viernes, 22 de mayo de 2015

Érase una vez... Tomates y tomata.


Había una vez un pueblo soleado y apacible… escondido en los montes de Toledo, rodeado de huertas, viñedos y olivos.

Las casitas blancas estaban hechas de piedra encalada para que el calor del verano no entrara en el interior.

Al caer la tarde, la mujer de la casa salía con un cubo a refrescar el suelo del umbral de la puerta, una vez mojado el suelo sacaba una silla y su cesto de labor para hacer los deshilados que más tarde bordaría para hacer sábanas, manteles y servilletas de “Lagartera”, todo ello para preparar el ajuar que entregaría a su hija el día que se casara.

El pueblo del que hablo es por supuesto el de nuestro zagal y padre de la Cuentista. En su momento os hablé de ambos el día que preparé las deliciosas almejas en su jugo.

Los veranos de mi niñez están repletos de recuerdos en ese pueblo, sentada en esas sillas a la puerta de casa viendo bordar a las mujeres mientras esperaba la hora para irme a pasear con mis amigas. Comer un fresco tomate con sal allí sentada plácidamente es uno de los recuerdos que guardo…un tomate que sabía a tomate.

¿A qué otra cosa puede saber un tomate si es un tomate? Respuesta actual… A NADA.

Preciosamente redondos, rojos, todos del mismo tamaño para no afear la caja que los contiene y absurdamente insípidos, una decepción para mis preciosos recuerdos.

Hoy día se pueden conseguir buenos tomates. Para semejante misión debemos buscar o pedir a Daniel nuestro recién nombrado “Caballero de la Real Orden de la Hortaliza” que nos traiga unos poquitos de la huerta de la Dama Ana. Adoro esa huerta y las manos de su padre.

Pues bien, hoy he querido traer una entrada en la que os hablo de los distintos tipos de tomates que podemos encontrar en las tiendas y de cómo aprovechar sus características dependiendo de las cualidades de su carne.

Los tomates necesitan muchas horas de luz solar y muchos mimitos por parte del agricultor. Los frutos que permanecen más tiempo en la mata acumulan más azúcar, ácido y aroma. De ahí que los que crecen en huerta soleada y sin prisas resultan mucho más sabrosos y aromáticos.

Vamos con las pistas para saber qué tomates compramos y los usos que mejor resultado dan dependiendo de la especie…

Tomates tradicionales: Suelen ser bastante grandes, a menudo deformes, con colores variables que pueden ir del rosa al rojo y en ocasiones tienen surcos imposibles. Son los sabrosos tomates de mis recuerdos, los que me consigue el Caballero Daniel. No es fácil encontrarlos porque solo se dan en pleno verano y conviene comerlos con rapidez desde que se recolectan.

… son ideales para comer a bocados, en fresco.

Tomate de etiqueta: Se reconocen comercialmente por su nombre, por eso se denominan “de etiqueta”. Estos tomates deben cumplir una serie de condiciones especiales de cultivo para conseguir unos frutos de gran calidad. Perfectos para ensaladas o solos. A ésta variedad pertenece el tomate Raf o el Kumato.

Tomates cherry: De pequeño tamaño y muchísimos colores, formas y sabores. Deben ser duritos y consistentes al tacto, bien coloreados. El sabor es dulzón, cuanto más pequeños mejor sabor tienen. Son estupendos para aperitivos y ensaladas.

Tomate pera: Tienen una piel muy fina y son muy carnosos, resultan estupendos para conservas, salsas, sopas frías y para secar. Son los que uso siempre para hacer salmorejo.

Tomate en rama: De tamaño medio y con un color rojo muy vivo, para que aguanten más tiempo tenéis que dejarlos con el tallo y observar que la rama esté fresca y verde. Son perfectos para cocinar.

Tomate de larga vida: Aquí empezamos con mis quebrantos… son unos tomates mejorados para que aguanten en buenas condiciones el máximo tiempo posible. Es un tomate que vale “pa tó”, en mi casa no vale “pa ná”. Son muy lisitos, con un precioso color uniforme.
Por desgracia este es el tomate más consumido porque lo encontramos en todas las tiendas, todo el año y el precio suele ser más asequible… A mí me parece carísimo porque es pagar para no saborear nada.

Me guardo para el final un tomate que no se llama tomate... se llama tomata.

Esa maravillosa delicia es el más grande de la foto, el que tiene esa mancha feucha en la piel... esa preciosidad puede llegar a pesar dos kilos de maravillosa carne porque la tomata apenas tiene "placenta". 

Es un tomate típico del norte de España muy poco machacado en los mercados ya que siempre tiene esa mancha en la piel y suele tener muchas estrías. No se ve bonito y somos tan tontos que no lo compramos. Al no tener salida de mercado no se ha intentado mejorar genéticamente...

Una vez me contaron que la tomata es uno de los secretos mejor guardados de Cantabria, prefieren que nadie sepa que la tomata de Galizano, madurada con la brisa del mar Cantábrico es probablemente el mejor tomate del mundo... perdón... la mejor tomata del mundo.

Entramos en temporada de tomates y debo un agua de tomate a Sonia, de este año no pasa que se la prepare… ¡¡Es una promesa cuñá!! 


20 comentarios:

  1. Ainss mi chica, que entrada más bonita e instructiva, pero ... hoy no puedo opinar, jaja jaja, es que no me gustan los tomates, la única forma de comerlo es rallado o en pisto.

    Puedes creerte que me gusta el salmorejo y no me gusta el gazpacho ??

    Jajaja nada, una que es muuyyy rarita, que le vamos a hacer.

    Besotes y feliz fin de semana

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    1. Gracias Cris, muchas veces cuando pongo las entradas de los viernes pienso si resultarán interesantes....Todas las semanas dudo entre poner solo la de "receta" y pasar de las explicaciones.

      Algún día tengo que hacer una encuesta entre los que leen el blog para ver si merece la pena!

      Después de la tortilla de patatas y el queso... Va el tomate en mi vida!!! Y las recetas que se elaboran con él!!

      Un beso guapa

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    2. Conozco gente a la que no le gusta el tomate, o las fresas, o el queso en todas sus versiones. Qué raros son los paladares.

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  2. ¡Ay, esos tomates de la huerta palentina!
    Esperando ansiosa que llegue la cosecha de este año, para disfrutarlos y compartirlos :)

    De momento no queda otra que atragantarse con los del supermercado en todas sus variedades (acorchado, semi-acorchado, verde-corcho y corchopiel).

    Totalmente de acuerdo contigo, como mejor me sabe es recién cortado de la mata y con un poco de sal, sin más (y nada menos).

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    1. Eso digo yo Ana.... Ay esos tomates de la huerta palentina y esas manos que te cogieron de pequeña...

      Estoy deseando que lleguen a tu casa para ver si hay suerte y alguno cae en la mía :-))

      Por cierto... Tengo una cena en ciernes para que pruebes alguna cosilla. Necesito tu paladar... Me lo prestas?

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    2. Mi paladar, que es de carácter generoso, siempre está presto a probar manjares y otras cosillas. Cuando sea, pues.

      Y ten paciencia con los tomates, que caerán unos cuantos! Para ensaladas, gazpachos, salmorejos y aguas. :)

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    3. Me gusta saber que puedo contar con tu paladar....

      Y te recuerdo hoy (que ha salido el sol) que me tienes que reservar un fin de semana que no vayas a Palencia para la receta ibicenca que os quiero preparar en la cabaña!!!!

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    4. A ver si nos ponemos de acuerdo y podemos conocer vuestro paraíso pasiego :-)
      ah, yo también te puedo prestar mi paladar

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    5. Así me gusta Daniel....

      Tu paladar siempre es bienvenido, ya me has dado la pauta de las galletas del miércoles!!

      Ha ganado tu elección... Por goleada.

      :-)

      Un besooooooo

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  3. Hay que reconocer que la tomata es una verdadera joya de las nuestras, de toda la vida las hemos comido en casa aunque ahora han subido mucho de precio y salen muy caras, el año pasado me cobraron por una 5.45 euros, cierto que pesaba casi un kilo y medio.
    En casa siempre la hemos comido cortada con un chorrito de aceite y un poco de sal por encima y con una sola ya comíamos todos. Veo que habláis de salmorejo y sinceramente no sabía lo que era, he tenido que mirarlo en internet y me parece que tiene que estar buenisimo.

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    1. :-). He desvelado vuestro secreto Nando.

      Dentro de poco la gente vendrá de vacaciones y pedirá sobaos, quesada y tomatas de Galizano. Y espera a que hable de los pimientos de Isla!!!!!

      Yo también pago eso por alguna tomara y reconozco que aunque se me hace caro... Me merece la pena!

      Un beso guapetón

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    2. Por cierto.... Ten paciencia con el salmorejo.

      En casa lo preparo muchísimo, la receta me la enseñó una señora de Córdoba, en Córdoba y con ingredientes de Córdoba. La vamos a preparar dentro de poco.

      No me seas infiel!!!!

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    3. Ya pensaba yo que no iba a encontrar gazapos hasta que ha aparecido la tomara. Si yo tomara o tomase tomata, otro gallo nos cantara. Pagues lo que pagues por ella, su sabor no tiene precio.

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    4. Que conste que he visto la tara en esa palabra... he estado a punto de borrar la respuesta y volver a escribirla.

      Pero he pensado... ¡A ver si hoy se le escapa!

      Meeeec. Error.

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  4. A mi el tomate me gusta en todas sus variedades, es una de las verduras más consumidas en nuestra casa en infinidad de platos, a mí como me gusta más es a rodajas con queso fresco, sal y aceite, aunque también tengo debilidad por una tartaleta de tomates que hago, llevo tiempo sin hacerla, será cuestión de ponerme las pilas :-), claro está que como los tomates recogidos del huerto directamente no hay nada.... pero a falta de huerto bueno es el mercado payés ibicenco ^_^.
    Un beso!!

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    1. Lo comprendo Ana... Porque es mi debilidad también!!

      Mi familia adora los tomates y es una de las cosas que con más gusto se come...mi padre tiene noches que sólo cena un tomate con sal. Muchas noches.

      Yo he encontrado una receta en un cuaderno que también he encontrado moviendo cajas... Un tesoro que tengo que probar a cocinar y si sale como creo... Dentro de poco lo paseo por aquí!

      Un besazo guapa.... Háblame de tu receta cuando puedas!

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  5. Eso espero cuñá, sabes que si no,te lo recordaré hasta la saciedad...
    Por otro lado cuñá, con esta entrada me has hecho recordar uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi niñez.
    Hace muchos años, mi padre tenía un huerto en el que, además de judías verdes, cebollas, patatas etc... tenía matas de tomates. Cuando las matas daban tomates, mi padre me despertaba, cual trovador bajo la ventana, para que bajase a probarlos: "¡¡¡Sonitaaaaaaa baja, mira que tomate he cogido para ti!!!!" Me lo tomaba sólo con sal y me sabía a Gloria, era mi desayuno preferido en verano.
    En la actualidad sigue teniendo huerto, pero en lugar de llamarme bajo la ventana, me llama por teléfono para decirme que tiene tomates.
    Y por supuesto, de tal palo tal astilla, a mi pequeña le vuelven loca los tomates de su yayo. Ahora soy yo la que la llama como una cantarina para decirle que traigo tomates de la huerta del yayo.
    Gracias Cuentista por hacerme recordar.

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    1. :-) Me encanta leer eso chivilla...

      Creo que lo más bonito que he conseguido con el blog ha sido precisamente esto.

      Cocinar y las recetas está genial, pero saber que conseguimos recordar, unirnos y compartir trozos de vida es lo mejor sin duda...

      Casi puedo ver a D. Faustino llamando a esa rubita de ojos azules!!

      Gracias Sonia por hacerme partícipe de tus recuerdos.

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  6. Veo que hay mayoría tomatera en el blog, salvo alguna excepción. Y hay quórum para decir que nos gusta a bocados y con una pizca de sal.

    Nuestros padres pueden contar varias anécdotas sobre cómo conseguir tomates en el Puerto del Escudo, o mejor dicho, cómo no conseguirlos por imposibilidad meteorológica.

    Yo suelo comprar kumato, que tienen algo de sabor, aunque a veces nuestra frutera también los tiene buenos. Cuando vivía en Santander, los comprábamos en el mercado a una señora muy simpática que aún nos recuerda cuando vamos. Qué tiempos más cántabros.



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    1. De nuestros padres y la vida en el Puerto del Escudo podemos escribir varios libros de cuentos...

      El kumato es una buena opción... pero los que comprabas en "La Ciana" son para recordar siempre!!

      Y me consta que ella os recuerda todavía!!

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