martes, 29 de julio de 2014

Érase una vez.... Tarta de queso


Érase una vez una familia de Cuentistas que vivía en Madrid y cuando tenía tiempo libre cogía carretera y manta y se iban a Cantabria a descansar del ruido, el tráfico y los agobios de Madrid.

Hace años, la mamá Cuentacuentos compró una pequeña casita en Luena, la restauró y aunque al principio tenía pocas comodidades (mas bien ninguna) los hijos Cuentistas subían con sus amigos a disfrutar del silencio, los árboles y el verde.

Recuerdo perfectamente un fin de semana de invierno sin luz y sin calefacción. Hacía tanto frío que para intentar dormir se arroparon con todas las mantas, abrigos, bufandas y todo “lo de tela” que encontraron por la casa, utilizaron hasta las servilletas de cocina. Durmieron poco ya que solo podían dejar fuera de la montaña de ropa la parte de la cabeza que llega hasta la nariz y eso porque suele ser necesaria para respirar.

Ahora la casa tiene luz, demos gracias a las compañías eléctricas por algo, no todo van a ser críticas hacia ellas…

Ya conocéis a la protagonista de éste cuento, es Sonia. La cuñada de la cuentista y hacedora del riquísimo cocido madrileño.
Vaya por delante que Sonia es una de las personas más miedosas del mundo.

No queda más remedio que describir un poco el entorno de la casa de la mamá Cuentacuentos para poner las cosas en contexto. Voy a tratar de explicarlo bien porque es necesario imaginar el escenario para entender lo que pasó esa noche marcada por la niebla.

Es una casita pequeña. Desde la puerta lo que se ve realmente es un trozo del camino y detrás de él una pared de piedra recubierta de flores, un laurel de cuatro metros de altura y plantas.

Por la forma montañosa del terreno, no se puede ver quién llega hasta que no lo tienes relativamente cerca.

Por esas casualidades de la vida, en la fachada de la casa había una farola intermitente. De vez en cuando se apagaba y dejaba todo a oscuras, la noche solo quedaba iluminada por la luz que salía de las ventanas.
Y por esas mismas casualidades de la vida… el hermano de la Cuentista y su mujer Sonia tienen perro: Gus.

En zona de montaña sacar al perro solo requiere abrir la puerta, que el perro salga y esperar en el umbral a que vuelva tranquilamente de su paseo.

Una vez descrito todo esto… nos vamos a la noche en cuestión. Una preciosa y blanca niebla cubría el valle y los robles esa noche. Sonia decidió sacar a Gus y por algún extraño motivo el perro no quería alejarse de la casa.

A los pocos minutos Gus empezó a gruñir asustado, mirando hacia la curva del camino, con el cuerpo en tensión, en ese momento, un sonido de pasos y arrastre llegó a Sonia desde la izquierda. El gruñido de Gus, la niebla rodeando todo y el sonido de pasos hizo que todo el vello del cuerpo se le erizara.

De repente una silueta empezó a formarse desde la curva, una sombra oscura y compacta de paso renqueante. Sonia, con el miedo en el cuerpo, pudo apreciar que la figura llevaba una guadaña sobre el hombro y tiraba de una cuerda y sintió que la parca había llegado. La muerte estaba delante de la casa y venía a por ella. Y en ese preciso instante la farola se apagó.

No quiero imaginar la cara que debió poner.

Cada vez que Kiko intenta describir la expresión de Sonia pensando que era “el señor muerte” acercándose para llevarla a otros mundos, siempre se troncha de risa y no puede explicar bien la cara de absoluto terror de Sonia.

Años después se sigue recordando el episodio por la zona. Con el tiempo la historia se ha convertido en leyenda, la leyenda en mito y se sigue relatando delante de la chimenea. Y por supuesto Kiko sigue doblándose de la risa al recordar la cara de Sonia.


Y la receta de hoy tiene su propia historia, porque en uno de esos viajes conocimos un restaurante al que seguimos yendo bastante en Vega de Pas. La primera vez que probamos su tarta de queso nos enamoró inmediatamente.

Una tarde, después de comer, nos sentamos en una terracita en la plaza a tomar un café. Caía la noche y recuerdo perfectamente un comentario de Sonia (la parca no se la llevó): Solo por ésta tarta ya merecería la pena vivir aquí.

Unos años después eso se convirtió en realidad y unos años "más después" aquí tenéis la receta de la tarta, cortesía de Sonia (ya sabéis... la de la parca).

Y hoy es el cumpleaños de Sonia y si al levantarme de la cama miro al otro lado del pasillo puedo verla. Tengo la inmensa suerte de tenerla en casa conmigo hoy... de poder celebrarlo juntos, sin tener que tirar de teléfono.

Mi cuento de hoy es para ti chivilla. FELICIDADES.


De la despensa:
Para la base:

1/2 paquete de galletas tipo Digestive.
80 gr. de mantequilla a temperatura ambiente.
Para la tarta:

400 gr. de leche condensada.
250 gr. de queso Philadelphia. 
Zumo de dos limones.
Mermelada de fresas. 

Manos a la obra:
1. Deshacer las galletas con los dedos o machacadas con el mazo del mortero.
2. Mezclar las galletas con la mantequilla y colocarlas en un molde de base desmontable de 26-28 cm de diámetro. (O lo que tengáis que os pueda servir, yo pongo lo "políticamente correcto".
3. Batir el queso con la leche condensada utilizando el brazo de la batidora de toda la vida.
4. Añadir el zumo de los limones para que la mezcla se espese. Es inmediato. 
5. Verter la mezcla sobre la base de galletas que tenemos en el molde y guardar en el frigorífico. Necesita como mínimo un par de horas.
6. Una vez cuajada, echar la mermelada por encima. 

Moraleja: Yo no usé mermelada, puse en un cazo los ingredientes del coulis sin batir, con las fresas en trocitos y lo dejé cociendo a fuego lento hasta que espesó a mi gusto.

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.



miércoles, 23 de julio de 2014

Érase una vez... Agua de tomate


"Pica en la lengua mami".

Esas fueron las palabras que dijo el hijo de la Cuentista el día que el agua de tomate tocó su lengua por primera vez.

"Son las segundas mami".

Esas fueron las palabras que dijo el hijo de la Cuentista unos días después cuando colocó por orden de preferencias sus platos favoritos. Que son, en estricto orden de mejor a menos mejor:

Un plato de patatas fritas.
El agua de tomate.
Una bolsa de "fantasmicos".

Alguna vez nuestra Cuentista ha comentado lo absurdamente terca y cabezota que es.

Pues bien, el agua de tomate es una de las recetas que más quebrantos le ha costado, ha tenido que tirar de Pablo, Seoane y de todas las personas que conoce que tienen mucha conexión con la física y los experimentos. Y lo peor de todo es que se ha tenido que rendir. Ha conseguido hacer la receta de una manera fácil… pero no es la que quería.

Con el cambio hemos ganado todos, pero su tozudez y orgullo han perdido.

La primera vez que supo de la existencia de esta receta fue a través de los gemelos Torres y su curiosidad cocineril hizo que buscara medios para conseguir que saliera perfecta y de una manera fácil.

El agua de tomate es un jugo que se separa del zumo y de la pulpa de los tomates triturados. Contra todo pronóstico no es de color rojo, tiene un color parecido al cava, debe quedar transparente y sin turbiedades si está bien hecho.

Por algún motivo que nuestra Cuentista desconoce, este líquido tiene toda la potencia del sabor del tomate a lo grande, servido muy frío es un espectáculo para los sentidos.

Me siento absolutamente orgullosa de la cara que han puesto todos los que han probado la receta que traigo hoy. Algo tan sencillo como una sopa fría, casi incolora, con unos cuantos tomates sueltos consigue sorprender a todos los que la prueban.

Traigo una receta pija, elegante y fina…. He pelado los tomates cherry , los he vaciado y he preparado un relleno con cinco tipos distintos de aceitunas y si pones este plato en una cena dejas “pasmao” al más “pintao”.


De la despensa (para el agua de tomate): 
(Para que quede ½ litro)
1 kilo de tomates.
½ cucharada de sal.

Manos a la obra: 

1. Lavar los tomates.
2. Poner en un recipiente grande los tomates troceados (sin pelar) y la sal. Batir.
3. Pasar por un chino o un colador.
4. Colocar una tela en el colador e ir echando el batido de tomate, irá cayendo el agua sola. El zumo de tomate irá taponando la tela, por lo que cuando veáis que deja de caer el líquido
tendréis que quitarlo, enjuagarlo y continuar con el proceso.
La pulpa que va quedando en la tela es una crema de tomate limpia, sin pieles ni semillas, ir echándola en un bote y guardarla para sofritos, quedan deliciosos.
En lugar de tela se puede usar papel de cocina, pero lo tendréis que cambiar varias veces, yo he calculado siete u ocho, pero es muy limpio y se trabaja menos.

Receta de sopa de tomate con aceitunas rellenas.

De la despensa: 
Agua de tomate.
6 ó 7 tomates cherry por persona.
1 bote de aceitunas rellenas de anchoa pequeño.
5 ó 6 aceitunas de tres variedades que queráis (kimbos, manzanilla, negra, camporreal…)
Aceite.

Manos a la obra: 

1. Escurrir las aceitunas rellenas de anchoa y TODO el líquido del bote echarlo en el agua de tomate. Este paso es fundamental.
2. Picar todas las aceitunas (deshuesadas) y reservar.
3. Cortar la base de los tomates cherry. Pelarlos y vaciarlos con la punta de un cuchillo. No importa que quede carne (del tomate) dentro.
4. Rellenar los tomates con el picado de aceitunas.
5. Echar en un plato el agua de tomate, echar un chorrito de aceite y mezclar.
6. Colocar los tomates con la base hacia abajo para que no se caigan y para que no se vea el relleno.
7. Comer MUY FRÍO. Y disfrutad muchísimo.

Moraleja: Hay que probar la receta así, pero yo para el día a día… no relleno los tomates, ni los pelo. Preparo el agua con el líquido de las aceitunas (fundamental el agua de aceitunas), echo el aceite y tomates cherry cortados por la mitad. Delicioso y sencillo.

Sin más. Las aceitunas me las como mientras cocino con una cervecita fresca.

El agua de tomate se puede preparar y congelar en botes individuales para tener siempre en el congelador.

El sabor cambia muchísimo con la temperatura, por eso insisto tanto en servir muy frío.



martes, 15 de julio de 2014

Érase una vez... El brownie.


En un tiempo muy, muy lejano… existía una Cuentista.

Sus padres acababan de comprar un microondas, un aparato eléctrico que, por lo visto y haciendo uso de algún tipo de embrujo o sortilegio, calentaba los alimentos en un tiempo increíblemente corto.

Dicho aparato traía en la caja un libro de recetas para cocinar. Nuestra pequeña Cuentista no sentía ningún interés por la cocina en aquellos tiempos, pero una receta llamó su atención: Un brownie.

Ni corta ni perezosa pidió a la madre Cuentacuentos que comprara los ingredientes y se puso a ello. Sencillo, limpio y delicioso. Lo repitió varias veces y todas quedaron perfectas… 

Un buen brownie debe quedar crujiente en la corteza y “jugoso en el centro”, jamás debe parecer un bizcocho seco de chocolate con nueces. Con la magia de las ondas del aparato y esa receta siempre quedaba perfecto.

Pero el interés de nuestra Cuentista decayó. El tiempo siguió su curso. Pasaron los años, el aparato se rompió y fue sustituido por otro, el libro se perdió… y con él la receta.

Muchos años después, el interés por la cocina de nuestra protagonista se fue convirtiendo en una parte muy importante de su vida. Intentó muchas recetas de brownies y ninguna era infalible. Unas veces quedaba seco, otras no tenía el sabor que recordaba y muchas veces solo conseguía hermosas piedras de chocolate… muy útiles para reparar los tabiques de la cabaña o como sujetadores de puertas, para que no sonaran portazos con las corrientes de aire.

Un día Annabel llegó a su vida. Annabel es una cocinera que vive en Australia y hace muchos tipos de brownies, pero hay uno… hay uno perfecto, absolutamente maravilloso, siempre sale buenísimo. Ella lo llama “The ultimate brownie”.

Normalmente cuando una receta llega a manos de la Cuentista, ella la prepara y realiza cambios para ver si sale bien, por lo que cogió la receta de Annabel que estaba en inglés, tradujo los ingredientes y se puso con ella.

En su absoluta soberbia sobre los conocimientos de inglés que tenía, nuestra Cuentista no quiso utilizar diccionarios, ni traductores, ni ayuda de ningún tipo. Ese fue el error que hizo que la primera semana hiciera cuatro brownies, la segunda dos y la tercera tres…

Kilos de chocolate, azúcar, nueces, cacao, harina… de sabor todos, absolutamente todos, estaban deliciosos, pero ninguno estaba perfecto.

Y el último día se dio cuenta de su error. En la receta original ponía "1/2 tsp baking powder". Cuando nuestra soberbia Cuentista tradujo "baking powder" llegó a la conclusión de que como panadero en inglés se dice "baker"... pues "baking powder" debía ser levadura de panadería. Ahí queda eso.

El último día, mientras comía (pensando en el poderoso e inalcanzable brownie), cayó en una conclusión: La levadura de panadería necesita reposo y en la receta no se pedía reposo… la única levadura que no necesita tiempo para que reaccione es la “química”. Saltó sobre el traductor de google y la respuesta fue literalmente:

ROYAL.

Por si nuestra Cuentista no se sentía absolutamente tonta, cogió la caja de levadura Royal y lo que vio fue esto:  

                              

Sin palabras. 

Cachis en la mar serena… por eso no quedaba perfecto. Estaba utilizando la levadura equivocada, esa misma tarde hizo el brownie (otra vez) con “baking powder” y quedó maravillosamente perfecto y aquí lo traigo para vosotros.


He de deciros que lleva dátiles y son estos los que hacen que el dulzor y la textura queden impecables, os puedo garantizar que no se aprecian en el resultado final, ha pasado varias pruebas de fuego con personas que aborrecen los dátiles y todos han caído en las redes de esta maravillosa receta.

De la despensa:
120 gr. de dátiles.
1 cucharadita de bicarbonato.
150 gr. de zumo de naranja. (150 ml.), la receta original usa agua.
4 huevos.
1 cucharada de extracto de vainilla.
200 gr. de mantequilla a temperatura ambiente.
375 gr. de azúcar glass.
150 gr. de cacao en polvo.
125 gr. harina.
5 gr. de levadura química ROYAL "baking powder" (una cucharadita).
250 gr. de chocolate negro troceado/picado.
50 gr.de nueces.

Manos a la obra:
Precalentar el horno a 160º
1. Calentar el zumo de naranja hasta que rompa a hervir.
2. Deshuesar los dátiles, picarlos y echarlos en un recipiente junto con el bicarbonato, echar el zumo.
3. Añadir la mantequilla y remover hasta que se derrita. Dejar reposar 20 minutos. Transcurrido el tiempo, romper los dátiles con el tenedor para que queden como una masa.
4. Batir los huevos y echarlos a la mezcla junto con el extracto de vainilla. Mezclar bien.
5. Añadir el azúcar, el cacao en polvo, la harina tamizada con la levadura e ir mezclando todo suavemente.
6. Echar los trozos de chocolate negro y las nueces troceadas. 
7. Untar un molde con mantequilla, a ser posible cuadrado o rectangular. Yo he usado uno de cristal poniendo papel de horno en la base para poder desmoldarlo fácilmente. Hornear a 160º durante 50 minutos, durante este tiempo no abrir el horno.
8. Pinchar con un cuchillo, no debe salir con líquido de chocolate, pero debe salir sucio. En mi horno lo tengo que dejar por lo menos otros 10 minutos más. Dependerá muchísimo del horno que tengáis.

Os aconsejo no cortar el brownie hasta pasadas unas horas para que se asiente el chocolate. El sabor del brownie mejora si esperamos a comerlo hasta el día siguiente.

Moraleja: Cada minuto que dediquéis a esta receta merecerá la pena. Los que me conocéis sabéis que no me gusta el dulce y no me gusta el chocolate y no me canso de comerlo.
El otro día lo probó Ana, una compañera que no come frutos secos y odia los dátiles (y eso que es de Alicante) y me escribió un mensaje en el que decía literalmente: La receta del brownie... la necesito para vivir.

Y colorín, colorado... esta receta se ha acabado.

viernes, 11 de julio de 2014

Érase una vez... Vuestras ratatouille.


Érase una vez un precioso Reino en el que habitaban seres de todas las clases. 

Unos eran buenos, otros traviesos, había algún ogro malicioso…pero la mayoría coincidía en algo: Preparaban los platos que la Cuentista del Reino buscaba y cocinaba para ellos.

Además, había alguno que se animaba a enviar los resultados de sus logros. Hoy toca ver vuestras ratatouille.

Todos habéis coincidido en lo mismo, el olor que llena la cocina mientras se hornean las verduras con el aliño y las hierbas. Para mi absoluto orgullo la habéis preparado de distintas formas.

Muchos de vosotros no sabréis que tenemos a nuestra propia Rapunzel entre los habitantes del Reino, Isabel es dueña de una maravillosa y larga melena rizada… no se deja ver mucho porque vive en la vecina aldea de Talebook y normalmente suele encontrarse por allí con nuestra Cuentista.

Y allí, en la aldea de Talebook, dejó nuestra Rapunzel particular la fotografía de su ratatouille y sus comentarios sobre lo bien que olía y lo riquísima que está. Tanto debía oler que Silvia se acercó también a esa aldea y dijo que el olor llegaba hasta su casa...
Su príncipe, después de probarla, hizo una petición: Hay que repetirla y probar a meter unos filetes de cinta de lomo fresca en lugar del fiambre de pavo. Me encanta la idea y la siguiente que haga será así… 



Si Isabel es nuestra Rapunzel, ahora vamos con nuestra Galadriel salpimentera... 

Hace unos meses salió en televisión el anuncio de una colonia de Giorgio Armani. El anuncio lo protagoniza Cate Blanchett, la actriz que da vida a Galadriel en "El señor de los anillos". Al pequeño Minichef le gusta muchísimo la película y viendo el anuncio le pregunté:

¿A ver si sabes quién es esa chica? Y él me respondió: ¿Es la tía Sonia, mamá?

De manera que nos vamos con la ratatouille de ella, su primer comentario fue ¡¡Qué bien huele esto Cuentista!! Os podéis suponer que entre trabajar para la saga, hacer anuncios y trabajar en el mundo real.... no tenía tiempo para ponerse a hacer rodajitas y montar la ratatouille a lo fino... lo hizo de la otra manera posible. Todo cortado en paisana y a la cazuela con el aliño. 

Como estaba recién llegada de París, quiero que observéis el detalle minimonumental (palabra controvertida) de la Torre Eiffel y al pequeño Rémy. 
Es evidente que al dedicarse al cine no podía evitar un toque hollywoodiano, el montaje de escenarios es lo suyo....


Y la tercera ratatouille la ha preparado nuestro Alfredo Linguini particular. 

Para aquellos que no habéis visto la peli o no recordáis a los personajes, os diré que Alfredo Linguini es el aprendiz de cocinero de "Ratatouille". Y todos conocemos al aprendiz de cocinero que tenemos en nuestro Reino, me refiero al cocinero novato.

Según nos dijo en su día en los comentarios de la receta, a su retoño le encantan las series y no me refiero a las televisivas... por ello fue el encargado de montar la ratatouille, al fin y al cabo el montaje es una serie verdulera. 

Sinceramente creo que su hijo debe tener corazón y alma de Rémy, todavía recuerdo las galletas que hizo y fotografió. Pues aquí tenéis su plato:


Y por si no me quedaba claro lo preciosa que había quedado su ratatouille me enviaron también una ración servida en plato:


Y por si no quedaba suficientemente bonita la foto.... van y ponen un marco... seguro que han tirado de Photoshop.

Y colorín, colorado.... vuestras recetas de hoy se han acabado... de momento (como siempre).

martes, 8 de julio de 2014

Érase una vez... Crema de calabacín.


Hoy nuestra Cuentista se va a remontar al primer cuento que escribió para el blog….Patatas en “to” crudo.

En ese cuento relataba que en su familia son todos toledanos y que allí se comen la última sílaba de las palabras. Por eso “todo” se convierte en “to”.

Pues bien, aún hay más… la mamá Cuentacuentos tiene su propio vocabulario y utiliza palabras a la juliana (no por la técnica del corte, es porque se llama Julia) y entre ellas está el calabacino. Singular de calabacinos.

El padre de la Cuentista lleva toda la vida intentando que quite la “o” y deje a la pobre hortaliza su nombre real, pero no hay forma…

Tengo tantas recetas de calabacín que me estoy planteando dedicar todo un mes a esa hortaliza y así lo podremos disfrutar crudo, al horno, a la plancha o en crema… que es mi elección para la entrada de hoy.

Todos los que preparan crema de calabacín están en posesión de la mejor crema de calabacín del mundo, nadie la prepara mejor. Y todos utilizan un ingrediente que debe ser el secreto a voces de la crema de calabacín: Unos quesitos.

Y como la Cuentista no es menos que los demás… hace la mejor crema de calabacín del mundo y os la trae hoy aquí para que veáis su arte.

Hace unas semanas, Shelma (de quién os hablé en la entrada de las hierbas aromáticas) se llevó al Minichef a comer a su casa, para que pudieran comer juntos los dos pequeños y preparó para ellos una crema de calabacín, la mejor del mundo... ofcors.

Por la tarde quedamos a tomar un café y hacer trasvase de niño.

Shelma y yo siempre comentamos que César e Ismael son “ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio” y charlando un poco sobre cómo se habían portado, Shelma me dijo que habían comido una crema de calabacín, que se lo había comido todo, todo, todo y que le había gustado muchísimo. Normal teniendo en cuenta que es la mejor crema del mundo y que echa unos quesitos.

Jamás he preparado la crema de calabacín al Minichef, no tengo vergüenza y he puesto solución al problema. Mi ego de madre coraje con blog de cocina no puede permitirse tamaño despropósito… faltaría más…

De manera que he preparado mi propia versión del plato, con mis tuneados personales y realmente debo decir que es la mejor crema de calabacín del mundo. Por dos motivos:

  1. Un ingrediente secreto… Shhhh, no digáis nada pero yo añado unos quesitos al final.
  2. Utilizo calabacino, nada de calabacín. Ese es el secreto de la madre Cuentacuentos y me lo transmitió cuando era muuuuucho más joven.
De la despensa:
(para cuatro personajes)

2 calabacines no demasiado grandes (unos 700 gr.).
La parte blanca de un puerro o dos (unos 200 gr.)
2 chalotas (opcional).
1 ó 2 dientes de ajo.
Tres cucharadas soperas de aceite.
Sal.
Una cucharada de mantequilla.
1 pellizco de nuez moscada.
1 pellizco de pimienta.
Quesitos (unos 6).
Agua (alrededor de medio litro).


Manos a la obra:
1. Picar los dientes de ajo en brunoise pequeña. 
2. Limpiar los puerros y las chalotas, cortarlos en láminas. 
3. Pelar (yo dejo partes sin pelar) y trocear el calabacín en paisana.
(Ahí queda eso... que no se diga que no usamos lo aprendido)
4. Echar en una cazuela el aceite de oliva y la mantequilla, cuando coja temperatura echar los ajos.
5. Antes de que los ajos se hayan dorado añadir los puerros y la chalota.
6. Añadir un poquito de sal y rehogar a fuego medio. Cuando se ve la verdura pochada se añade el calabacín, dejar todo un par de minutos.
7. Añadir el agua y las especias. Dejar cocer hasta que todas las verduras estén blanditas. Corregir de sal.
8. Batir todo con una batidora eléctrica (o un pasapurés) y pasar por un chino si queréis que os quede una crema muy fina.
9. Volver a echar en la cazuela todo y agregar los quesitos. Ir removiendo la mezcla para que se integren y se fundan. Hay que tener cuidado porque la crema salta mucho cuando alcanza temperaturas altas.

Moraleja: En lugar de agua se puede añadir caldo, si os gusta más ligera se puede añadir más agua o un poquito de nata líquida.
A la hora de servir, queda muy bien añadir un poco de perejil picado o cebollino por encima, para la de la foto puse un poquito de cebolla frita (comprada).

Y colorín, colorado... esta receta se ha acabado.

viernes, 4 de julio de 2014

Érase una vez... Alimentos de julio


Érase una vez una escorpena que hacía gala de su nombre y sentía una profunda pena…

Su temporada estrella eran los meses de verano.

Una noche que nadaba por los mares de China se encontró con un mamonsillo que se había caído de un barco. Hablando un poco de la vida en general nuestra escorpena se enteró de la existencia de una Cuentista que dedicaba un día al mes a los alimentos de temporada.

La escorpena se puso escorfeliz al enterarse de que salía en los alimentos del mes de junio, pues era sabedora de que también saldría en julio y en agosto.

Muy orgullosa decidió abandonar sus hábitos nocturnos y durante unas semanas se dedicó a nadar y pasear por las aguas de los mares durante el día, dejando un poco las arenas y fondos rocosos en los que solía permanecer oculta a esas horas. Quería acercarse poco a poco al norte de España, a lo mejor con un poco de suerte podría conocer a la Cuentista.

Pero la felicidad no duró mucho… un buen día se encontró con un “tiburón, tiburón” que se hizo eco de las últimas noticias llegadas de los reinos terrestres. Por lo visto para el mes de julio, la Cuentista se estaba planteando eliminar de las listas de temporada todo aquello que fuera “diferente”, o tuviera un nombre con el que los habitantes oscuros y gamberros del Reino pudieran hacer “bromitas” y gastar grandes dosis de sorna.

Nuestra escorpena cayó en una profunda tristeza.

Sabía que era poco agraciada físicamente, sabía que su nombre era “escor-penoso”, pero también sabía que su carne se utilizaba para un pastel delicioso. Ya que uno de sus nombres era cabracho… Ni corta ni perezosa decidió dar su vida por sus compañeros de especie y quiso llegar a la cocina de nuestra Cuentista para que no eliminara su nombre de la lista.

- Cuentista, Cuentista… ¿No querrías preparar un rico pastel de cabracho conmigo? – Dijo la escorpena.

La Cuentista, al ver la tristeza del pescado, se sintió muy arrepentida por haber querido eliminar alimentos deliciosos de su lista. Y todo porque algunos habitantes del Reino decidieran hacer travesuras.

¡¡Qué las hagan!! - Pensó nuestra Cuentista - De todas formas van a ser gamberros,  por lo menos que no puedan conmigo y con los alimentos que llegan cada mes.

Dejó libre a la escorpena y para premiar su valentía y que fuera la héroe de todos los alimentos de temporada “raros” tomó una determinación:

Aparcar los miedos que tenía a duendes gamberros, hadas “Buenas” y demás seres traviesos del Reino y NO BORRAR NINGUNO DE LOS ALIMENTOS, esperaría a ver qué hacían los personajes del reino con la lista de este mes.

Para otra ocasión honraremos a nuestra escorpena con un delicioso pastel de cabracho... será el orgullo del Reino.

De la frutería                 Pescados de mar
ArándanoAnchoa
CerezasBonito
Ciruela rojaDorada
Ciruela amarillaEscorpena
FrambuesaGallo
GrosellaLubina
MelocotónMerluza
Naranjas Pez espada
MelónRaya
Melón galiaRodaballo
MoraSardina
ParaguayasTiburón
Pera de San Juan
Pera ercolina y limoneraMariscos
SandíaAlmeja
Sandía rayadaBogavante
Uva blancaBuey de mar
Cabra de mar/centollo
De la verduleríaCalamar
AcelgasCigala
Ajo tiernoLangosta
BerenjenasLangostino
CalabacínNécora
EspinacasSepia
Lechuga hoja de roble
Lechuga
Lechuga romana
Lollo rojo
Patata
Pepino
Pimiento del padrón
Pimiento rojo
Puerro
Tomate
Zanahoria


martes, 1 de julio de 2014

Érase una vez... Espaguetis negros con gulas y langostinos.



Érase una vez una Cuentista que vivía en un precioso Reino, con valles y montañas, bosques de hayas y castaños… pero llevaba una temporada sin sentirse absolutamente feliz.

Nuestra pequeña Cuentista era una gran amante de los cuentos y las leyendas y siempre estaba atenta a las historias que contaban los habitantes del Reino.

Pero llegó el verano, el verano es una época poco propicia para cocinar, meterse en la cocina para preparar platos calientes apetece menos, las vacaciones, las prisas para preparar una “merendera” con un sándwich o una ensalada que se pueda llevar a la playa o a la piscina…

Todo ello hacía que nuestra cuentista no pudiera publicar recetas con cuentos.

Casi todos los cuentos llevan detrás una receta dulce o una receta “preparada al amor del tiempo”  y aunque tenía muchísimos esperando… no son buenos para el calor, o los ingredientes no son de temporada…

Un día al despertar, vio que una de las palomas mensajeras, una muy blanca que se llamaba E-mail, había traído una receta de parte de su Hada buena Seoane.

En realidad, el Hada buena Seoane y la Cuentista no se han visto nunca las caras, se conocieron a través de sus respectivos Reinos blogueros y desde entonces se envían mensajes a través del aire.

La receta es perfecta para esta época del año y para todas las demás, sana y buena para los duendecillos de la casa.

Como nuestra Hada es muy buena, junto con la receta también envió una foto del plato preparado por ella y todos podrán verlo en “Todos escribimos cuentos…”

Nuestra Cuentista volvió a sonreír y a sentirse feliz, podía contar un cuento para todos vosotros. Gracias Hada buena Seoane.

De la despensa (para cuatro personajes):



Espaguetis negros (Spaguetti al Nero di Seppia).
3 paquetes de gulas. Mejor frescas, pero valen congeladas.
300 gr. de langostinos frescos o gambas.
2 dientes de ajo.
Aceite de oliva virgen.
Sal.

Manos a la obra:
1. Quitar las cabezas de los langostinos y pelarlos. Yo además quito la tripa negra con un palillo.
2. Picar el ajo lo más menudo posible.
3. Cocer los nidos de espaguetis el tiempo que marque el paquete en agua con sal, con un chorrito de aceite. No enfriar bajo el grifo.
4. Mientras se cuecen los espaguetis, echar los ajos picados en una sartén con dos o tres cucharadas de aceite y antes de que se dore añadir los langostinos, cuando los langostinos estén a medio hacer (cambian de color y se van poniendo anaranjados), se echan las gulas. Rehogar unos minutos removiendo todo.
5. Mezclar los espaguetis con la mezcla de las gulas y dar unas vueltas para que se mezclen los sabores.

Moraleja: Yo añado una o dos cayenas sin romper con las gulas y las colas de langostino... pero mi Hada no lo echa. A vuestro gusto....

Y colorín, colorado... esta receta se ha acabado.