomate pera: Tienen una piel muy fina y son muy carnosos, resultan estupendos para conservas, salsas, sopas frías y para secar. Son los que uso siempre para hacer salmorejo.

Tomate en rama: De tamaño medio y con un color rojo muy vivo, para que aguanten más tiempo tenéis que dejarlos con el tallo y observar que la rama esté fresca y verde. Son perfectos para cocinar.

Tomate de larga vida: Aquí empezamos con mis quebrantos… son unos tomates mejorados para que aguanten en buenas condiciones el máximo tiempo posible. Es un tomate que vale “pa tó”, en mi casa no vale “pa ná”. Son muy lisitos, con un precioso color uniforme.
Por desgracia este es el tomate más consumido porque lo encontramos en todas las tiendas, todo el año y el precio suele ser más asequible… A mí me parece carísimo porque es pagar para no saborear nada.

Me guardo para el final un tomate que no se llama tomate... se llama tomata.

Esa maravillosa delicia es el más grande de la foto, el que tiene esa mancha feucha en la piel... esa preciosidad puede llegar a pesar dos kilos de maravillosa carne porque la tomata apenas tiene "placenta". 

Es un tomate típico del norte de España muy poco machacado en los mercados ya que siempre tiene esa mancha en la piel y suele tener muchas estrías. No se ve bonito y somos tan tontos que no lo compramos. Al no tener salida de mercado no se ha intentado mejorar genéticamente...

Una vez me contaron que la tomata es uno de los secretos mejor guardados de Cantabria, prefieren que nadie sepa que la tomata de Galizano, madurada con la brisa del mar Cantábrico es probablemente el mejor tomate del mundo... perdón... la mejor tomata del mundo.

Entramos en temporada de tomates y debo un agua de tomate a Sonia, de este año no pasa que se la prepare… ¡¡Es una promesa cuñá!! 


martes, 19 de mayo de 2015

Érase una vez... Pollo a la zorra.



A priori pueden parecer dos ingredientes difíciles de mezclar… salvo en nuestro Reino…

Érase una vez un zagal... hablamos, claro está, del padre de nuestra Cuentista. Para todos aquellos que no lo sepan... un zagal es un joven pastor de ovejas. El zagal creció y cuando se hizo mayor, por los avatares de la vida, terminó viviendo en un pueblo de la montaña cántabra.

Un buen día decidió “echar unas gallinas”.

Lo primero que hizo fue fabricar un gallinero. Su pequeño nieto Minichef quiso una casita igual en cuanto vio lo que había construido… Una zona con cemento, otra de tierra para que pudieran picotear bichillos y tierra, una casita de madera con dos entradas, nido cerrado para poner huevos y palo para que pudieran dormir en alto. Todo un lujo gallineril.

¡¡Qué contentas y felices estaban las gallinas!! Tanto, tanto, tanto, que decidieron no poner huevos, se dedicaron a pasear, comer y darse la gran vida durante los primeros cinco meses.

El zagal y la madre Cuentacuentos empezaban a plantearse la posibilidad de retorcer sus pescuezos y preparar cocidos madrileños con su carne… Ellas, en un alarde de espabilo, debieron percatarse de los pensamientos e intenciones de sus desesperados amos porque un buen día empezaron a poner huevos.

El zagal entonces decidió que era el momento de meter dos gallos en el corral, en otro cuento os contaré las peripecias del gallo amaestrado y su "duro" final porque es merecedor de un cuento propio. De momento lo importante para nuestra historia es que la felicidad llegó al pueblo y dio comienzo un periodo de amor y paz… pero nada dura eternamente.

Un buen día una gran algarabía llegó hasta la casa del zagal. Uno de los vecinos se acercaba corriendo dando un aviso a gritos:

¡¡ZORRA, ZORRA… HAY UNA ZORRA!!

Una zorra se había acercado a la huerta del zagal cuando las gallinas estaban libres y jugueteando fuera de la zona vallada. Mató a dos gallinas, malhirió a un pollo y huyó con otra de las gallinas en la boca. Quedaron vivas tres gallinas, una de ellas estaba tan traumatizada que se pasó varios días temblando dentro del gallinero sin querer salir.

El pollo malherido tuvo que ser sacrificado y de ahí salió ésta receta. “Pollo a la zorra”. Así es como se consiguen mezclar ingredientes tan variados.

De la despensa:

(para cuatro zagales)
1 pollo.
Una cabeza de ajos.
1 cebolla grande.
2 zanahorias.
1 vaso de cava o vino blanco.
1 vaso de agua.
Sal.
Aceite.

Manos a la obra:
1. Cortar la cabeza de ajos por la mitad, sin pelar y echarla en una sartén grande con aceite. Freír un par de minutos.
2. Ir echando la carne troceada, salar y rehogar hasta que la carne se vea hecha por fuera.
3. Cortar la cebolla en trozos "groseros" y echarlos a la cazuela de la carne. Añadir sal a la cebolla.
4. Pelar y cortar en rodajas la zanahoria y juntar con todo lo demás.
5. Rehogar hasta que las verduras estén blandas y añadir los líquidos: el cava y el agua. 
6. Una vez añadidos los líquidos dejar a fuego fuerte hasta llegar a ebullición. Pasado un minuto bajar el fuego y dejar reducir hasta el punto de salsa que nos guste.

Moraleja: En realidad la recetas es de mi madre, lleva toda la vida preparando el pollo así y os recomiendo desde el corazón que lo hagáis, tiene dos recetas estrella para el pollo y ésta es una de ellas.
No os vais a arrepentir de hacerlo y pasará a ser parte de vuestra dieta habitual, una receta sencilla con los sabores clásicos de la cocina tradicional.

viernes, 15 de mayo de 2015

Érase una vez... Como agua para chocolate.



Érase una vez un libro escrito para todos aquellos que aman amar y aman la cocina...

"Como agua para chocolate" es un libro para leer con calma, para disfrutar de Tita y sus recetas. Sus lágrimas te harán reír, sus recetas te harán saborear la vida y los sentimientos.

Tortas de Navidad.

Esas son las primeras palabras del libro, dicen que los editores sólo necesitan leer las dos primeras páginas de un libro para saber si enganchará o no... yo sólo necesité leer esas tres palabras. 

El libro empieza con una receta que desde entonces se pasea por mi vida, algo que quiero preparar y nunca hago... hechas con sardinas, chorizo y especias... tienen que estar deliciosas. Pero no soy Tita. 

Tita es la protagonista de la historia, una joven tan llena de amor y sufrimiento que, con la magia que rodea su vida, aporta a sus recetas el sentimiento con el que las prepara y se lo transmite a las personas que se lo comen. Es la cocinera de las emociones. 

Pero yo apenas soy una Cuentista que, cuando decidió abrir el blog, abrió al mismo tiempo este libro con la intención de ser una de las primeras entradas sobre "arte en la cocina"que quería compartir.

Siempre que la Cuentista oye las palabras "Como agua para chocolate" hace un viaje en el tiempo y se va directa a una tarde de hace muchos años, la tarde que vio la película rodeada de su familia y de la que hoy en día seguimos guardando todos un recuerdo entre carcajadas. 

Me voy a guardar la historia de la tarde porque será el cuento de la siguiente receta, sólo os adelantaré el nombre del protagonista aunque sé que mi hermano no necesita que se lo recuerde. 

Nuestro primo Yuli. 

Han pasado muchos años, muchísimos...pero siempre supe, desde que la idea del blog entró en mi vida, que el cuento llegaría y este libro también.

Moraleja: Si queréis leer la maravillosa receta de las codornices en pétalos de rosa... la encontraréis dentro del libro.

martes, 12 de mayo de 2015

Érase una vez....Ensaladilla rusa.


Érase una vez una madre Cuentacuentos insegura. Creía que era una mala cocinera y siempre pensaba que todo lo que preparaba estaba regular y no era del gusto de nadie.

La Cuentista aprendió una de las grandes lecciones de la vida con ella a lo largo de los años: La inseguridad provoca ceguera.

El cuento de hoy es un cuento de misterio, porque de todos es sabido que los ingredientes de la ensaladilla rusa son siempre sota, caballo, rey y mayonesa.

En cada casa se prepara una ensaladilla distinta con ingredientes parecidos y todas son completamente diferentes. La que prepara la madre Cuentacuentos es, según la opinión de todos los que la han probado, la mejor que han comido jamás. Solo una persona opina distinto… Ella misma.

Durante muchos años yo he utilizado exactamente los mismos ingredientes, el mismo método, todo igual… salvo el resultado. Un día, harta de no conseguirlo nunca, me puse a su lado para seguir todos los pasos con ella y ahí me enteré de su secreto.

Un ingrediente que no sabía: Brazo de padre.

Y el misterio de la ensaladilla insuperable se descubrió.

El truco de la madre Cuentacuentos era dar el cuenco con los ingredientes ya cortaditos y la mayonesa por encima al padre de la Cuentista y pedirle que se encargara de mover muchísimo la mezcla, vueltas y vueltas y más vueltas. Con tanto mareo de patatas se consigue que la mezcla quede homogénea y la patata se deshaga un poquito creando una textura estupenda.

De la despensa:

4 patatas medianas.
2 huevos.
2 latas de atún en aceite pequeñas (de 80gr. cada una)
15-20 aceitunas rellenas.
Una lata de pimiento morrón pequeña.
Mayonesa.
Aceite.
Vinagre.
Sal.

Manos a la obra:
1. Lavar las patatas y ponerlas a cocer en una cazuela con agua fría y sal. A los 25 minutos añadir los dos huevos y dejar 10 minutos más. Pinchar las patatas con un cuchillo y si el cuchillo sale con mucha facilidad es que ya están cocidas. Retirar del fuego, escurrir el agua y dejar que se temple.

2. Pelar las patatas y uno de los huevos con los dedos (el otro lo reservamos para decorar). Picar todo en daditos pequeños (paisana para los que me seguís) e ir echándolo en un cuenco grande.

3. Picar las aceitunas y los pimientos morrones (reservando 4 ó 5 aceitunas y unas tiras de pimiento para la decoración) y añadir al recipiente.

4. Desmenuzar el atún y echarlo junto con todo lo demás.

5. Aliñar con un chorrito de vinagre y otro de un buen aceite de oliva virgen extra (AOVE).

6. Echar la mayonesa y entregarle el recipiente con todos los ingredientes al padre de la Cuentista para que se dedique a marear la ensaladilla.

7. Colocar la mezcla mareada en un plato dando una forma bonita, echar un par de cucharadas de mayonesa por encima y formar una capa por encima de la superficie en contacto con el aire. Decorar con rodajas de huevo, tiras de pimiento y aceitunas enteras.

Moraleja: Si no tenéis al padre de la Cuentista a mano.... haced entrega del tesoro a un brazo fuerte que tengáis en casa.
Hay días que la madre Cuentacuentos añade una latita de guisantes (yo la prefiero sin guisantes) y a muchos les gusta añadir zanahoria. Si pertenecéis a ese grupo... tenéis que pelar la zanahoria y ponerlas a cocer enteras y peladas con las patatas.
Hoy os traigo otra foto más... Es la ensaladilla genuina de mi madre, decorada con primor y simetría (la simetría es fundamental para ella), la ha hecho para vosotros (aunque me la comeré yo :-))




Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.



viernes, 8 de mayo de 2015

Érase una vez... el pulpo


Érase una vez… Una Cuentista que se quiso convertir en bruja por un día.

Decidió construir una casita pequeña en el Reino, dentro de ella quería guardar trucos que se iba encontrando cuando salía a pasear por la aldea y los bosques… 

Los habitantes del reino guardan tesoros que comparten con ella y no quería perderlos, si en algún momento alguien necesita uno de ellos… sólo tiene que entrar en la pestaña mágica "Abracadabra" y buscar.

Poco a poco nuestra Cuentista irá guardando la magia en la casita y si las estrellas se alinean y aprende cómo... abrirá una pestaña en la parte superior para que sea más sencillo encontrar todo. 

He querido abrir este espacio con un cuento de miedo: ¡¡EL TERROR DE LA COCINA!! Cocer pulpo tiene el don de provocar temblor de piernas y miedo en los huesos, lo mejor es probar el método que más nos guste y mantenerlo.

Os traigo varios sistemas muy sencillos para que la carne de un pulpo nos quede tierna.

Lo primero… comprar bien… existe un pulpo fibroso que jamás quedará tierno. Se trata de la hembra desovada, una vez cocido sabremos que nos hemos confundido en la compra porque en el centro de cada medallón queda un hueco. Ya podéis preparar papel y envolverlo para usar como chiche con sabor a mar.

Para diferenciar un pulpo macho de una hembra solo tenemos que mirar el tercer tentáculo hacia la derecha… en un macho ésta pata es más corta y más ancha, terminada en una especie de pala. (Para los curiosos que quieran mirarlo… se llama brazo hectocólito)

Y una vez comprado un pulpo adecuado nos toca romper los nervios de su carne para que no quede duro, pare ello tenemos tantos sistemas como pulpos…

- La famosa paliza: Consiste en golpear con un rodillo todo el pulpo, zona por zona. Tradicionalmente las pulpeiras gallegas dicen que la manera correcta es golpear al animal unas 40 veces contra una superficie dura. No me veo… la verdad.

- Asustar al pulpo: Querido hermano... no quiero chanzas al respecto y antes de que te metas conmigo diré que es otro tipo de susto. Consiste en poner una olla con agua al fuego y cuando hierva cogemos al pulpo por la cabeza y lo metemos tres segundos. Esto debemos hacerlo tres veces y cada una de las veces debemos dejar que el agua rompa a hervir de nuevo antes de introducirlo.

- El pulpo acorchado: Hay que meter en el agua de la cocción un corcho y dejarlo dentro durante toda la cocción. (Este sistema me lo ha dado un cocinero pero yo no lo he probado).

- Pasmar al pulpo: Cuando lo compréis debéis meterlo en una bolsa y congelarlo. Antes de cocerlo debemos dejar que se descongele.

Y ahora voy a intentar daros unas pequeñas pautas para cocerlo una vez congelado o golpeado.

1. Poner en una olla grande agua con un puñadito de sal, opcionalmente se puede añadir una hoja de laurel y una cebolla cortada por la mitad.

2. Cuando rompa a hervir se introduce el bicho y se deja cocer alrededor de 18 minutos por kilo.

El pulpo que está bien cocido debe quedar un poco “al dente”, si nos pasamos de cocción quedará correoso.

Cuando esté cocido no lo saquéis del agua caliente, dejar que se enfríe dentro de la cazuela para que no se rompa la piel.


¡¡Y ya está!! Voy a seguir intentando abrir una pestaña en el blog para guardar al pulpo.

Y colorín, colorado... este truco se ha acabado.

martes, 5 de mayo de 2015

Érase una vez... Bizcocho de zanahoria.



Hubo una vez, en un tiempo muy cercano, un mundo lleno de hadas, duendes y demás personajes fantásticos, cada uno tenía su propio espacio en el corazón de nuestra Cuentista…

Un buen día salió a pasear y se encontró un Reino blanco, lleno de muebles usados, jarrones de cristal con flores secas y una jaula.

El mundo era mágico y la jaula era tan hermosa que nuestra Cuentista se dejó atrapar en ella, cuando estaba triste se metía dentro y charlaba con la soberana del Reino.

El nombre del Reino era Santa&Co… un manto blanco de magia y cariño arropa al que se adentra en él.

Su Reina, la hermosa Ana, tiene una sonrisa que abarca hasta los confines del mundo y unas manos que endulzan las tristezas de todo aquél que entra hasta hacerlas desaparecer. Lo que ella no sabe es que no son sus manos las que preparan las deliciosas recetas que hace… es su alma. Ahí está el secreto.

La jaula se fue llenando poco a poco con las personas importantes en la vida de la Cuentista, el aura blanca y mágica de Ana se ganó el corazón de toda su familia y el de otras personas que con el tiempo se han convertido para la Cuentista en otra familia... la de "el Santa". 

Gracias por arroparme con tu manto Ana.

La receta que os traigo hoy es un delicioso bizcocho de zanahoria relleno con un frosting de queso y limón. 

Ana prepara la mejor tarta de zanahorias que he probado en mi vida. Ella es tan absurdamente buena que cuando le pedí una receta para el blog me quiso dar su receta secreta... por supuesto no la quise... Ella se trabaja muchísimo cada uno de los platos que prepara, lo último que quiero es publicar una receta que atrae a muchos clientes y perjudicar de alguna forma a la Reina Blanca.

La que os traigo se la he "robado" a otra Ana, del blog "Cocinando en Ibiza", una de las encargadas de curar mis heridas con harina y masas. El bizcocho está buenísimo, de hecho... yo lo prefiero a pelo, sin el frosting... 


De la despensa:
Ingredientes para el bizcocho:



- 4 huevos.
- 200 gramos de azúcar moreno.
- 150 gramos de aceite de oliva.
- 250 gramos de zanahorias peladas.
- Ralladura de piel de una naranja.
- 40 gramos de nueces.
- 20 gramos de almendras.
- 250 gramos de harina para repostería.
- 2 sobres de levadura Royal.
- Media cucharada rasa de postre de canela molida.

Ingredientes para el frosting de queso:



- 125 gramos de queso tipo Philadelphia.
- 300 gramos de azúcar glass. Yo echo normal porque me gusta que cruja.
- 60 gramos de mantequilla a temperatura ambiente.
- Una cucharada de zumo de limón.

Batimos la mantequilla con el azúcar en la batidora. (Si usáis azúcar glass… cubrid la boca del recipiente, o la niebla se apoderará de vuestro reino). Una vez se ha mezclado bien, añadimos todo el queso crema y la cucharada de zumo de limón, el queso tiene que estar frío.  Batimos unos minutos hasta que esté blanco y cremoso.

Ingredientes para el almíbar: (opcional)




- 200 gramos de agua.
- 150 gramos de azúcar.
- 1 cucharada de postre de extracto de vainilla.

En un cazo pondremos los ingredientes del almíbar: el azúcar con el agua y lo pondremos a fuego medio, removeremos constantemente con un batidor de varillas manual hasta que observemos que el azúcar se ha derretido y junto con el agua se ha formado el almíbar (aproximadamente 15-20 minutos de cocción a fuego medio), retirar del fuego y dejar enfriar a temperatura ambiente.


Manos a la obra:
1.  Precalentar el horno a 180º grados superior e inferior.

2. En un robot de cocina triturar en primer lugar las nueces con las almendras hasta obtener
una textura granulada y reservar en un bol. Si horneáis los frutos secos una vez triturados quedan deliciosos en el resultado final, pero no es necesario.

3. En el mismo robot triturar las zanahorias y reservarlas en un bol adicional.

4. En un cuenco añadir los huevos, el azúcar y batir con un batidor de varillas
eléctrico hasta que doblen su volumen.

5. Incorporar el aceite y continuar batiendo durante un minuto más.

Retirar el batidor eléctrico y pasar al manual.

6. Incorporar los frutos secos triturados y a continuación las zanahorias con la ralladura de naranja, remover bien para que se integren bien por toda la masa.

7. Tamizar la harina, el gasificante y la canela e incorporarlos a la masa con movimientos suaves y envolventes y reservar la mezcla obtenida.

8. Engrasar el molde con mantequilla y hornear el bizcocho durante 30 minutos, finalizado el tiempo comprobar con un pincho si está bien horneado, si no es así dejar 5 minutos más. (o los que vuestro horno pida)
Montaje de la tarta:

Una vez templado el bizcocho lo cortamos por la mitad y si hemos optado por preparar el almíbar… con una cuchara vamos echando el almíbar por todo el corte, en los dos lados.

Colocamos la base en un plato, fuente o bandeja y con una manga pastelera echamos una capa del frosting, colocamos la tapa y a disfrutar!!

Moraleja: Ya sabéis la mayoría que no soy muy “dulcera”, a mí me gusta mucho más el bizcocho solo, sin almíbar y en lugar de rellenarlo me encanta poner una capa muy finita por encima y disfrutarlo con una taza de café. 

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.


viernes, 1 de mayo de 2015

Érase una vez... El aceite


Érase una vez un Reino sin aceitunas…

La falta de sol y la tierra arcillosa no permitían que los olivos fueran felices en esa tierra, las aceitunas no querían vivir allí.

Pero nuestra Cuentista no siempre vivió en tierras arcillosas… hace muchos, muchísimos años, vivió en tierras áridas y soleadas, llenas de olivos. Mientras paseaba imaginaba sus vidas, unas vidas paralelas a las humanas…

Algunos viejos olivos estaban tan retorcidos que claramente eran los abuelos de los pequeños gemelos que estaban detrás, el orgulloso padre los protegía con su sombra… oía los susurros del viento entre sus ramas y sabía que era la madre aconsejando a sus pequeños que dejaran de jugar con sus ramas o se partirían.

Si las ramitas no se partían podrían crecer preciosas aceitunas y de ahí el tesoro más valioso que un olivo puede darnos: El aceite.

Y de aceites os quiero hablar hoy.

Los italianos tienen un dicho: para que un aceite sea bueno los olivos necesitan las tres “S” seco, sasso e sole (clima seco, buen suelo y sol) y nosotros tenemos la inmensa suerte de vivir en un país con zonas “tres S”. Nuestros aceites son deliciosos, aromáticos y podemos encontrarlos en cualquier tienda a un precio muy razonable…Por no hablar de todos ellos voy a limitarme a las cuatro aceitunas más comunes.

Los cuatro aceites monovarietales (hechos a partir de un solo tipo de aceituna) más habituales son los que se extraen de aceituna hojiblanca, cornicabra, arbequina y picual. Cada uno tiene un sabor, un aroma y una buena elección puede mejorar nuestros platos.

El aceite de hojiblanca es muy afrutado porque es de recolección muy temprana, el amargor es muy ligero y se considera un aceite dulce que pica un poquito al final. Con esas características va muy bien para platos de sabor suave como la pasta, pescados blancos, cremas de verduras o a la plancha, también va muy bien para salsas y emulsiones.

La variedad cornicabra es muy aromática, con un sabor más potente a aceituna y según los catadores tiene regusto a manzana, el amargor es muy ligero, pero resulta más picante, tiene un contenido muy alto en antioxidantes por lo que es muy beneficioso para la salud y se conserva estupendamente. Es perfecto para utilizarlo en crudo porque realza el sabor natural de los alimentos, queda delicioso con ensaladas, aliños, verduras al vapor o cocidas, en escabeches, encurtidos, asados y estofados.

Los aceites extraídos de la variedad arbequina son fluidos y dulces, tienen un poder antioxidante muy bajo por lo que conviene protegerlo de la luz y el calor para conservarlo bien.
Según los catadores su sabor es muy afrutado, con toques de almendra… eso hace que quede delicioso en ensaladas con fruta, mayonesas, para pescados blancos cocidos o a la plancha y en repostería.

Y la última variedad de la que os voy a hablar es la picual, estas aceitunas dan un aceite con mucho cuerpo, con sabor a hoja de olivo, es una variedad muy apreciada en cocina porque aguanta muy bien las altas temperaturas, es perfecto para conservación de alimentos cocinados o crudos. Da mucho equilibrio en los platos porque conserva el sabor del ingrediente principal, es estupendo en guisos tradicionales, estofados, pistos, arroces. Merece la pena probarlo con los carpaccios y con los huevos fritos porque potencia mucho la suavidad de su sabor…


Me encantan los aceites, ir probando y comprando los que encuentro cuando viajo…muchas veces encuentro curiosidades. De Huesca me traje un aceite con chocolate que me hace quedar como una reina con una simple ensalada, nadie descubre lo que es... guardadme el secreto...

Moraleja: Después de hacer la foto, mi pequeño se dedicó a oler todas y cada una de las cucharas, metió el dedo en el aceite para probarlo y se comió todos los panecillos untados.

Colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.