viernes, 27 de junio de 2014

Érase una vez... Ensalada Capresse.



Érase una vez una Cuentista que cambiaba de opinión una y otra vez para la receta del 27 de junio… 

Hoy es un día muy especial en su Reino porque  cumple “la cuarentena” el padre del pequeño Minichef y según se hace llamar él mismo: parte contratante de la Cuentista.

Dani no es amigo de aparecer por aquí, prefiere mantenerse en la mesa y limitarse a criticar (sin ningún tipo de criterio porque no pone pegas a nada) los platos que pasean por delante. Pero hoy no puede elegir.

En otro Reino y en un tiempo muy lejano,  la Cuentista y la parte contratante solían cenar en una humilde taberna que había en la aldea en la que vivían. A saber,  un VIPS de Madrid. Y compartían siempre los mismos platos, unas patatas VIPS y una ensalada Louisiana.

Pero llegó el día en el que la Cuentista tuvo que preparar por primera vez una comida en casa para los dos.
Ya os podéis imaginar el miedo pavoroso que tenía a cocinar algo y no quedar en ridículo. Por aquel entonces nuestra pequeña Cuentista apenas sabía preparar media docena de platos. Los nervios atenazaban su estómago y la vergüenza por el posible fracaso no permitían el paso del aire a sus pulmones.

Pues la receta de ese día es la que os traigo hoy.

Después de mucho pensar decidió hacer una ensalada capresse porque era imposible fallar con ese plato. Era una ensalada, por lo que no se jugaba quemar la comida, no se tenía que poner a cocinar en el último momento y sobre todo, jugaba sobre seguro, al ser una ensalada  sabía que sería de su agrado. ERROR.

Con muchísimo esmero, cortó en rodajas perfectas el mejor tomate que pudo encontrar en el mercado. Hizo lo mismo con el queso y preparó una vinagreta con hierbas aromáticas. Fácil y sobre seguro. ERROR.

Cuando la parte contratante llegó a la casa de la madre Cuentacuentos, la mesa ya estaba puesta, una mesa sencilla, en la cocina. La Cuentista no quería comer de “tiros largos”, sabía que la parte contratante era de picoteo, de taberna y cerveza.

Mientras se sentaban a la mesa y colocaba el plato delante comentó: He preparado una ensalada de tomate y queso, con albahaca… espero que te guste. Al ver su cara supo que no había acertado. Aun así y por si quedaba alguna duda… recibió como respuesta un:

“Pues la verdad es que no me gusta mucho el tomate, es algo que no me dice nada.”

¡¡Será posible!! Era una ensalada, comían ensalada siempre que quedaban, ¿en qué se había confundido?

Y en ese momento la Cuentista cayó en la cuenta. La ensalada Louisiana no lleva tomate. ERROR. ERROR. ERROR.

He de reconocer que a día de hoy el tomate es de las hortalizas que más se comen en ésta casa, nos encanta a todos y en todas las formas posibles… pero por aquel entonces el tomate todavía estaba en los “ni fu, ni fa”.

De la despensa:
(Para dos personajes)
Un tomate muy hermoso.
Mozarella de bufala.
Albahaca fresca.
Orégano (opcional).
Aceite.
Vinagre (yo uso de Módena).
Sal Maldon.

Manos a la obra:
1. Echar en un bote con tapa tres partes de aceite, una de vinagre y la albahaca previamente cortada muy picadita. (en juliana muy finita y luego en brunoise muy pequeña…no puedo evitar reírme a carcajadas al escribir esto), si decidís echar el orégano, añadirlo a la mezcla. Agitar para emulsionar. Reservar.

2. Colocar el tomate sobre una servilleta de papel para que no se mueva. Con un cuchillo de pan, cortar el tomate por el centro sin llegar a separarlo en dos mitades. Ir haciendo cortes desde el centro hacia los lados, para que quede como un libro.

3. Echar sal Maldon en cada uno de los cortes y con una cuchara echar un poquito del aliño que teníamos reservado.

4. Cortar la mozarella de buffala en láminas (vamos a hacer uso de todas las técnicas de cortes). Ir metiendo en cada corte del tomate una lámina de mozarella, si el queso se rompe no pasa nada, metéis trozos y listo.

5. Echar un chorro de un buen aceite por encima, unas hojas de albahaca cortada y a disfrutar.

Moraleja: Podéis hacer la ensalada de una manera mucho más sencilla si cortáis el tomate en rodajas, las colocáis en un plato, echáis la sal, el aliño y ponéis la mozarella por encima. No queda tan bonita, pero es infinitamente más sencilla.

 Dentro de poco os traeré la ensalada Louisiana.

Y colorín, colorado... esta receta se ha acabado.

miércoles, 25 de junio de 2014

Érase una vez... Aceites y aliños.


En realidad es difícil saber el momento exacto en el que uno empieza a aficionarse a algo.

Nuestra Cuentista no sabría decir cuándo o qué la llevó a tomarse la cocina como algo más que una obligación diaria. Pero muchísimas veces ha pensando que se animó a hacerlo por un comentario que hizo su cuñada Sonia una noche, hace muchos años y que recuerda muy a menudo:

“Aliña tú la ensalada porque siempre las dejas perfectas, tienes muy buena mano con ellas”

Me encantan las ensaladas y menos mal… porque he pasado la mitad de mi existencia a dieta. Me encanta comer y me encanta picotear con una cerveza fresca. Y eso tiene sus consecuencias.

Mis ensaladas son épicas, me encanta desde la mixta hasta la gourmet más gourmet y tengo una colección de aliños tremenda en uno de los cajones de mi cabeza.

Todo ello nos lleva a la entrada de hoy.

No traigo una receta “receta”. Hoy traigo un juego de aliños por varios motivos…

  1. Se acerca el verano y apetecen comidas más frescas y ligeras.
  2. Creo que hay que tener siempre aceites enriquecidos y especiados en la cocina para añadir a pizzas, verduras, pescados…
  3. Hoy es el cumpleaños de Marian.
Tal vez os puede parecer que el que sea el cumpleaños de Marian no es un motivo de peso para hablar de aliños, pero estáis equivocados. Uno de los aliños que más veces repito me lo enseñó ella.

Todo lo que Marian ha cocinado para mí  ha estado riquísimo, además baila salsa, es graciosa, tiene buena mano para peinar y maquillar… pero cocinar, lo que se dice cocinar… no está dentro de las cosas que disfruta.

Si alguien me preguntara cuál es el plato que prefiere Marian, supongo que diría que un buen tomate de la huerta de su padre cortado por la mitad con sal. Lo que viene siendo un plato de cocina molecular.

Por eso aunque buscara debajo de las piedras no podría encontrar recetas de ella, así que he decidido preparar los aliños en su honor y el que ella me enseñó está ahí. Me encanta dar vueltas a las recetas, dentro de poco os voy a preparar una deliciosa ensalada (repija ella) con la base del aliño de Marian.

Puedo garantizaros que si los hacéis, vuestros platos van a cambiar para mejor, son aliños muy sencillos, duran mucho tiempo preparados y enriquecen el sabor de la comida. Es divertido prepararlos y muy práctico tenerlos listos para usar, sin tener que hacer todo en el último momento. Para la Ratatouille utilicé uno de ellos y los que ya la han probado han dicho todos lo mismo:

“Huele de maravilla y está riquísima”

No os quiero decir nada sobre cómo quedan algunos de ellos si preparamos la focaccia y la mojamos recién horneada en alguno de ellos.

Aliño de Marian: Delicioso con una ensalada que lleve queso de cabra y bacon.
De la despensa: 



3 partes de aceite de oliva virgen.
1 parte de vinagre de Módena.
2 partes de miel.
Una pizca de sal.
Manos a la obra:
Echar todo en un bote con tapa de rosca y agitar para que se mezcle bien y la miel se aligere.

Aliño para todo un poco: Es el que utilicé en la Ratatouille.
De la despensa:



3 partes de aceite.
1 parte de vinagre de manzana.
1 cucharada de reducción de vinagre de Jerez.
1 diente de ajo.
Pimienta negra molida.
Orégano.
Sal.
Manos a la obra:
Machacar el ajo en un mortero hasta dejarlo hecho puré.
Echar todos los ingredientes en un bote con tapa de rosca y agitar cada vez que lo queráis utilizar para emulsionarlo.


Aliño de limón: Un aliño espectacular para los pescados al horno, a la plancha o en papillote.
De la despensa:



125 ml. de aceite.
3 cucharadas soperas de zumo de limón.
3 cucharadas de vinagre de vino tinto.
2 dientes de ajo.
1 cucharadita de orégano.
1/2 cucharadita de azúcar.
Unas bolitas de pimienta negra (al gusto).
Manos a la obra:
Machacar los ajos en el mortero.
Echar todos los ingredientes en un bote con tapa de rosca y agitar.


Aceite de tomillo: En la Toscana te lo sirven con pan para mojar, así lo conocí yo. Para asar una carne es estupendo.
De la despensa:



Aceite
Tomillo seco en rama. (En herbolarios lo encontraréis en rama)
Manos a la obra:
Echar aceite en un bote o botella y meter dentro unas ramas de tomillo. Dejarlo macerar un par de días antes de consumirlo.


Aceite "picantón": La pizza está buenísma si echamos un poquito. 
De la despensa:



Aceite.
3 ó 4 cayenas.
1 diente de ajo (opcional).
1/2 cucharadita de pimentón (yo uso picante porque me gusta el infierno)
Manos a la obra:
Echar aceite en un bote o botella y meter dentro las cayenas, el pimentón y el diente de ajo. Dejarlo macerar un par de días antes de consumirlo. 
Si nos gusta el sabor del ajo, se puede machacar antes de echarlo y aromatiza muchísimo más.


Moraleja: Me quedo "pasmá" con algunas cosas. El día después de preparar esta entrada me compré una revista (de cocina, ofcors) y uno de los artículos es de unas botellitas con aceites aromatizados para aliños. Es de una empresa alicantina y sale el litro de aceite a más de 50€. Os quiero a todos preparando aliños en casa.

Y colorín, colorado... esta receta se ha acabado.

viernes, 20 de junio de 2014

Érase una vez... Técnicas de corte.



Por fin la primera entrada de "Técnicas de Cocina". Nuestra pequeña Cuentista tenía muchas ganas de empezar con este apartado de "Cuentos de Sal y Pimienta". 

La Cuentista sabía que si un día decidía tragarse unas gotas de la pócima de "abracadabra, que me convierta en una gamberreta por un día", algún hada buena o duende malicioso iba a caer en sus redes e intentaría hacer que la pobre se sintiera atemorizada por el uso de expresiones como "cortar en paisana grande". Y así fue. 

Antes de que el pregonero del Reino pudiera leer a todos su misiva ya teníamos comentarios dulces y bienintencionados aclarando con delicadeza lo que significa "corte paisana" o "en trozos groseros"... Aun así y a sabiendas de que ya no es necesaria esta explicación, la Cuentista ha decidido preparar unas pizarras con los cuatro cortes más utilizados en cocina. 

Quedan otros y los iremos viendo poco a poco, algunos de ellos no los ha hecho nunca y requieren una técnica que no está dentro de sus habilidades. Los que tenéis la suerte o la desgracia de conocer a la Cuentista sabéis que su torpeza es infinita.

Hay que tener en cuenta que la explicación que se va a relatar es la "correcta" cocineramente hablando, pero normalmente para andar por casa no sacamos el metro y medimos para que los cortes queden como dicta la norma. Es bonito saber cómo debería ser, pero lo normal es que no llame a la puerta Gordon Ramsay para ver si lo hemos hecho a la perfección. 

Corte en Juliana: Utilizadísimo en cocina, la juliana es (a parte de una señora... que os veo venir), un corte fino y largo. Dependiendo del producto que se manipule tendrá diferentes longitudes. Se utiliza muchísimo en salteados. Los cortes deben tener la misma longitud y grosor por todas sus caras. Las tiras de la zanahoria cortada en juliana, según los grandes cocineros, deben parecer "fósforos". 

Corte en Brunoise: Corte en dados muy pequeños, de entre 1 y 3 milímetros de grosor. Es el perfecto para vinagretas y para hacer sofritos en los que queramos que la verdura no se note.

Corte en Paisana: He aquí el de las juergas... consiste en hacer dados más grandes que los del corte brunoise, con formas irregulares. Muy utilizado en ensaladillas y desde ahora en la Ratatouille de la Cuentista.

Corte en Láminas: Cortes verticales u horizontales, el grosor dependerá del uso al que vaya dirigido, se puede laminar con cuchillo, con mandolina (quietos paraos) o con máquinas de cortar profesionales (tipo fiambres).

Nuestra Cuentista espera que la entrada os sirva de ayuda y así cuando decidáis sacar vuestros cuchillos, espadas y lanzas contra ella... por lo menos sabréis el tipo de corte que estáis haciendo con ella.

Y colorín, colorado.... esta receta se ha acabado.


martes, 17 de junio de 2014

Érase una vez... Ratatouille


Érase una vez una Cuentista a la que le encantaban los carteles colgantes de las tiendas. Le resultan evocadores, imagina a los dueños ilusionados colgando en la fachada los inicios de un sueño.

Reservar.

Ya sabéis que la vida de nuestra Cuentista está llena de casualidades que luego os va relatando en sus cuentos. Pues la casualidad ha hecho que la receta de esta semana no pueda ser otra.

Muchas veces nuestra pequeña Cuentista tiene dudas sobre qué plato preparar y qué cuentos contar, pues esta semana no. Hace apenas unos días nuestra Cuentista fue a visitar el lejano reino en el que vive su hermano con su familia.

La primera mañana  la Cuentista dejó a su Minichef y a la Minicuentista jugando mientras preparaba la comida, de pronto agudizó el oído. Un raro silencio se oía en la casa y eso era algo muy inusual cuando se juntaban los dos primos. Se dirigió al salón y al entrar vio que se habían puesto una película de dibujos: “Ratatouille”. Y tuvo una idea. Al día siguiente iba a preparar para ellos esa receta. No sin antes averiguar que a la pequeña no le gustaban demasiado todas las verduras.

Encantados. Quedaron encantados…

Ese mismo día por la tarde decidieron hacer una excursión al centro de Madrid, su tío tenía pensado una sorpresa para ellos, pasito a pasito fue llevando a todos a una exposición de “Pixar” y cuando llegaron se encontraron con los personajes de muchas de sus películas de dibujos favoritas: Monstruos S.A, Toy Story, Cars y por supuesto se encontraron con Rémy, el protagonista de Ratatouille.

Cuando salieron de la exposición pasaron por la tienda de regalos y decidieron comprar un recuerdo para cada uno. El regalo de la Cuentista lo vais a poder ver todos, para ello necesita que volváis al inicio del cuento y cojáis el primer párrafo, el que os dije que reservarais.

Éste fue el regalo, una lámina.



Por la noche cuando la Cuentista preguntó que qué querían para comer al día siguiente, ambos pequeños contestaron al unísono: ¡¡RATATOUILLE!!

¿Se os ocurre otra receta para esta semana?

De la despensa:
(Para 4 personajes)



Hay que intentar que todas las verduras tengan más o menos el mismo diámetro para que quede una ratatouille preciosa y no nos lleve trabajo conseguirlo.
1 calabacín.
1 berenjena.
1 cebolleta.
1 pimiento rojo.
2 ó 3 tomates de rama.
Fiambre de pavo redondo. 
Lonchas de queso.
Aceite de oliva virgen.
Vinagre de módena.
Orégano.
1 diente de ajo.
Pimienta negra.
Sal.

Manos a la obra:
1. Cortar la berenjena en rodajas. Ponerlas sobre un paño, echar bastante sal por encima y dejarlas así un mínimo de media hora. De esta manera sudarán, perderán el amargor y se no se ablandarán con la cocción.
2. Aprovechamos la media hora para cortar todas las verduras y hortalizas en rodajas de unos 3 mm. 
3. Cortar el pavo de la misma manera, yo compro una tripa individual de pechuga de pavo de las redondas para que quede todo por igual.
4. Cortar las lonchas de queso en círculos, yo uso una taza pequeña y de cada loncha salen unas cuatro rodajas.
5. En un bote con tapa echar tres partes de aceite, una de vinagre (se puede quitar), sal, el diente de ajo machacado previamente en el mortero, pimienta molida y orégano al gusto. Agitar muy bien toda la mezclar.
6. Lavar la berenjena y secar un poco.
7. Ir colocando rodajas de cada uno de los ingredientes alternativamente. Yo suelo colocar la cebolla al lado del queso para que al fundirse "fría" un poquito la cebolla. 
8. Utilizando una cuchara, regar con la emulsión de aceite todas la verduras y meter en le horno (previamente precalentado) 40 minutos a 180º. Durante la primera media hora yo coloco un trozo de papel de aluminio encima (simplemente apoyado), para que no se resequen.

Moraleja: A partir de ahora y después de probar esta maravilla todos vais a querer comer verduras, como ocurrió con los pequeños del cuento. Ponéis la película, prueban la receta y son vuestros para siempre.
También podéis cortar todas los ingredientes en paisana grande (a cuadraditos más o menos groseros) y ponerlo todo "a revolotón" en la fuente. Queda menos vistoso, pero se termina mucho más rápido...

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.

viernes, 13 de junio de 2014

Érase una vez... Un cuento de ratones y hombres.


Érase una vez una Cuentista a la que como cualquier buena Cuentista que se precie, le gustaban las historias, los cuentos y las películas de dibujos. Hoy nos lo trae todo juntito, Ratatouille es una historia preciosa sobre la máxima de un chef:

“Cualquiera puede cocinar”

Una máxima que  nos viene al pelo para nuestra Cuentista, ella no es una buena cocinera y si consigue meterse en la cocina, coger unos cuantos ingredientes, mezclarlos y salir relativamente airosa… cualquiera puede hacerlo.

Cuando nuestra Cuentista leía los comentarios de la otra entrada que hizo sobre películas tuvo una idea. Casi todos los comentarios decían que después de ver "Chocolat" tuvieron ganas de comer chocolate. De hecho, en el estreno que se hizo en Madrid repartieron chocolatinas a la salida.
Por eso ha decidido que cuando os hable de un libro o una película va a intentar que la siguiente entrada esté basada en una receta que hayamos podido ver o leer en “loquesea” que haya aconsejado.


Rataouille es una película divertida que me encanta ver y a los peques también. Se acercan las vacaciones de verano y es una oportunidad (y una excusa) para disfrutarla una tarde.

Si tenéis peques en casa y ya la han visto… habrá que repetir, porque la semana que viene vamos a preparar una deliciosa ratatouille y os aseguro que si ven la película y preparáis la receta, a partir de ahora comerán verduras encantados. Palabra de Cuentista.

Y colorín, colorado... ésta película se ha acabado.

martes, 10 de junio de 2014

Érase una vez... Focaccia



Muy de refilón la Cuentista os ha hablado alguna vez de Patri.

Patri entró en su vida hace unos años como “mamá del cole” y poco a poco se hizo un hueco en la vida y en el corazón de la Cuentista.

Antes de nada debo aclarar que Patricia es otra Cuentista de la vida, imaginativa, chisposa, con esas salidas de tono que si no pillas te dejan muerto matao, irónica y de humor afilado. La vida pasa a su lado y parece que ella no mira, pero ve. Siempre ve.

Muchas veces pienso que Patricia debería ser conocida como “la mujer bota” porque es de esas personas que suelen dejar huella. Generosa, buena y absolutamente loca.

Por esas casualidades de la vida, esas que tanto se dan en mi vida de Cuentista, el mismo día que los niños empezaban las vacaciones de Semana Santa decidimos irnos juntas a la cabaña. Coincidía que también venía Pablo, el hermano de la Cuentista (conocido ya por todos a estas alturas) y su hija Laura, por lo que así juntábamos a los cuatro bichillos para poder jugar en el río y pasarlo de miedo. 

Y allá nos fuimos todos.

Realmente la Cuentista iba con intenciones aviesas, quería preparar recetas nuevas, encender y probar el horno de leña con algunas y necesitaba conejillos de indias: de ahí que necesitara invitados.


Vamos a aclarar que Patricia no es una gran amante de la cocina, de hecho no le gusta cocinar… y quiero gritar aquí y compartir con todos vosotros que cocinó mucho y muy bien durante esos días.

Después me reconoció que la relajación y paz de la cabaña la hicieron sentir “como si estuviera fumada”.

¡¡Eso debió provocar sus ganas de cocinar!!

Una de las recetas que salieron de esos días fue una focaccia esponjosa.

No necesita amasado por lo que todos deberíais preparar ésta receta al menos una vez sin añadir ingredientes extra, como pan sin más. Debo decir que NO TIENE NADA QUE VER CON LA FOCACCIA clásica por lo que no debéis esperar un pan-pizza. Queda como pan, pan.

La podéis hornear con los ingredientes que queráis (bacon, chorizo, queso, aceitunas verdes, ajo, loqueseosocurra…) y comerla como tostadas, como bocadillo o a bocados. En ésta ocasión dejé que cada cual cortara la focaccia al gusto, en la mesa había una ensalada de berros con higos y terminamos preparando minibocadillos con la ensalada.

De la despensa:
Para la base de pan sin relleno:



500 gr. de harina de fuerza.
400 gr. de agua.
1 cucharadita de sal.
25 gr. de levadura fresca.

Para mi focaccia:
1 puñado de aceitunas negras aliñadas con pimentón.
½ cebolla roja.

Manos a la obra:
1. Separar medio vaso de agua y diluir la levadura. Reservar.
2. En un recipiente echar la harina, el agua, la sal y la mezcla de levadura diluida.
3. Mezclar todo con una cuchara o con la mano.
4. Cortar la cebolla en tiras. Echar a la mezcla.
5. Deshuesar las aceitunas, cortarlas por la mitad y añadir a la mezcla.
6. Mezclar todo, tapar con papel film y dejar reposar en un sitio sin corrientes un mínimo de dos horas. Cuántas más mejor. Con el paso de las horas crece muchísimo y se llena de agujeritos de aire. Esa es la gracia.
7. Untar con aceite un molde, yo utilizo una bandeja pirex rectangular, si es grande la focaccia quedará más planita. A gustos.
8. Echar toda la mezcla en el molde elegido y NO TOCAR MUCHO, dejar reposar media hora más y ella sola se asienta con la forma que quiera.
Precalentar el horno a 250º
9. Echar un vaso de agua dentro del horno, en la bandeja inferior o con vaporizador si no tenéis. Eso nos hará una corteza estupenda.
10. Hornear a 250º  entre 5 y 10 minutos, bajar la temperatura del horno a 200º y dejarlo 20 minutos más

Y colorín, colorado....ésta receta se ha acabado.

viernes, 6 de junio de 2014

Érase una vez... Alimentos de junio


Érase una vez una Cuentista que tenía un miedo pavoroso a escribir en su blog las entradas de los ingredientes de temporada.

En algunos reinos vecinos existen pequeños duendes traviesos, ogros gamberros y hadas maliciosas que cogen los ingredientes y buscan por todos los lados bichos, plantas carnívoras y demás cosas raras para complicar la vida a nuestra pobre y atemorizada Cuentista.

El primer sábado de mayo la Cuentista publicó la lista de los “alimentos (malditos) de temporada”  y cuando se quiso dar cuenta tenía el blog lleno de tiburones, mamoncillos, retorteruelos… nuestra pobre Cuentista tuvo que ponerse a buscar esos ingredientes como una loca para ver si existían o eran seres de “otros cuentos ficticios”

Pero la causalidad (ya sabéis que llena su vida) quiso que la solución llegara el primer domingo de mayo, justo un día después.

El Día de la Madre.

El pequeño Minicuentista regaló a su mamá un libro maravilloso y al hojearlo la primera página que vio fue: Pescados de temporada…. Apenas podía creerlo.

Ahora la Cuentista tiene unas listas maravillosas de los alimentos españoles ordenaditos por meses, con anotaciones sobre ellos y cómo reconocer su frescura, con consejos de consumo y métodos de conservación. Si algún duende, ogro o hada necesita o quiere saber algo SOBRE EL TEMA (que me conozco el percal)… solo tiene que preguntarlo y gustosamente os dará la información.

El libro es de un chef español, por eso los alimentos y las temporadas se refieren a los de España. Como me consta que los cuentos se leen en otros Reinos lejanos, allende los mares… prometo revolver todos los reinos del cielo y de la tierra para vosotros si me pedís algo de información para Colombia, Filipinas, la Luna o cualquier lugar del Universo.

La Cuentista tiene la suerte de trabajar con Yelitza (una colombiana que se parece a Jennifer López) y Lexter (un filipino que no se parece en absoluto a J.Lo), de momento no conoce a ningún selenio pero con buena disposición todo es posible.

Moraleja: Al escribir la palabra “hojeando” me he dado cuenta de una tontería, pero me apetece compartirla con vosotros… He visto que podía elegir  si escribir la palabra con “h” o sin “h” porque en éste contexto sirve de las dos formas… si hablo de pasar hojas es “Hojeando”. Si hablo de echar una ojeada… sería “ojeando”.

43 años para darme cuenta de eso.

¿Me habré convertido en mamoncilla china?

De la frutería  
    Pescados de mar
Albaricoques    Atún
Cerezas    Bacalao
Ciruelas      Boquerón
Fresones    Caballa
Lima    Congrio
Limón    Dorada
Manzana    Escorpena
Naranjas     Gallo
Nísperos    Lubina
Nectarina    Merluza
Plátanos    Pez espada
Pomelos      Rape
    Raya
De la verdulería    Sardina
Acelgas
Ajo tierno    Mariscos
Alcachofa    Berberecho
Apio    Bogavante
Berenjenas    Buey de mar
Brócoli    Cabra de mar/centollo
Calabacín    Cigala
Calçot (última oportunidad)    Langosta
Cebollas    Langostino
Cebolletas    Nécora
Espárragos    Sepia
Espinacas
Guisantes
Habas
Judías verdes
Lechuga
Nabo
Patata
Pepino
Pimiento rojo
Puerro
Rábano
Tirabeque
Tomate
Zanahoria

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.





lunes, 2 de junio de 2014

Érase una vez... Arroz de rape y gambas.


Tatatachán, tatatachán.....
No quepo en mi regocijo culinario. Estoy sorprendida y orgullosa con ésta receta. Definitivamente hay que quitar el "novato" al cocinero novato, o poner un "ex" delante de cocinero.
Os recuerdo que después de ver las tortitas estrelladas que consiguió hacer, cedí un hueco al ex cocinero novato para que nos mostrara su evolución con una receta y aquí están los resultados. Impresionante.
Aquí dejo lo que ha preparado para todos, no he metido mano en nada. La receta, el cuento y la foto han llegado directamente desde Elche a la cocina de "Cuentos de sal y pimienta"



Primeramente agradecer a la señora Cuentista que me haya cedido Cuentos de sal y pimienta para contar éste rececuento; gracias, gracias, gracias.

Érase una vez un cocinero novato que nunca se había tenido que preocupar por cocinar, así que ni era cocinero, ni era novato, ni era “na de na”. Hasta entonces apenas sabía preparar una pasta al curry que si queréis os la cuenta en otra ocasión; muy rica por cierto.

Pero la vida da muchas vueltas y un día casi de repente se encuentra con que se tiene que preocupar de con qué llenar el buche a diario. En la puerta de casa tenía un sitio de comidas para llevar donde por apenas 3€ tenías ensalada y un plato. Sí, increíble pero cierto. La tentación de no cocinar ningún día estaba ahí, cerca, acechando a diario. Pero no cayó en ella y decidió tomárselo como un reto personal: IBA A APRENDER A COCINAR.

Un día la madre del cocinero novato cogió por sorpresa a su barbudo retoño y lo llevó de la oreja hasta la cocina.

-Hijo mío, hoy vas a aprender a hacer el arroz 1, 3, 18.
(cara de póquer)

-¿1, 3, 18?

-Sí, una medida de arroz, tres de caldo de pescado y 18 minutos de cocción. Quítale la espina a ese rape.
(cara de repóquer)

El barbudo retoño cocinero novato agarró el rape con más asco que miedo y comenzó a diseccionar mientras su madre se echaba las manos a la cabeza al ver, tras un despiste, que casi todo el pescado seguía pegado a la espina.

Su madre iba tan rápido con las instrucciones que casi no era capaz de seguirlas. Un rato después estaba listo su primer arroz de rape con gambas. Parecía magia, le resultaba imposible que con sus manitas (y las de su madre) hubiera sido capaz de hacerlo. Fue una inyección de moral culinaria espectacular, como el arroz.

Días después, el cocinero novato llamó a la Cuentista y se lo “cuentó”. Fue ésta quien le dio la clave para hacer el mejor caldo de pescado que jamás se pueda hacer. Desde entonces lo prepara como lo vais a leer y nunca falla, NUNCA.

El caldo de la señora Cuentista se prepara con las propias pieles y cabezas de las gambas que después usaremos en el arroz. “Quicir”, pelamos las gambas y las ponemos en una sartén con unas gotitas de aceite (incluidas las cabezas) para hacerlas a la plancha. Sí sí, sólo las pieles y las cabezas, yo también me quedé ojiplático cuando me lo "cuentó".

Una vez tenemos las pieles bien tostaditas (el olor que queda en la cocina es mmmmmm rico rico), las machacamos con un palo de mortero y añadimos el agua. Deberemos echar un poco más de agua que la cantidad de infusión que vamos a necesitar. Allí las tendremos hasta que hierva un par de minutos. Lo pasamos todo por un colador bien fino y listo. Si el colador no es lo suficientemente fino, colocaremos una tela de algodón para que no queden restos “sólidos”.  En definitiva, que tendremos una infusión de pieles de gamba. Así la voy a llamar, “infusión de pieles de gamba”.

De la despensa (para 3 personas):


1 Pimiento rojo hermosote.
1 ó 2 colas de rape (aproximadamente 300 o 400 gr.).
225 gramos de arroz (gramos con "m", no granos. No quiero que nadie se ponga a contar) ;))
1 bote de 400 gr. de tomate triturado.
1 sobre de paellero Carmencita.
750 ml. de infusión de pieles de gamba.
Aceite de oliva virgen extra (me apetecía escribirlo así, todo, ¡qué pasa!).
15 gambas rojas peladas.
Sal.

Manos a la obra:

Podemos prepararlo en sartén, paellera o perol de barro, como cada uno prefiera; sale bueno sí o sí.

Quitamos la espina y la piel al rape y lo diseccionamos en tacos de unos 2 o 3 centímetros. Reservar (siempre me ha gustado esta expresión en las recetas).

Cortamos el pimiento rojo a tiras y lo sofreímos  bien, con un poco de sal; es importante dejarlo bien sofrito (pero no quemado).

Añadimos los trozos de rape con otro poquito de sal y seguimos sofriendo. Cuando el rape esté sofrito, añadimos el arroz y el sobre de paellero. Le damos unas vueltas a todo, con un minuto es suficiente.

Después se añade el tomate triturado con otra pizca de sal y se deja friendo. Cuando reduce (no sé explicarlo de otra forma) se añade el caldo CALIENTE y se remueve todo para que el arroz se distribuya bien.

Es ahora cuando colocamos las gambas a una distancia exacta una de otra de 2 centímetros y medio. Es bromaaaa, ponedlas por ahí “a revolotón”.

Cuando empiece a hervir bajamos a fuego medio y contamos 18 minutos. Es conveniente remover de vez en cuando (¡ojo! de vez en cuando) para que no se pegue. Si el fuego no ha estado muy fuerte, a los dieciocho minutos lo apagamos y tendremos un exquisito arroz listo para disfrutar. Bueno, no tan rápido, conviene dejarlo reposar cinco minutos antes de servirlo.

Explicación sobre las cantidades:
Yo pongo dos puñados de arroz por persona y siempre uno de más, porque ya se sabe aquello de que más vale que "zozobre" que no que "zofalte". Si con los puñados de arroz hemos llenado un vaso, necesitaremos tres vasos de infusión.

Explicación del porqué de tanta explicación:
Quiero dedicar esta receta a mi madre por ser tan maravillosa, sin ella nada sería posible y también a mis dos grandes amigos: Alfredo y Rosario.

A revolotón era una expresión de Alfredo y Rosario siempre decía que las recetas nunca estaban lo suficientemente bien explicadas para quienes no sabían cocinar y tenía razón. Hablo en pasado porque ninguno de los dos preparará ésta receta. Os quiero, en presente.

Moraleja: Para éste (y otros arroces) si se va a preparar para muchas personas, conviene usar paellera grande, ya que no queda tan rico si la capa de arroz es muy gruesa; moraleja de novato.


Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.