miércoles, 30 de abril de 2014

Érase una vez... Tortilla de espaguetis



No es bonito sentirse diferente si ello significa sentirnos inseguros.

Érase una vez una Cuentista que trabajaba en una óptica, con personas con problemas de audición. Los problemas auditivos generan en la persona que los padece muchas inseguridades, aislamiento y en la mayoría de los casos mal humor.

Y malhumorado conocí yo a Mario Caracciolo, probablemente el paciente más optimista que conozco y el que mejor humor tiene. Pero el primer día me engañó.

Mario es un italiano que a sus 83 años todavía viste trajes claros, boina ligeramente caída sobre un lado y polos de rayas. La primera vez que nos vimos traía su audífono roto y cuando comenté con él que ese audífono ya era muy antiguo y no tenía reparación se enfadó muchísimo conmigo. Se dio la vuelta y me dijo que para lo que había que oír no quería hacer nada, que la solución era que los demás gritaran más y listo. Y se largó dejándome boquiabierta.

Dos hora más tarde me llamó Amalia, su mujer.

Amalia es una mujer menudita de altura, pero sabe poner firme al más “pintao”. Me dijo que su marido no iba a quedarse sin oír, que ya lo había hablado con él y que se iban a pasar juntos para buscar una solución.

Unos días más tarde vinieron los dos a verme a la óptica y a partir de ahí conocí al verdadero Mario, sonriente y completamente enamorado de su mujer. Un cocinero absolutamente maravilloso que adora los ingredientes, hablar de comida y su cocina de origen.

Cuando vienen suelen traerme algún plato preparado por Mario. Todos ellos irán pasando por aquí, algunos no los he probado preparados por él, pero la receta es suya… Debo agradecer a Amalia que nos traduzca algunos ingredientes porque cuando Mario habla de cocina… los ingredientes siguen teniendo nombre italiano. Igual que él.

De la despensa:




Para cuatro personas y sobra porque llena muchísimo.
250 gr. de espaguetis.
50 gr. de jamón york.
80 gr. de queso de nata.
50 gr. de queso rallado (pecorino o parmesano, por supuesto).
50 gr. de salchichón (pepperoni para Mario).
4 ó 5 huevos (dependiendo del tamaño)
Sal.
Aceite.

Manos a la obra:
1. Cocer los espaguetis con el sistema habitual, en agua con sal y aceite. Escurrir bien y reservar.
2. Cortar el jamón york y el salchichón. Reservar en un recipiente grande.
3. Cortar en trocitos pequeños el queso de nata, unirlo con el jamón york y el salchichón.
4. Añadir el queso rallado.
5. Batir los huevos con la sal y echarlos en el recipiente con la mezcla anterior.
6. Echar los espaguetis y remover todo para que los trocitos se mezclen con la pasta.
7. Calentar aceite en una sartén y cuajar como una tortilla, dando vuelta con un plato.

Moraleja: Os aconsejo ir despegando de los bordes de la sartén la tortilla mientras se cuaja. Y si pinceláis con aceite el plato en el que la vamos a voltear será mucho más sencillo que resbale y quede perfecta.
Yo además he añadido una pizca de pimienta a la mezcla, aunque Mario no me lo dijo.
Todos los ingredientes se pueden sustituir por otros, también se pueden añadir verduras, carnes, pescado...


Y colorín, colorado… ésta receta se ha acabado.

domingo, 27 de abril de 2014

Érase una vez... un plato de zapato.



Hoy quiero preparar un plato muy especial, un plato que solo ha necesitado un ingrediente: Una pizca de mi corazón.

Hace unas semanas, mientras esperaba en la puerta del cole a que saliera el peque, me acerqué al escaparate de una tienda que me encanta: MANIPULADOS SOLIDARIOS (ya os hablaré de ella y su funcionamiento otro día porque también está unida a la cocina).

Tenían un plato precioso del que me enamoré al instante, al bajar la vista pude leer un cartelito en el que ponía: Hecho por disminuidos psíquicos profundos. Y todo yo se convirtió en un pensamiento: Mi tío Luis.

Mi tío Luis murió hace dos años, en mi mes: diciembre. El mismo mes que me trajo a mí se lo llevó a él. Era el hermano de mi madre y padecía una deficicencia mental: Oligofrenia.
Mis abuelos murieron muy jóvenes por lo que mi madre y mi tía se hicieron cargo de su hermano y adquirieron el compromiso de hacerlo para el resto de sus vidas y así fue. Compartieron toda su vida y la de las familias que formaron con él.
Toda mi niñez, la de mi hermano Pablo y la de mis primos Yuly, Rober, Mario y Óscar está unida por hilos de cariño absoluto a él, mi tío era la inocencia y la bondad en estado puro.

Según la enciclopedia, la oligofrenia es el impedimento para el desarrollo de la inteligencia, pero mi tío consiguió aprender el oficio de zapatero y se dedicaba al arreglo de zapatos en casa. Cobraba una miseria por ello y guardaba todo lo que sacaba para poder tener un billete grande, un billete de las antiguas 5.000 pesetas. Jamás se gastó uno. Todos los billetes grandes eran para nuestros cumpleaños. Cuando se iba acercando la fecha, nos llamaba a su habitación, sacaba su billetero y lleno de orgullo nos  enseñaba el billete grande.

Ya podéis imaginar que mi hermano y yo siempre llevábamos los zapatos impecablemente limpios al cole, porque mi tío cuando no sabía qué hacer nos preguntaba con esa manera tan peculiar de hablar entre dientes que tenía: ¿Te limpio los zapatos?

Muchas veces hemos comentado en casa que cuando la enfermedad deterioró su estado dejó de limpiar los zapatos y ese fue el signo inequívoco de que la cosa no iba bien.

Hoy es su cumpleaños.

De la despensa:
Mis zapatos rojos favoritos
Un plato que me enamoró a primera vista
Una familia

Manos a la obra:
Mantenernos unidos

Y colorín, colorado, esa vida sigue a mi lado.


viernes, 25 de abril de 2014

Érase una vez... Ensalada de salmón con guacamole.



Érase una vez una Cuentista que hizo una promesa.

Prometió una receta para acompañar al guacamole y aquí no está lo prometido, su intención era preparar un delicioso salmón marinado en casa. Pero me he arrepentido. Creo que el salmón se merece una receta propia, no debe quedar como un simple acompañamiento. Debería haber hecho el salmón marinado solito consigo mismo y la ensalada como otro plato, para que pudierais ver cómo queda la pieza de pescado antes de trocearlo para la ensalada.

De manera que por primera vez, me voy a convertir en la villana del cuento, en la madrastra gamberra y voy a cambiarlo por un salmón ahumado ya preparadito y comprado envasado. Realmente antes de aprender a marinar en casa, yo preparaba la receta con salmón ahumado porque la textura y el sabor quedan bastante similares.

Pero mi parte buena piensa que una promesa incumplida no debe quedar sin castigo, por dos motivos: No poner la receta que quería y dejaros sin cuento. Me impongo un doble sistema de marinado que ya tengo en el frigorífico ahora mismo y la semana que viene podremos ver cómo quedan estas maravillosas recetas y que cada uno elija la opción que prefiera.

Ésta ensalada está para chuparse los dedos, la mamá Cuentacuentos cada vez que viene a casa se prepara un sándwich con ella y ya tiene su cena favorita servida. Los demás preferimos usar el tenedor…

De la despensa:



(Para cuatro personas)
Guacamole. (En el "manos a la obra" podéis pinchar el enlace que os llevará a la receta)
200gr. de salmón ahumado.
Una pizca de eneldo.
Dos cucharadas de vinagre balsámico.
Aceite de oliva virgen extra.

Manos a la obra:
1. Trocear el salmón en cuadraditos no muy grandes para que al mezclar encontremos pedazos en cada bocado.
2. Aliñar el salmón con el vinagre balsámico, el aceite y el eneldo. Conservar en el frigorífico como mínimo media hora para que los sabores se unan.
3. Preparar el guacamole. Reservar en el frigorífico hasta que la mezcla de salmón quede lista.
4. Colocar el guacamole en una fuente o plato y echar por encima los trocitos del salmón aliñado.
5. Disfrutar muchísimo de una ensalada deliciosa para compartir con amigos.

Moraleja: El salmón de la foto es el marinado en casa, por eso los trozos más grandes que se ven en la parte superior son más gruesos que los del salmón fileteado ahumado que solemos comprar envasado.

Y colorín, colorado.... ésta receta se ha acabado.

lunes, 21 de abril de 2014

Érase una vez.... Guacamole auténticamente mejicano


Érase una vez un grupo de ilusos amigos que estudiaron juntos la carrera de óptica en Madrid. Con el tiempo unos se fueron a sus ciudades de origen, otros se quedaron trabajando en Madrid y para no perder el contacto, decidieron quedar por lo menos una vez al año, en Semana Santa.

La idea era alquilar una casa rural en algún punto intermedio de España y acudir todos allí. Para organizar las compras, las cenas y las comidas,  crearon las que decidieron llamar “JORNADAS GASTRONÓPTICAS”.

Por parejas, tríos o lo que fuera… cada grupito se encargaba de preparar una de las comidas al completo, comprar los ingredientes necesarios y cocinarlo para los demás.

El primer año fuimos a una casa en Cuenca. 

Noe y David se encargaron de preparar la comida del sábado y eligieron como temática la cocina mexicana y nos prepararon un menú delicioso: guacamole, fajitas de pollo y ternera y unos frijoles. En la actualidad siguen viviendo en Madrid, están casados y tienen un par de bichejos por casa.

El guacamole es un plato misterioso, casi todo el mundo prepara uno diferente y curiosamente TODOS están hechos con la receta auténticamente mejicana, algo muy misterioso, porque los hay absolutamente variados y completamente diferentes.

La Cuentista era una de las que estaban ese fin de semana allí y aunque por aquél entonces no existía el blog (apenas teníamos Internet en las casas), decidió comprar un cuaderno e ir anotando todos las recetas que se hicieron ese año y actualizarla en los años venideros. ¡¡Qué ilusa!!

La receta del AUTÉNTICO GUACAMOLE MEJICANO que hicieron Noe y David  lleva los siguientes ingredientes:

         1 aguacate por persona.
         1 diente de ajo.
         Perejil.
         Cebolla (la mitad de cantidad que de aguacate).
         Tomate (la misma cantidad que utilicemos de cebolla).
         Salsa serrana.
         Aceite.
         Sal.

Muchos años después La Cuentista abrió un blog de cocina y recuperó el cuaderno de las “Jornadas gastronópticas” coincidiendo con Semana Santa, absolutamente involuntario. Lo prometo. 

La Cuentista tiene un amigo viviendo en México: Fernando. Sin duda una de las personas más especiales que han pasado por su vida. Fernando se fue hace un año a México, allí ha encontrado a la mujer de su vida y yo LA AUTÉNTICA RECETA DEL GUACAMOLE MEJICANO, no podría ser de otra forma.

Aprovechando que podía conseguir la receta directamente de allí, La Cuentista se puso en contacto con Fernando y aquí está. El informador de los secretos culinarios del guacamole, envió la receta junto con un comentario explicando algunas cosillas, a saber: El jitomate es lo que en España se conoce como tomate y lo que allí recibe el nombre de tomate es para nosotros el tomate verde.

De la despensa:




Para cuatro personas.

Tres aguacates maduros.
Un jitomate. (aunque a mí me gusta más decir jijomate)
Media cebolla.
Una lima.
Un puñado de cilantro.
Sal.

Manos a la obra:
1. Trocear la carne del aguacate.
2. Trocear el jitomate.
3. Picar la cebolla muy finita.
4. Mezclar todo en un mortero con el mazo (o en un plato con un tenedor) hasta obtener una pasta.
5. Añadir el zumo de la lima, el cilantro muy picado y la sal. Mezclar todo.

Consejo Fernandero: No se utilizan batidoras ni licuadoras porque perderá consistencia, lo ideal es encontrar los trocitos de aguacate, jitomate y cebollita entre la pasta.

Moraleja: Años después nos hemos dado cuenta de que éramos unos ilusos, la vida nos lo ha demostrado.... ¿Quedar todos los años? Los niños, los trabajos, los horarios, las parejas... ¡¡Qué bonito es ser ilusos!! 
Quedamos a matacaballo, cuando podemos, con las toallitas húmedas, los pañuelos, los pañales.... en Telepizza o en una terraza para tomar una cerveza.

Pero lo más importante: SEGUIMOS QUEDANDO.

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.

lunes, 14 de abril de 2014

Érase una vez... Galletas de mantequilla y chocolate



Érase una vez una madre Cuentacuentos que tuvo dos hijitos, una hija Cuentista y unos años después un hijo precioso (igualito que la Cuentista ;p) que nació un 14 de abril.

Y mira tú por dónde hoy es 14 de abril, hoy es su cumpleaños.

FELICIDADES CHIVILLO. TE QUIERO.

No siento ningún pudor por escribirlo a los cuatro vientos.

Ya podéis imaginar todos, que en la casa de una Cuentacuentos hay muchos libros. Desde muy pequeños los hijitos se acostumbraron a leer, a vivir aventuras entre hobbits, dragones, magos y brujos. Con Bermudillo y Tintín. Cuando crecieron más, empezaron a vivir aventuras también con Indiana Jones, a viajar en el Halcón Milenario hasta la luna de Endor para ver a los ewoks de Star Wars (las de los 70´ ofcors) y más tarde llegaron a los maravillosos y oscuros mundos de Tim Burton.

Dentro de los "goticismos" de Tim Burton, Jack Skellinton brilla para nosotros, es posiblemente de los personajes que más encanto tienen para la Cuentista y su hermano y estas galletas son un regalo a distancia para él.

La receta de las galletas tiene su propio cuento, un cuento que tiene que ver con Silvia y su hermana Espe, con el cole y la solidaridad.

Érase una vez (otra vez) una Cuentista con un hijo minichef, el pequeño estudia en un pequeño colegio de grandes valores y con unos profesores que se preocupan por intentar inculcárselos a los alumnos. Unos valores que hoy día están escondiéndose, que están en peligro de extinción.
Todos los años, el colegio prepara una semana solidaria. Durante esa semana los padres y los alumnos se involucran e intentan aportar su granito de ayuda para un proyecto determinado. El viernes se prepara un mercadillo en el que se venden libros que aportan las familias, palomitas y perritos preparados por los alumnos y profesores, todo lo que se recauda va directamente a ese proyecto.

Éste año, en el puesto de las brochetas de gominolas (un punto fijo anual del mercadillo) había unas galletas preciosas, unas tenían forma de seta, otras de corazón, decoradas con colores, chocolate, fideos... Compré una bolsita y al probarlas quedé encantada. Fátima al ver mi cara me dijo que las había hecho Silvia mamá-Manu, tenemos muchas Silvias en clase y cada una se apellida mamá-x.

Metí las galletas en mi bolso y al ratito, María que es la bichillo de Patri y una de las tres mosqueteras que siempre acompañan a mi hijo, empezó a tener hambre. Saqué una de las galletas, se la comió y tanto, tanto, tanto le gustó, que Patri fue a comprar una bolsa y NO QUEDABA NINGUNA.
María se comió todas las que yo había comprado y decidí conseguir la receta para mis Cuentistas.

Busqué a Silvia entre el gentío y cuando pedí la receta me dijo: Yo no las he hecho, ha sido mi hermana Espe y yo he ayudado con la decoración, sé que son facilísimas. Prometo conseguírtela y enviártela por el whatsapp (¿Alguien recuerda el mundo antes del whatsapp?).

Y aquí os la traigo. Al final es la receta de las "galletas de la solidaridad" hechas por Espe, vaya dos ingredientes: Esperanza y Solidariad... Debería haber titulado el cuento así, en lugar de "Galletas de mantequilla".

Podéis hacerlas con la forma que queráis, se moldean estupendamente y son sencillísimas, es una receta para hacer con niños y que ellos las corten y decoren fácilmente.

De la despensa:



300gr. de mantequilla.
500 gr. de harina aproximadamente.
200 gr. de azúcar.
2 huevos.
1 cucharada de extracto de vainilla (en la receta original se usa esencia, yo ME NIEGO).
Chocolate para fundir.

Manos a la obra:
1. Ablandar la mantequilla. (en el microondas/con un tenedor/templando en un cazo....)

2. Añadir el azúcar a la mantequilla y batir todo.

3. Agregar los huevos y el extracto de vainilla. Seguir removiendo.

4.Añadir la harina y seguir batiendo, yo uso una batidora eléctrica de dos varillas, si lo hacéis con batidora de toda la vida, llega un momento en que tendréis que hacerlo a mano.

5. Cuando la masa no se queda pegada en las manos y no está dura como una piedra, AHÍ. ESE ES EL PUNTO. (Para el cocinero novato, porque sé que si las hace tendrá problemas: Si tienes las manos pringadas, no sabrás nunca si se te queda pegada, lávate las manos y vuelve a amasar).

6. Dejar reposar la masa en el frigorífico una hora cubierta con papel film.

7. Coger un trozo de masa (o toda... si tenéis una encimera de tamaño decente), colocarla entre dos trozos de papel film y estirar con el rodillo (o una botella), debe quedar más o menos de 0.5cm de grosor, lo que viene siendo medio centímetro.

8. Cortar con un corta-pastas, con un molde de emplatar, con un cuchillo, con un vaso, con... con lo que queráis. Yo para hacer los Jack, utilicé un molde redondo de emplatar, con un palillo hice los agujeritos de la nariz y con un cuchillo corté la forma de los ojos.

9. Hornear sobre un papel de horno (para no ensuciar nada y no arriesgarnos a que se peguen) durante un máximo de 15 minutos a 180º. Es preferible que queden poco tostadas... POR EXPERIENCIA OS LO DIGO.

10. Dejar enfriar y listas.

Y colorín, colorado, ésta receta se ha acabado.

Moraleja: Si las queréis decorar con chocolate debéis fundir el chocolate de postres al baño María o en microondas (yo no tengo).
Para fundir al baño María: Poner a calentar en un cazo pequeño entre medio vaso de agua y uno. Colocar el chocolate troceado en un recipiente de cristal o porcelana que colocaremos en el cazo de manera que la parte inferior quede dentro del agua y remover con una cuchara para que se funda rápido.
Las galletas se pueden ir metiendo en el recipiente enteras o la mitad para que queden bicolores... y aprovechar que el chocolate está caliente para echar trocitos de almendra, fideos de colores. Al enfriar se quedarán pegados .
Las de Jack tienen una capa por detrás, de manera que con cada bocado te llevas un poquito de chocolate.


jueves, 10 de abril de 2014

Érase una vez...Cazón en adobo



Tenía pensado otro par de recetas de temporada para el mes de abril, pero después de leer los comentarios sobre tiburones, compras de pescados y demás muestras de experiencia culinaria, que habéis hecho en la entrada de "Alimentos de abril"... He optado por utilizar el cazón y guardar las otras recetas para dentro de unas semanas.

Érase una vez una mujer conocida como la Cuentista, incomprensible, obsesiva y terca.
De vez en cuando se metía algo en su cabeza y no había forma de hacer que entrara en razón.

Ya os he comentado que somos toledanos y mi madre tuvo una época en la que preparaba cazón todas las semanas, esa moda se pasó como tantas otras. En casi todas las casas nos da una temporada por preparar una receta y después de un tiempo dejamos de hacerla. El caso es que debe llevar más de 15 años sin prepararlo, pero por lo que sea, el otro día en el trabajo me vino a la cabeza “el cazón adobado”.

Uno de mis compañeros conoce a todos los habitantes de Santander (y parte de Burgos) y compra un pescado y un marisco maravilloso en el mercado, por lo que suelo pedirle que me lo compre…
Y me puse manos a la obra, me acerqué y le dije: José Luis, ¿Te importa ir al mercado y me compras un poco de cazón?

Y NO SABÍA LO QUE ERA.

José Luis, el gran comprador de pescado, nacido y criado en ciudad de mar, ese José Luis no lo había oído y no lo había comido nunca. Empezamos a preguntar a todos y sólo uno, Diego (que es de Almería) sabía lo que era, por lo visto su suegra tiene una receta maravillosa que prometo conseguir y ponerla cuando obre en mi poder.
Para el que no lo sepa, el cazón adobado es un plato muy típico de Cádiz, tanto, tanto, que con decir “ponme adobo” no tienes que decir que es cazón, se da por hecho. Y claro...vivimos en Santander, justo en la otra punta del país, ¡¡esos tiburones no deben nadar tan lejos!!
Y claro, obsesiva que es una… ese plato pasó a convertirse de “algo que se me ha pasado por la cabeza” a una “absoluta necesidad para seguir viviendo”.  Nos puse a José Luis y a una servidora a buscar cazón y al final hubo suerte, uno de sus amigos pescaderos le dijo que podía encontrarlo en congelados.

Y por fin he podido prepararlo y comerlo. La primera vez que lo puse para cenar se me saltaban las lágrimas… y pensaréis que soy una exagerada obsesiva, que no es para tanto, pero no… se me saltaban las lágrimas porque me pasé tres pueblos con el vinagre del adobo!!!!!
He tenido que hacer varias pruebas hasta encontrar un buen equilibrio entre agua y vinagre, pero aquí podéis variar a vuestro gusto y añadir más o menos….

De la despensa:
(para tres personas)
Tres rodajas de cazón.
1 vaso de vinagre de vino.
2 vasos de agua (para adobo fuerte) o 2 vasos y ½ para un adobo más suave.
Orégano.
½ cucharada de comino en grano.
Una cucharada de postre de pimentón dulce.
Cuatro dientes de ajo.
Dos hojas de laurel.
Harina (yo uso para rebozar pescado).
Sal al gusto.


Manos a la obra:

1. Limpiar bien el cazón, quitando pieles y la espina central, cortarlo en trocitos de bocado. Yo los hago bastante pequeños porque aunque lleve más trabajo me gusta poder meterlo entero en la boca. Reservar.

2. En un recipiente de paredes más o menos altas, mínimo 5 cm. echar los dientes de ajo golpeados con el filo del cuchillo y el resto de los ingredientes, mezclar.

3. Echar los trozos de cazón, yo los echo de uno en uno porque no se tarda nada y me aseguro de ir colocándolos bien para que se impregnen del adobo. Deben quedar cubiertos por el líquido, si no es así añadir un poco más de agua y vinagre.

4. Cubrir con papel film y a la nevera un mínimo de 4 horas, yo los hago siempre de un día para otro, nunca lo he dejado 4 horas.

5. Sacar los trozos de cazón y ponerlos sobre papel de cocina para que queden lo más sequitos posible. Pasarlos por harina y freír en aceite muy caliente o en freidora.

6. Sacarlos de la sartén o la freidora y dejarlos un par de minutos sobre papel absorbente de cocina para quitar el exceso de grasa.

Y colorín, colorado, ésta receta se ha acabado...

lunes, 7 de abril de 2014

Érase una vez... Alimentos de abril


Bueno, vamos a ver si consigo ir preparando una lista mensual con todo lo que nos podemos encontrar de temporada cada mes. Así tendremos una guía para ir al mercado y comprar bien. Una lista que podremos consultar siempre que queramos.

Abril nos trae uno de los mejores meses en variedad de todo el año, pescados de mar, verduras, hortalizas... el apogeo de la primavera nos llena de colores el mercado y las floristerías. Alto. Stop. La floristería estará llena de flores y de PLANTAS AROMÁTICAS.

Yo, que soy una valiente (o una ilusa) he decidido llenar mi pequeño balcón de macetereos con aromáticas, en la foto de la entrada podéis apreciar que mi perejil empieza a necesitar una poda, los ramajos largos que salen por arriba son del orégano que tapa la salvia, al tomillo, al tomillo limonero, y a la menta que se medio ve al fondo... tengo el balcón llenooooooo. 

Y me encanta. 

Cocinar y poder coger una ramita para añadirla a tu plato es una maravilla.

Érase una vez una ilusa cuentista que entre el trabajo, el niño, la casa, hacer la compra, cocinar, fotografiar,  escribir cuentos, el blog... apenas tenía tiempo para nada. Y entonces en un alarde de optimismo primaveral decidió llenar un balcón de plantas y añadir así otra tarea más a su loca vida.

Una mañana de la semana pasada, tomando el café mañanero de "despuésdedejaralosniñosenelcoleyantesdeentraratrabajar" con Patri y Selma, salió el tema de las plantas aromáticas. 
Selma trabaja en un centro de jardinería al que la Cuentista teme ir porque sería su ruina... y preguntó a la Cuentista que si cortaba y conservaba el perejil y las demás hierbas.
La listilla de la Cuentista contestó que sí, que cortaba las hierbas, las picaba una vez lavadas y las metía en bolsas pequeñitas en el congelador de las que iba tirando cuando era necesario. ¡¡Y NO SE PUEDE SER TAN LISTILLA!!

Selma contó que su abuela tenía un sistema muy bueno, que mantenía las hierbas perfectas porque no cogían agua al congelarse y después de escuchar su truco la Cuentista pidió permiso para escribirlo en el blog. 

Quiero compartirlo con todos por si queréis ponerlo en práctica, a mí me ha parecido estupendo. Muchas veces nos dan perejil en la pescadería y terminamos tirando una parte o compramos un ramillete de alguna hierba y al final se nos seca o estropea en el frigorífico.

En una cubitera echar chorritos de aceite a modo de cubitos de hielo.
Lavar las hierbas y secarlas bien.
Picar la hierba menudita y echar en cada uno de los huecos con aceite.
Remover un poco y congelar.
Al día siguiente podemos sacar los cubitos de aceite y meterlos en bolsas (etiquetadas si congelamos varias hierbas) para que ocupen menos espacio.

Cuando queramos preparar un sofrito o cocinar lo que sea, aprovecharemos el cubito de aceite con la hierba como base de la sartén/cazuela y añadimos más aceite si la receta lo requiere. 
Para nuestras vidas rápidas, también lo podemos hacer mezclando el perejil con ajo picado y así cuando queramos hacer un sofrito y vayamos con prisa podemos coger uno de nuestros cubitos de aceite con el ajo y el perejil y echarlo directo a la sartén. Sin ensuciar todos los días, sin peladuras de ajos voladoras que nunca caen dentro de la bolsa de la basura cuando tenemos prisa, cómodo y rápido.

¡Ojo! Hay que tener en cuenta que este truco no nos sirve para todo, por ejemplo... para el orégano que vayamos a usar en una pizza, porque no necesitamos echar aceite o para la hierbabuena de los mojitos (el mojito con aceite de oliva debe estar asqueroso).

Y ahora a lo que iba, no me extraña que me dedique a escribir "Cuentos" porque hablo y hablo sin cesar, (empiezo a compadecer a las personas que me rodean):

La lista de abril. 

Para dar ejemplo, las siguientes entradas van a ser de platos preparados con alimentos de temporada. 

De la frutería:                                                    Pescados de mar:
Aguacates                                                            Atún
Fresas y fresones                                               Bacaladitas
Limones                                                               Bacalao
Kiwis                                                                    Besugo
Manzanas                                                           Boquerón
Naranjas                                                             Caballa 
Peras de agua                                                     Cabracho
Piña                                                                       Congrio
Plátanos                                                               Gallo
Pomelos                                                                Fletán
Empiezan los nísperos                                     Jurel 
                                                                                Lenguado
De la verdulería:                                                Liba
Acelgas                                                                 Merluza
Ajetes                                                                   Mero 
Ajos                                                                       Palometa  
Alcachofas                                                          Pez espada
Apio                                                                      Rape
Brécol                                                                   Raya
Calabaza                                                             Tiburón
Cardo                                            
Cebolla                                                               Pescados de piscifactoría:
Cebolletas                                                          Rodaballo
Coles de bruselas                                              Salmón
Coliflor                                                               Trucha
Endivias
Espárragos de jardín                                      Pescados de río:
Espárragos trigueros                                     Anguila    
Espinacas                                                           Angula
Guisantes                                                          Carpa
Habas                                                                  Lamprea
Hinojo                                                                 Perca     
Judías verdes
Lechugas
Nabos
Pimientos verdes
Puerros
Remolacha
Repollo
Tomates
Zanahoria

sábado, 5 de abril de 2014

Érase una vez... Vuestros arroces.

Me encanta ésta parte de "Cuentos de sal y pimienta".

Me llena de orgullo y satisfacción (; P) que os animéis a preparar las recetas del blog y que me hagáis llegar las fotos. Me está sirviendo para retomar amistades que con el tiempo han ido enfriándose por la distancia y las vidas y para crear otras nuevas. Me hace muchísima ilusión.

Hoy toca "colgar" las fotos de los arroces al horno que habéis ido preparando. Todos habéis coincidido en decir que la receta os ha gustado mucho y os ha salido estupenda.

Estoy un poco sorprendida porque os ha salido bien a todos y las tortitas, que eran mucho más sencillas, han sido en muchos casos "diferentes".

Los que me conocéis sabéis que quiero a mi hermano con absoluta locura. Con las tortitas y la sartén de estrella no tuvo mucho éxito pero con el arroz se ha vengado. Quedó perfecto y rico a la primera.

Ha sacado al chef que lleva dentro, aunque tuvo algún contratiempo:
     1. No tenía caldo del rico riquísimo que hace Sonia y tuvo que usar caldo "gallina blanca".
     2. No tenía cabeza de ajos y tuvo que usarlos sueltos y colocarlos como pudo.

Pero como iba diciendo, incluso con esos contratiempos ha sido capaz de hacer un arroz ¡muy rico!


Otro de los arroces que me han llegado ha sido el de Pepa, aquí tengo un ejemplo estupendo de lo que es recuperar con un plato una relación... Pepa y yo trabajamos juntas hará unos 15 años, cambiamos de vida, de ciudad, de trabajo. Piolín desapareció de mi vida y ha vuelto.

Sigue pareciendo Piolín, con sus ojos supermegahiper azules y su pelito corto rubio. Algún día os contaré el cuento de "Ahijó, ahijó, al campo a pasear, tiroliroli tiroliroli... ahijó, ahijó, ahijó"

De momento habrá que conformarse con el arroz al horno que hizo.





Y el último de momento. Ya sabéis que iré actualizando las entradas de "Todos escribimos Cuentos..." según vayan llegando vuestros logros....

La última foto es la de Gelete, el cocinero novato al que todos conoceréis por sus comentarios. Os aconsejo a todos los que no leéis los comentarios que lo hagáis y a los que no escribís que lo hagáis... porque eso es parte del encanto de los blogs, comentar y compartir.

Ángel (no me gusta nada llamarlo Gelete) que es de tierra de arroces, ha decidido hacer algún cambio en la receta y quitar la morcilla para poner sobrasada. Según dicen él y su hijo está absolutamente espectacular. Yo pienso hacerlo y probarlo ya mismo.



Ángel será un novato en la cocina, pero es evidente que es mi profesor de fotografía. Gracias a su ayuda puedo colgar las fotos de "Cuentos de sal y pimienta". Yo solo tenía buen ojo para ponerlo bonito y encuadrar, lo que sé de revelado y de raw (hace cuatro días no sabía ni siquiera que eso existiera) se lo debo todo todito a él.

Y aquí viene otro arroz... éste es muy especial porque me lo han dedicado. Las palabras de Isa en facebook han sido exactamente: Delia va por ti, umm huele de maravilla

La pinta es estupenda y el olor según ella maravilloso, de manera que espero una invitación formal para compartir un día ese plato y así retomar conversaciones que se quedaron en Madrid hace unos 17 años... 

La foto del arroz:

Por ponerte una pega Isa: Hazme el favor la próxima vez de poner el culete de la morcilla sin la pieza metálica jodía, mis dientes valen más que mi casa porque los he pagado TODOS y si muerdo el hierrecito y se me rompe alguno te lo hago pagar por mucho que te quiera.  ;)

Y colorín, colorado... vuestros arroces (de momento) se han acabado.


martes, 1 de abril de 2014

Érase una vez... Cocido madrileño




¡¡Qué suenen los tambores!! ¡¡Lanzad los petardos!! ¡¡Sirenas a todo meter!! ¡¡Golpead el suelo!! Aprovecharé para susurrar y que no se oiga un detallín sobre mis gustos culinarios: No me gusta el cocido y me espanta su olor.

Érase una vez una madre Cuentacuentos con un problema enorme. Tenía una hijita pequeña con una boca para comer más pequeña aún.
Esa pequeña hija Cuentista creció, bueno… para ser sinceros y ajustándonos a la realidad, se hizo mayor porque crecer, lo que se dice crecer, no creció mucho. Era tan mala comedora que la madre Cuentacuentos siempre relata la misma historia.

“Cuenta la leyenda que siendo bebé la madre se leía novelas enteras mientras intentaba que la hijita tragara la comida. Por lo visto cuando abría la boca para protestar, la madre aprovechaba para meter una cucharada de puré corriendo, pero la pequeña no se lo tragaba, simplemente permanecía con la boca abierta y la cucharada de puré en la boca, sin tragar. Y así podía pasar un tiempo indefinido que la madre aprovechaba para leer y no desesperar viendo la boca abierta de su pequeño retoño “

“Cuando se hizo más mayor, la madre preparaba para sus dos hijitos un puré con las patatas del cocido, bien aplastaditas con el tenedor y aliñado con un chorrito de vinagre y otro de aceite. “

Odio ese puré. Me traumatizó.

Durante casi 40 años no he sido capaz de probar el cocido madrileño porque en mi cerebro el olor está unido a ese puré y me negaba a probarlo.

Pero Sonia llegó a nuestras vidas y se casó con mi hermano, bueno a mi vida llegó mucho antes que a la de él.
Recuerdo perfectamente el día que vino Pablo a recogerme con su camisa de terciopelo marrón, estaba guapísimo.
No tengo la menor duda de que Sonia pensó lo mismo, se puso tan nerviosa que se dedicó a cerrar las puertas del mueble de recepción  con tanto ímpetu que pensé:

Una de dos, o le gusta mi hermano o quiere convertir las puertas en giratorias.

Después de eso y si alguna compañera decía: El hermano de la Cuentista es muy guapo… sonaba un ruido extraño, era el gruñido bajo y perruno de Sonia.

Tengo el convencimiento secreto de que mi cuñada nació con una cuchara sopera en la mano, su comida favorita es la sopa de cocido y dicho por todos los que lo han probado… su cocido es el mejor que han comido nunca.

Por lo tanto, hoy cedo “Cuentos de sal y pimienta” a Sonia, la receta es suya y la cocina también. Con ella probé el cocido, pero sigo sin poder prepararlo por lo que hoy el delantal lo lleva puesto ella, yo solo cogeré la cámara de fotos y pondré la mesa.

De la despensa: Pego el texto enviado por Sonia directamente, a petición suya he editado la palabreja que utiliza en el hueso salado de vaca.

Para 6 personas 

1 ó 2 huesos de jamón (depende del tamaño de los huesos)
1 hueso de vaca (preferiblemente de rodilla)
1 hueso de espinazo (si es salado mejor)
1 hueso salado de vaca (si tenéis huev... a encontrarlo...)
1 cuarto trasero de pollo o de gallina ( yo siempre le echo pollo, la gallina es más grasienta)
1 trozo de morcillo ( yo siempre lo pido a ojo de buen cubero, intento que sea grandecito porque luego encoge)
1 trozo de tocino de veta
1 trozo de tocino salado
2 chorizos
1 morcilla de arroz o de cebolla, eso va en gustos
4 patatas
2 puerros
2 zanahorias
350 gr aprox de garbanzos lechosos
Sal

Manos a la obra: Os pego directamente el texto hecho por Sonia, no toco nada....

La noche de antes se ponen los garbanzos en agua.
En una olla, grandecita ponemos todos los ingredientes, yo les doy un remojón en agua para dejarlos limpitos, llenamos la olla de agua hasta cubrirlos y cerramos con la tapa, ponemos al fuego, más bien fuerte y una vez que el vapor de la olla expres empiece a salir ponemos la pesa y contamos 45 minutos y ya está listo. La sal la echaremos cuando el cocido esté hecho, a veces no es necesario ni añadirle sal.

Nota importante:
El cocido estará más rico si lo hacemos como lo hacían antiguamente nuestras abuelas, es decir, a fuego lento durante 4 horas y a medio tapar, pero como tiempo, precisamente no tenemos mucho, en las ollas expres de pesa sale muy bueno y se hace en en poco tiempo.
QUEDA TERMINANTEMENTE PROHIBIDO HACER UN COCIDO EN UNA OLLA RÁPIDA. Yo lo hice una vez en una olla rápida, por probar y el resultado fue nefasto, lo tuve que tirar, al hacerse tan rápido no le da tiempo a los ingredientes a mezclarse bien.
Y el que diga que haciéndolo así sale rico... es que, bueno, sencillamente no le gusta el cocido.
Otra cosa, la materia prima es importante para hacer un buen cocido, cuanto mayor calidad tengan los ingredientes mejor saldrá.
Otra cosa peque, mi olla es para aprox. 10 comensales.