miércoles, 28 de mayo de 2014

Érase una vez... Una minicuentista en Disney


Normalmente no me resulta difícil escribir cuentos, para eso soy hija de la madre Cuentacuentos, pero hoy debo padecer el mal del escritor. El de la página en blanco. Supongo que será porque hoy no me siento Cuentista.

Hoy me siento tía. Hoy es el cumpleaños de Laura, mi sobrina, mi miniyo.

Laura es una fotocopia pequeñita de la Cuentista, un precioso bichito que hoy cumple 9 años rodeada por la magia de otros cuentos, de princesas con vestidos preciosos y largas melenas, está en Disneyland París.

FELICIDADES LAURA… disfruta muchísimo y guarda recuerdos para contármelos cuando nos veamos.

Hace dos veranos cogimos una bonita costumbre, vinieron a pasar unos días a la cabaña y por la noche cuando se iban a la cama, me acostaba un rato con mis dos Minicuentistas, uno a cada lado y les contaba un cuento. Al escribirlo acabo de darme cuenta… Sin querer me convertí por unos días en la madre Cuentacuentos, la que acostaba a sus dos hijitos con ella…

Los Minicuentistas siempre disfrutan oyendo mis cuentos, los mejores son los contados por fascículos, con aventuras distintas cada día. Pero ese año descubrimos que sus favoritos son los de las historias verdaderas, las travesuras que Pablo y yo (sobre todo yo) hacíamos cuando éramos pequeños. Nuestras historias.

Hoy no puedo ver su carita, su regalo es estar rodeada de cuentos y yo quiero regalarle uno. Uno que es una historia verdadera, entre ella y yo. He decidido buscar en el bolsillo de los recuerdos preciosos y he encontrado uno escondido durante 9 años.

Érase una vez una Minicuentista que se llamaba Laura y durmió por primera vez fuera de casa. Sus padres celebraban su aniversario de boda y decidieron salir a cenar a su restaurante favorito.
La primera noche como mujer independiente de Laura fue a los casi 5 meses de nacer y esa noche la pasamos juntas. La primera vez que se separó de sus padres fue para dormir a mi lado en la cama. Por la mañana al despertar y mirarnos me dedicó una de sus preciosas sonrisas, yo recogí el momento y me lo guardé en el bolsillo del que hoy lo he sacado para ella.

Sé que es un cuento muy breve, pero el recuerdo es muy grande y jamás se lo había contado. Te regalo mi recuerdo Laura. No olvides nunca que detrás de tus padres siempre estaré yo esperándote.

Te quiero Minicuentista.


Y colorín, colorado… ésta receta se ha acabado.

martes, 27 de mayo de 2014

Érase una vez... Tarta de manzana


Absolutamente perfecta, palabra de Cuentista...

Tan perfecta como la familia, tan perfecta como querer.

Érase una vez una Cuentista que vivía en una ciudad que no era la suya. Cuando su pequeño minichef empezó a ir al cole, tuvo la suerte de conocer a madres y padres de matrícula de honor, una de ellas se paseó por el blog el día del cumpleaños del hermano de la Cuentista. Estoy hablando de Silvia MamáManu. Ella y su hermana dieron la receta de las galletas que terminaron siendo Jack Skellington.

Silvia es una súper mamá y quiero que conste que no es mi opinión, todas las mamás del cole pensamos lo mismo de ella. Desde el primer momento se encargó y preocupó de que todas las familias pudieran disfrutar de fotos y vídeos bien editados de nuestros peques. Ella se encarga de grabar, editar y preparar copias de todo para todos. Ella es así.

Y de tal palo tal astilla. Hoy es el cumpleaños de Manu, su hijo. Compañero de clase de mi pequeño minichef. La receta de ésta tarta de manzana maravillosamente deliciosa es la receta de su familia. Toda la vida se ha preparado ésta tarta en su casa y un día Silvia me envió la receta con un ofrecimiento:

"Voy a salir a tomar algo con unos amigos, ¿Quieres que te lleve un trozo a casa y la pruebas?"

¿Veis como es una buenaza? ¿En qué cabeza cabe que salgas a cenar algo con unos amigos y se te ocurra cargar con un trozo de tarta de manzana? Pues esa es Silvia, así es ella.

En definitiva, éste año quiero preparar la tarta para Manu. Quiero felicitar a ese pequeñajo que con siete años quiere ser ciéntifico, y no uno cualquiera... quiere ser un científico de pelo largo. Lleva varias semanas dejándolo crecer y ya parece una estrella inglesa del rock.

Vamos a empezar diciendo que la Cuentista no suele tomar dulces, jamás se siente tentada por el chocolate y las cosas con demasiado azúcar la saturan en el primer bocado. Pero hay dos tartas que son su debilidad, y prueba en todos los restaurantes que puede: La tarta de queso y la tarta de manzana.

Sin la menor duda ésta es de las mejores que ha probado y el listón estaba en la estratosfera. Una persona que ya queda muy lejana en el tiempo, preparaba la mejor tarta de manzana casera del mundo. Durante años la Cuentista ha ido probando tartas con la esperanza de encontrar una parecida y hasta ahora no lo había conseguido. Deliciosa. Sencilla. Casera. Perfecta.

Con un punto de brandy que me hizo dudar al principio (por los peques) y que me enamoró al tocar la boca.

De la despensa:



Para la decoración:
3 ó 4 manzanas Golden para decorar.
Mermelada de albaricoque (o melocotón).
Para la masa:
2 manzanas Golden ralladas.
3 huevos.
200 ml. de nata.
Ralladura de un limón.
150 gr. de harina.
160 gr. de azúcar.
1 sobre y 1/2 de levadura química Royal.
50 gr. de brandy.


Manos a la obra:
Precalentar el horno a 250º.
1. Mezclar la harina con la levadura, yo suelo tamizarlo todo junto para que se mezcle bien. Reservar.
2. Separar las claras de las yemas. Reservar las yemas.
3. Batir las claras a punto de nieve.
4. Añadir todos los ingredientes (incluidas las yemas) a las claras a punto de nieve y mezclar con suavidad para que no se bajen.
5. Echar la mezcla en un molde de base desmontable untado con mantequilla. (de entre 26 y 28 cm.)
6. Descorazonar y pelar manzanas, cortarlas en gajos. Yo de cada manzana saco 16 gajos.
7. Colocar los gajos encima de la masa formando círculos o "intentando" dejar una forma bonita.
8. Meter la tarta en el horno a media altura, bajando la temperatura a 200º. Hornear 45 minutos.
9. Sacar la tarta y echar una capa de mermelada por encima de las manzanas.
10. Desmoldar y disfrutar una vez fría.

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.


viernes, 23 de mayo de 2014

Érase una vez... La estrella novata.



Ya sabéis que uno de los capítulos de “Cuentos de sal y pimienta” lo escribimos entre todos, son las recetas del blog preparadas por vosotros. El estreno de “Todos escribimos cuentos” se hizo con vuestras tortitas y hubo un osado (mi hermano) que decidió utilizar una sartén con forma de estrella de esas que regalaban en un coleccionable. Vamos a decir que el éxito de esas tortitas fue relativo.

                  Sin comentarios....


Pero claro…. En los comentarios de la receta, nuestro famoso y dicharachero “cocinero novato” se sintió tentado y retado a prepararlas y aquí nos encontramos hoy.

Érase una vez un Cuentista que se hacía llamar “el cocinero novato”. No le llamo cuentista porque narre cuentos, NO. Lo hago porque me parece que lo es, hoy no me creo esa historieta que va contando sobre que es un novato en el arte de la cocina. 

Hace unos días me envió una foto de las tortitas que había conseguido hacer con “la sartén asesina de tortitas”, con ese objeto infame que hizo que mi hermano abriera una fábrica bloguera de churritortas retorcidas…

No sé cuántas tortitas habrá tirado, arrugado o quemado para hacer la foto, lo que sí sé es que merece verse aquí. Puedo aseguraros que yo intenté hacer una miserable tortilla francesa y no había forma de dar la vuelta y que encajaran las patitas de la estrella en su sitio.

Algunas tortitas están más estrelladas que otras, tampoco nos vamos a engañar, algunas de ellas debían estar tan cerca del sol que se han chamuscado un poquito más de lo adecuado… Y después de ver éstas, supongo que mi hermano terminará buscando otra sartén porque la anterior se quemó con los intentos por conseguir la tortita estrella.

Las primeras tortitas de nuestro cocinero novato fueron éstas, os aseguro que no es una torta de arroz o maíz dietética, es una tortita dulce….


                             

Y aquí las nuevas… con forma de estrella.


                   

En su momento pasé el delantal y mi cocina a Sonia para que preparara su delicioso cocido, me gustó ceder “Cuentos de sal y pimienta”. Lo mínimo que puedo hacer hoy es cedérselo al cocinero novato por un día. Me gustaría que escribiera un cuento y preparara una receta para nosotros. Creo que después de ésta muestra de maestría sartenera debería demostrarnos todo lo que está aprendiendo.


No te digo nada hermano, ve escribiendo el cuento de la comida de los sábados de nuestra niñez. Creo que esa receta deberías prepararla tú.

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.

martes, 20 de mayo de 2014

Érase una vez... Huevos a la escocesa


¡Vamos allá con otra petición de oyentes!

Espero que tengáis tiempo y no estéis leyendo en el móvil, el cuento no es demasiado largo, pero las explicaciones de la receta son para sentarse a tomar el café leyendo tranquilamente….

Érase una vez un reino muy lejano llamado Marbella, allí vive Mayo con sus dos peques. Por esas casualidades que ya sabéis que llenan mis horas voy a relatar lo que ocurrió hace unas semanas entre Mayo, gallinas y huevos.

La Cuentista es una enamorada de la Historia Medieval. Para aquellos que no lo sepan, existen grupos de personas que dedican gran parte de su esfuerzo a recrear una época determinada de la Historia y yo soy una de ellas.

Ya hablaremos otro día de éste tema porque hoy no es importante para nuestro cuento.

De momento solo necesitamos saber que un grupo que se dedica a la Recreación invitó a la Cuentista a la presentación de un documental para Canal Historia (Templarios). Allí coincidió con Eva, una de las recreacionistas que salen en el documental.
Eva acaba de mudarse a una casa con terreno compartido y se estaba planteando preparar un gallinero. 

Durante la conversación la Cuentista comentó y describió el que su padre había construido para sus gallinas en plan “Gran Hotel rústico gallineril”.

Unos días más tarde era el cumpleaños de Mayo, charlando un poco de todo, Mayo comentó que su suegra había preparado un gallinero con un grupo de gallinas. Por lo visto habían salido muy hacendosas y ponían huevos a montones. 

¿A cuántas personas conocéis que tengan gallinero o se lo quieran fabricar?

Pues la Cuentista tampoco y coincidieron tres en una semana. 

Mayo me preguntó si podía hacer una petición de receta para el blog porque necesitaba gastar huevos. Por lo visto su suegra obliga a todos los que entran en su casa a llevarse, como mínimo, una docenita de huevos y no pueden rehusarlos (so pena de muerte para el que lo intenta). Necesitaba una receta con huevos urgentemente.

Y no lo dudé un instante, me encanta ésta receta. Es una de esas que tenía guardadas desde antes de empezar con el blog. En casa hay fiesta cada vez que la preparo, yo os voy a explicar dos recetas distintas,  pero podéis echar imaginación y prepararlo con lo que se os ocurra.

El método clásico consiste en un huevo perfectamente cocido (yema cuajada), con un recubrimiento de salchichas frescas a las que se quita la piel. Todo ello se empana y se fríe.

Pero yo he decidido arriesgarme y plantearos un reto, el método lo he aprendido de uno de los grandes de la cocina actual inglesa, Heston Blumenthal, consiste en dejar la yema sin cuajar. Me parece una manera de prepararlos deliciosa. Reconozco que en mi inmensa soberbia, he tenido el cuajo de cambiar parte de su manera de cocinar para simplificarlo un poquito. He probado y reprobado varias veces y normalmente queda perfecto.

Uno es de salmón marinado y tronquitos de surimi.
Otro es de salchichas rojas.

Para hacerlos con la yema líquida debéis ser meticulosos con las instrucciones, pero merece la pena. Al servir el plato, cuando lo vas a comer, rompes el huevo y la yema baña todo… Una delicia. En casa me hacen la ola cuando los preparo.

De la despensa:
De salchichas rojas:



2 huevos por persona.
3 ó 4 salchichas rojas por huevo. (depende del tamaño de la salchicha que elijáis, pensad que hay que recubrir todo el huevo con una capa de ½ centímetro como mínimo
Pan rallado y huevo para empanar.
Aceite de girasol.

De salmón y surimi:




2 huevos por persona.
100 gr. de salmón ahumado o marinado por huevo.
1 ó 2 palitos de surimi por huevo.
Queso de untar tipo Philapelphia.
Pan rallado y huevo para empanar.
Aceite de girasol.

Manos a la obra:
1. Poner agua a cocer con sal.
2. Cuando rompa a hervir, echar los huevos de uno en uno con cuidado. Yo uso un cucharón de servir espaguetis.
3. Dejar cocer 3 minutos.
4. Sacar los huevos con el cucharón y echarlos en agua fría para romper la cocción.
5. Pelar los huevos y reservar.
6. Colocar en un papel film el recubrimiento que hayamos elegido, colocar el huevo en el centro y envolver con el papel film para que todo el huevo quede cubierto.
7. Quitar el papel con cuidado.
8. Pasar por huevo batido y pan rallado.
9. Si tenéis freidora... perfecto. Freír.
10. Para los que no tienen (como yo)... poner en un cazo aceite de girasol suficiente para que cubra todo el huevo, cuando esté bien caliente echar un huevo o dos (los que quepan) y freir unos 3 minutos, conviene ir moviendo el huevo para que no se queme la parte que toca el fondo del cazo.

Para los recubrimientos:
Recubrimiento de salchichas rojas:
1. Quitar la tripa a las salchichas.
2. Envolver los huevos y empanar.

Recubrimiento de salmón y surimi:
1. Picar el salmón muy fino.
2. Picar el surimi en trocitos pequeños.
3. Mezclar todo con el queso de untar hasta que quede una pasta homogénea.
4. Envolver los huevos y dejarlo enfriar en el frigorífico unos minutos para que se endurezca y se maneje mejor. Empanar.

Moraleja: Espero de verdad que a éstas alturas todavía os mantengáis despiertos y que os haya quedado algo claro, he perdido la cuenta de la cantidad de veces que la he leído y reescrito.
Es una buena receta para cenas con amigos, porque se puede tener preparado todo y freír a la hora de comer.

Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado. (POR FIN)

sábado, 17 de mayo de 2014

Érase una vez... Arte en la cocina.


Érase una vez una Cuentista que por algún motivo entremezclado con otros muchos motivos más, empezó a cocinar un buen día y poco a poco se fue enganchando a la cocina y su mundo.

Para ella cocinar en un ordenador supuso un espacio para ser solo Cuentista, un lejano país en el que poder dejar de ser, durante un ratito, madresposa responsable que trabaja. Y tan atareada con todo y con todos que un día se dio cuenta de que no tenía tiempo para ser solo ella.

Antes de convertirse en mamá Cuentista y enloquecer con el mundo de la cocina, era una persona normal con un millón y medio de aficiones, tantas, tantas, que su padre siempre decía: “te metes en tantos líos que eres aprendiz de todo y maestra de nada”.

La lectura y el cine han acompañado los pasos de la Cuentista desde siempre, la fotografía y la pintura siempre han ido justito por detrás…

Pensando en todo ello, un día se dio cuenta de que muchas de sus películas “intocables” tienen un trasfondo de comida. Porque cocinar es arte y una forma de amar, una manera de decir a los que te importan que te importan.

Para la Cuentista, cocinar para otros es buscar la manera de hacerlos felices con sabores, preparar el plato y la mesa es un arte que busca rodear a los que quieres de belleza. La comida une a los amigos, a la familia, a las personas que queremos alrededor de una mesa.

Por todas estas cosas y lo mucho que disfruto con ellas he decidido abrir una sección dedicada al arte en la cocina. Hablaré de libros, películas, objetos curiosos que me encuentro por ahí… todo ello relacionado de alguna manera con la cocina.

Ojalá os guste éste pequeño rincón de mi despensa y los ingredientes que voy a presentar. Me encantará saber vuestras opiniones sobre las películas y los libros, si las veis o los leéis. Puedo asegurar que soy la peor crítico de cine del mundo, me suele gustar casi todo.


Voy a empezar con una película muy especial para mí, me encanta la luz, el color rojo de las capas, la leyenda familiar, el local y los personajes. De Johnny Deep mejor no me pongo a hablar porque entonces no termino….

Y por supuesto me gustan sus zapatos.

Los zapatos de Vianne, los zapatos rojos. Os recuerdo que hace unas semanas escribí el cuento de mi tío, "Un plato de zapato", uno de los ingredientes principales era mi par de zapatos favoritos... 

Y colorín, colorado... ésta película ha empezado.

martes, 13 de mayo de 2014

Érase una vez... Secreto ibérico con salsa de naranja y dátiles.


La receta de hoy tiene dos ingredientes principales: El secreto ibérico y los dátiles. Y dos personajes también.

En un lejano pueblo cordobés vive un chico llamado Pedro, un óptico que lleva media vida en nuestras vidas. Pedro debe ser el nombre más repetido en la agenda de la Cuentista, por lo que el Pedro de este cuento es conocido como Pedrote.

En otro pueblo muy lejano alicantino vive un chico llamado Ángel, un óptico que lleva medio día en mi vida, pero parece que lleva toda la vida. Ángel debe ser el nombre menos repetido en la agenda de la Cuentista. Él se empeña en llamarse Gelete y me niego a que sea conocido así.

Pedrote viene de una familia de carniceros extremeña. La morcilla más deliciosa que he probado en mi vida ha salido de su casa y del jamón no pienso hacer comentarios porque me duele la vida saber que ya no lo hacen.

Ángel viene de una familia materna de panaderos granadina. Nunca he probado su pan porque hace años dejaron el maravilloso mundo de la harina, para dedicarse a otros menesteres menos harinosos y mucho más artísticos.

Hace unos cuantos años la familia de la Cuentista fue a pasar unos días al pueblo en el que viven Pedrote y parte de los suyos. Prepararon una comida familiar en el campo. Ese día la Cuentista aprendió dos cosas: A preparar salmorejo cordobés y no uno cualquiera, nooooo. El de la madre de Ana, una maravilla que no consigo igualar y no será porque no hago intentos... y lo que era el secreto ibérico.
Hoy día todos sabemos lo que es el secreto porque se puso de moda hace pocos años y ahora se puede encontrar muy fácilmente, pero en su momento no era común y para encontrarlo había que encargarlo al carnicero, eso si tenías la suerte de encontrar uno de confianza y con ganas de molestarse en buscar. La Cuentista se encontró con varios que no sabían lo que era.

Pedrote nos explicó en qué parte del cerdo se encuentra el secreto y cómo había que cocinarlo por la grasa, el tipo de carne y el sentido del corte. Perdóname por ésta receta Pedrote, no he respetado tus consejos en ésta ocasión. La receta me exige salsa...

Nos encantó. Y quiero que conste que el salmorejo pasará por aquí dentro de poco...

En la casa del campo, rodeados de nuestra segunda familia (aunque no existan lazos de sangre), en la gran terraza al aire libre, respirando el silencio de los olivares… el fresco salmorejo y el jugosísimo secreto ibérico. Una comida inolvidable, de las que te guardas en el bolsillo para siempre.

Hace unos cuantos meses, hablando de comida y bicicletas, Ángel comentó con la Cuentista que Elche está lleno de palmeras, hay tantas que cuando vas por la acera paseando y es época, vas pisando sobre una alfombra de dátiles. Ángel es un enfermo compulsivo de pedalear y me comentaba que con la bici pasaba por encima de ellos.
Siempre me han gustado los dátiles, bueno… lo que yo conocía como dátiles. Mi perspectiva ha cambiado…. En mi absoluta ignorancia jamás había probado los dátiles frescos. El sabor, la textura y el olor es increíble y absolutamente diferente. Siempre había pensado que se comen como los venden en los supermercados, unos más dulces porque llevan azúcar en el proceso de conservación y otros secos o deshidratados. 
Como curiosidad os diré que en toda Europa EL ÚNICO sitio donde es posible encontrar dátiles frescos es en Elche, porque allí se conserva un palmeral desde hace 1.300 años (hoy día es Patrimonio de la Humanidad).

Ángel vino a Cantabria hace unos meses y trajo una cestita de dátiles frescos medjoul para mis padres y otra para la Cuentista. Me gustaron tanto que quise meterlos en alguna receta que terminó siendo la que os traigo hoy.
Encargué al susodicho que me enviara otro paquete por mensajería para poder hacerla y cuando me preguntó que qué tal iba la receta… tuve que reconocer que me los había comido todos sin llegar a preparar el plato. Por lo que no quedó más remedio que enviar otro paquete más… Estoy tratando de desengancharme de ellos. Creo que al final tendré que visitar alguna clínica especializada.

La receta de hoy es la suma de todo. En casa nos gustó muchísimo la mezcla de sabores dulces, salados y cítricos. 

Por supuesto he probado a hacer la receta con dátiles "normales de supermercado" y sale perfecta. Si a mi hermano le costó encontrar cilantro para el guacamole, no quiero pensar lo que podría ocurrir si tiene que buscar dátiles frescos, lo mismo entra en un bucle de desasosiego espiritual y no conseguimos sacarlo de él.

De la despensa: (para 2 personas zamponas).


300 gr. de secreto ibérico.
1 cebolla no muy grande.
2 zanahorias.
Zumo de una naranja.
8 dátiles.
1 vasito de vino (a ser posible de Jerez).
Aceite.
Sal.

Manos a la obra:
1. Cortar el secreto en dados, salar y sellarlo con un par de cucharadas de aceite. Reservar.
2. Pochar en una cazuela las verduras cortadas en trocitos pequeños con un poquito de sal.
3. Cuando todo esté pochadito, añadimos el secreto que teníamos reservado, el zumo de naranja, los dátiles (deshuesados y cortados en dos o tres trozos) y el vasito de vino. 
4. Esperamos a que evapore el alcohol, tapamos la cazuela y cuando rompa a hervir, bajamos a fuego medio/bajo durante unos 20 minutos.
5. Sacamos los trozos de secreto y batimos todo lo que queda en la cazuela para que quede una salsa fina.
6. A disfrutar....

Moraleja: Una vez preparada y batida la salsa tenemos dos opciones:
1. Colocar el secreto en una fuente y salsear por encima....
2. Volver a echar el secreto a la cazuela y dejarlo para otro momento. Se puede calentar sin problema y queda perfecto... Si elegimos ésta opción, se puede colocar una ramita de romero sobre la carne y dejarlo así para aromatizar el plato. El romero queda perfecto.


Y colorín, colorado... ésta receta se ha acabado.

sábado, 10 de mayo de 2014

Érase una vez... Vuestras galletas.

Hoy toca una entrada de “Todos escribimos cuentos…”

Lo reconozco. Me encantan.

Éste es el segundo blog que empiezo, el primero lo publiqué hace ya más de dos años… y por supuesto no hice nada con él. Solo hice una entrada y abandoné. Tenía claro que quería que ésta vez fuera diferente. He pasado meses preparando entradas, buscando información, llevo más de 200 notas en el teléfono con temas que quiero tratar, recetas, ideas… una verdadera locura.

Me quedan muchos temas por tratar, técnicas de cocina, decoración de la mesa, el arte en la cocina (un espacio en el que hablaré de películas, libros, objetos curiosos…), cocinas especiales, ¿veis? Me estreso solo con escribir todos los temas que tengo pendientes.

Pero sin duda, ésta parte es la mejor, vuestras recetas. No imagináis lo que significa para mí que escribáis comentarios sobre lo que os parece una receta y que os lancéis a preparar lo que os planteo… Me lo tomo como un súper piropo, tanto si os gusta como si la crítica es negativa, porque significa que me leéis y si además os tomáis la molestia de cocinarlo yo lo recibo como un “me gusta la receta”, aunque luego me escribáis que no os ha gustado…

Hoy vamos a poder disfrutar todos de vuestras galletas de mantequilla y chocolate, unas galletas que hice para mi hermano. Es una receta sencilla para preparar con los peques de la familia y para mi absoluto gustazo… así lo habéis hecho la mayoría, en familia.

Aquí van las primeras fotos, lógicamente son las de mi hermano. Y no es porque Pablo tenga enchufe, en éste caso no podría ser de otra forma. Las han hecho en familia, todos han metido mano en la preparación de la receta, las caritas son cosa de mi (su) pequeña Laura y no podéis negarme que irradian felicidad. Esas son unas galletas perfectamente felices. 
Me han dicho que están buenísimas, las han hecho dos veces en tres días (por lo visto Sonia se zampó todas).

                                                           
  
 Además nos han hecho un favor a todos porque han congelado parte de la masa para hacer la prueba y ayer me dijeron que avanti con la congelación, de hecho las palabras de Sonia han sido: “la masa de las galletas se puede congelar perfectamente, están de escándalo”. La foto que viene a continuación es de las galletas descongeladas y con una preciosa forma que se ha trabajado mi hermano. Su vena artística queda patente para la posteridad en ésta imagen… ¡Qué perfección! ¡Qué alarde de exquisitez repostera!




Por aquí asoman ahora las de Silvia, bueno… las de sus hijos porque fueron ellos los encargados de preparar la masa, hacerlas y comerlas. También en familia.

Silvia es una de mis “dulceras” favoritas, hizo las tortitas, el coulis, las galletas y sé que ha hecho un curso de decoración de galletas con glasa y fondant. Es una artista y espero que asome sus consejos cuando trabajemos la glasa porque yo soy una absoluta ignorante en glaseados, no lo he tocado en mi vida. El adjetivo de Silvia para describir las galletas fue: EXQUISITAS.

Las galletas son las de la foto de abajo, esas dos caritas dulces de la foto de arriba son su par de bichejos.





Ahora llegan las de Sara, mi otra dulcera… Ya sabéis, esa que hizo las tortitas preciosamente perfectas, de libro.

Sara también me dijo que las galletas estaban riquísimas, se saltó la dieta que lleva a rajatabla desde hace varios meses por su culpa (no le vino mal, porque si sigue perdiendo peso vamos a tener que pedirle que pase dos veces a nuestro lado o que grite para poder verla).

Sara reconoce que es una forofa a la hora de preparar dulces, por aquí pasará dentro de poco un bizcocho que está de rechupete. Voy a intentar que venga a casa una tarde y lo haga para vosotros (y nosotros).

Los hijos de Sara se llaman: Hugo, Lucas y Julia… su marido se llama Sergio… ¿Quién será Juan?




La siguiente va con trampa. Las galletas las hicimos entre Patricia y yo para el día del padre. Era la primera vez que yo hacía las galletas y el resultado de la primera hornada fue un asco, demasiado cocidas… la segunda hornada fue la mitad un asco… algunas demasiado cocidas y la tercera hornada quedó decente y cuadré los tiempos por fin. Patricia se llevó unas pocas a casa y los niños las decoraron para felicitar a Pablo por la mañana.
Reconozco que no se me ocurre mejor regalo para un padre o una madre que algo hecho por un hijo con sus manitas… También os diré que Patricia se enamoró de mi rodillo y desde entonces me ando con cuidado por si desaparece.



Vamos ahora con éstas, recién preparadas… “mismamente” ayer por la tarde por mi pequeño minichef y dos de sus amiguitas: María y Noa. Mientras ellos las moldeaban, Marga y yo nos dedicábamos a hablar, mientras se las comían (la bandeja entera) Marga me enseñó a preparar un postre INCREÍBLE. Voy a deciros sólo el nombre y cuando podáis ver y preparar la receta vais a caer rendidos a mis pies: HONGO HELADO.

Pero de momento... las galletas de los bichejos:


  
Y he dejado para el último lugar las del cocinero novato. Ángel (ya sabéis, “Gelete”) el que no soporta el olor de la mantequilla (os aconsejo leer sus comentarios de la receta), las hizo el otro día y dice que están buenísimas. De aspecto están perfectas, parecen sacadas de una caja de “galletas danesas”.
Estoy escribiendo ésta entrada hoy viernes y verá la luz mañana. Me ha prometido que las iba a hacer hoy por la tarde con su retoño y que luego me pasará una foto con el resultado.
Luego os contaré si lo hace o no.
Creo que dentro de poco no podrá decir que es un cocinero novato, va a pasos agigantados hacia el éxito, en cualquier momento nos lo encontramos en Masterchef. Si es así, os puedo asegurar que las carcajadas están garantizadas.



¡Toma ya!... he aquí lo prometido. Ahora mismo sigue siendo viernes, pero son las 23:02 y tengo en mi poder la foto que ha hecho Pau, de las galletas que ha hecho Pau... Está claro que el muchacho asoma como artista galletero y fotero. Pasmá estoy ahora mismo.



Su padre será novato en el arte de la cocina, pero el hijo debe llevar a Berasategui en el cuerpo. Ya nos contarán si además han salido buenas...



Y de momento, porque ya sabéis que las entradas de "Todos escribimos cuentos..." las voy actualizando según os vais animando, colorín, colorado... éstas galletas se han acabado.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Érase una vez... Crema de queso.



Hoy quiero dedicar el cuento a una persona que llegó a mi vida a través de otra persona que llegó a mi vida a través de otra… Va por ti Juan.

Érase una vez una Cuentista con unas piernas de infarto, de infarto de corazón por los muchos problemas de circulación y varices que tenía.

Le aconsejaron que fuera a una masajista que trabajaba muy bien y que además de lo físico también trabajaba con las energías de las piedras y con las energías del cariño. Hace años que Mari Ángeles salió de mi vida y por supuesto no sabrá que hay un cuento que habla de ella y del hueco que todavía ocupa.

Durante los masajes Ángeles me hablaba muchas veces de Pepa, decía que llevábamos una vida muy parecida. Pepa es una ginecóloga de Madrid que se vino a vivir y a casarse a Santander, que vivía en una casa de piedra pegada a un río, exactamente igual que había hecho yo. Ángeles siempre me decía que quería presentarnos y ese día no llegaba nunca.

Hasta que llegó.

La Cuentista tuvo que pasar muchas peripecias para que el pequeño minichef llegara a este mundo y en una de sus estancias en el hospital mientras charlaba con Ángeles entró Pepa para hacer las visitas del día. En esas circunstancias nos conocimos, ahí coincidimos las tres. Ella se encargó a partir de ese día de mi caso.

Nos caímos bien de manera inmediata. Pepa nos invitó a su casa y ese sábado conocí a su familia. A Juan y a su hija Marta (con el tiempo llegaría Elena). 

Aunque ellos ya no ocupan la misma vida, Juan sigue ocupando la mía. Los años han ido pasando y nos han ido uniendo (aunque hablemos menos de lo que deberíamos). Nos hemos apoyado y hemos intentado ayudarnos cuando ha sido necesario.

La receta que vamos a preparar hoy me la enseñó Juan y he de decir que Juan es un cocinero estupendo y uno de los mejores padres que he conocido en mi vida. No me extraña que sus pequeñas sean maravillosas, Juan sabe alimentar su tripita y su corazón.

Ésta receta la hizo una Nochebuena que pasamos juntos porque nuestras familias estaban lejos. De esa cena salieron dos platos que sigo preparando con “relativa frecuencia”, uno lo preparó él y otro lo preparé yo.

La de Juan es una salsa de queso que al enfriar (si llega) se convierte en una crema para untar deliciosa para los amantes del queso. Probablemente es de las recetas que más veces preparo porque es un éxito absoluto siempre. He debido dar ésta receta cientos de veces.

Yo preparaba una salsa de queso mucho antes de probar la de Juan y me salía buena, pero él me enseñó a prepararla con cebolla y olé, olé y olé. Para esa Nochebuena Juan hizo unas setas en la chimenea y las salseó en caliente, para chuparse los dedos, os lo puedo garantizar. El convertirla en crema de untar fue una casualidad, un día la hice en casa, sobró y la guardé en el frigorífico para el día siguiente y cuando fui a utilizarla me la encontré sólida.

Preparad ésta receta, no dejéis pasar la oportunidad de meter a Juan en vuestra vida. Ojalá tengáis la misma suerte que yo y os llegue un poquito de su energía.

De la despensa:



                      
200 gr. de queso picón (roquefort o azul).
1 cebolla pequeña o media grande.
200 ml. de nata líquida.
Sal.
Aceite.

Manos a la obra:
1. Picar la cebolla menuda.
2. En una sartén no muy grande, echar un chorrito de aceite y pochar la cebolla con un poquito de sal.
3. Cuando la cebolla esté pochada, añadir el queso picón cortado groseramente en trozos, remover con una cuchara para que se vaya deshaciendo el queso. No os despistéis, se pega rápido en el fondo.
4. Añadir la nata.
5. La salsa irá reduciendo y espesando, probar el punto de sal y añadir un poco si fuera necesario, no suele ser necesario porque al reducir con el queso picón suele ser suficiente.
6. Retirar del fuego.
7. Guardar en un recipiente con tapa en el frigorífico hasta el día siguiente. Dura un par de semanas sin problema.


Y colorín, colorado... esta receta se ha acabado.

Moraleja: Si la usáis recién hecha como salsa para un solomillo, coged pañuelos para secaros las lágrimas de dicha.

En Cantabria el queso picón es muy común, yo compro uno que está recubierto con hojas de castaño o roble, para mí es el ideal y creo que en cualquier supermercado de España se puede encontrar, si no es así… el queso roquefort o el azul es un sustituto estupendo. 





sábado, 3 de mayo de 2014

Érase una vez... de mayo.


Como cada mes, aquí tenéis la lista de la compra para el mes de mayo. No es necesario que lo compréis todo y mucho menos de una sola vez ;P

La lista de pescados de mayo es maravillosa y vamos a intentar aprovecharla al máximo. Prometo no preparar ninguna receta con "¡Tiburón! ¡Tiburón!" "Póngame usted cuarto de aleta de escualo níveo" o "elasmobranquio carcarriniforme"  porque ha sido el cachondeo de mis círculos durante un par de semanas, (ver comentarios de la entrada de "Alimentos de abril"). 

He tenido que lidiar con todo tipo de cachondeos sobre "¿qué tipo de recetas presentas tu en el blog?" Aprovecho para decir a todos los que tenéis la paciencia infinita de leer mis cuentos y los comentarios, que no conozco personalmente a todos los que escribís y que la mayoría no se conocen entre ellos. 

Ya sois muchos los que me decís que no comentáis porque parece que los que lo hacen son todos conocidos y que los "puñales" y las ironías que cruzan el blog son personales porque nos conocemos. No es así. Todos podéis entrar al trapo y de hecho es divertidísimo hacerlo. Con el tiempo sería una idea estupenda hacer una quedada y comer (no puede ser de otro modo) todos juntos y conocernos. 

Pedazo de cuento iba a salir si se lograra hacer algún día.

Lo dicho... podéis escribir sin miedo (bueno... un poco), comentar lo que os apetezca y opinar sobre lo que se os ocurra. Me encanta leeros, no solo escribir.



De la frutería         Pescados de mar  Pescados de río
  Aguacate         Atún              Anguila
  Albaricoques         Bacaladilla              Carpa
  Brevas         Bacalao              Perca
  Cerezas         Boquerón              Salmón
  Ciruelas         Caballa              Tenca
  Frambuesas         Cabracho
  Fresas         Congrio   Pescados de piscifactoría
  Fresones         Fletán             Rodaballo
  Grosellas         Jurel             Salmón
  Kiwis         Liba             Trucha
  Lima         Merluza
  Limón         Mero
  Manzana         Palometa
  Melocotón         Pescadilla
  Naranjas         Pez espada
  Nísperos         Platija
  Peras         Rape
  Piñas         Raya
  Plátanos         Rodaballo
  Pomelos         Salmonete
  Sandía         Sardina
         Sargo
 De la verdulería         Tiburón
  Acelgas         Verrugato
  Alcachofa
  Apio
  Berenjenas
  Calabacín
  Calabaza
  Cebollas
  Cebolletas
  Espárragos
  Espinacas
  Guisantes
  Habas
  Hinojo
  Judías verdes
  Puerros
  Remolacha
  Setas
  Tomates
  Zanahorias